
Las señales ya comenzaron.
La naturaleza, las guerras, la economía y la sociedad están entrando en una misma escalada que las profecías relacionan con una gran guerra, la gran tribulación y finalmente una intervención de Dios.
En este video veremos por qué esta escalada se acelera, cómo las crisis comienzan a vincularse entre sí y qué dicen las profecías sobre el desenlace.
Quédate porque lo que viene después de estas señales es todavía más importante.
Las distintas crisis que vemos hoy no son una simple coincidencia. Detrás aparece un patrón.
Las guerras, la crisis económica, las convulsiones de la naturaleza, la transformación social, la pérdida de la fe y las tensiones dentro de las sociedades están convergiendo y escalando.
La lectura cristiana sostiene que detrás de esa escalada actúa el maligno, impulsando la división, la confusión y el alejamiento de Dios.
Y Jesucristo ya anunció que llegarían guerras, hambres, terremotos, persecuciones y un enfriamiento de la caridad. Y las profecías marianas describen que esas señales crecerán hacia una gran tribulación en el final de los tiempos.
Una crisis tan profunda que terminará desembocando en una intervención extraordinaria de Dios para frenar la destrucción, purificar el mundo y abrir un tiempo de paz.
Lo significativo ahora es que las señales ya comenzaron a escalar y a vincularse entre sí.
Vamos a ver cuáles son las que ya tenemos delante.
La naturaleza es una de las primeras señales visibles de esta escalada.
En las últimas semanas, fuertes terremotos golpearon Venezuela y Colombia y en Nepal una ríada devastadora arrasó poblaciones, carreteras y puentes.
A esto se suman inundaciones, incendios, sequías y otros fenómenos extremos que se han visto últimamente.
Una sequía reduce cosechas y presiona los alimentos.
Una inundación paraliza rutas, producción y abastecimiento.
Un gran terremoto destruye infraestructura y obliga a movilizar enormes recursos.
Y así las convulsiones de la naturaleza comienzan a conectarse con la crisis económica y social.
Jesucristo colocó los terremotos en diversos lugares entre las señales del comienzo de los dolores y esa escalada adquiere una fuerza todavía mayor cuando entran en escena las guerras.
¿Por qué la guerra es otro de los frentes donde la escalada se hace visible?
El conflicto entre Rusia y Ucrania ya dejó de quedar contenido dentro del territorio ucraniano.
Los ataques alcanzan territorio ruso mientras Europa aumenta su participación mediante armas, financiamiento e inteligencia.
En Medio Oriente ocurre algo parecido.
La confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán trasladó la tensión hacia el Golfo Pérsico y allí se encuentra el estrecho de Ormúz, por donde circula una parte fundamental del petróleo mundial.
Un enfrentamiento militar en esa zona golpea la energía, el transporte, los fertilizantes y finalmente el precio de los alimentos.
La guerra deja entonces de ser solamente un problema militar y se convierte en un multiplicador de crisis.
Jesucristo habló de guerras y rumores de guerras dentro del comienzo de los dolores y las profecías católicas llevan décadas señalando que una gran confrontación internacional ocuparía un lugar central dentro de la tribulación.
Y la economía es el punto donde muchas de estas tensiones terminan encontrándose.
La guerra encarece la energía. La energía aumenta los costos de transporte y de la producción.
Los alimentos suben, las familias pierden poder de compra y los gobiernos acumulan más deuda para contener las consecuencias.
A esto se suma una fragilidad financiera que distintos analistas vienen advirtiendo desde hace tiempo.
Robert Kiyosaki, famoso experto económico, sostiene que el gran colapso financiero ya comenzó y que esta vez el golpe tendría alcance mundial.
Y esto se combina con que la inteligencia artificial ya está comenzando a eliminar puestos de trabajo y amenaza con acelerar ese proceso en los próximos años.
La crisis económica cierra empresas, destruye empleos y dispara protestas y esto aumenta la presión sobre los gobiernos y crecen los conflictos sociales.
Pero ahora ese problema es mayor porque estamos en pleno cambio de la arquitectura del orden mundial.
Después de la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos quedó como potencia dominante y a su alrededor se consolidó un sistema internacional que, a pesar de todas sus guerras y crisis, mantuvo durante décadas cierto equilibrio entre las grandes potencias.
Pero ahora ese orden se está modificando.
China disputa cada vez más poder económico, tecnológico y militar.
Rusia desafía directamente Occidente, India aumenta su peso y los conflictos bélicos muestran cada vez más claramente esa nueva competencia.
En Ucrania, Rusia ya se enfrenta indirectamente con Estados Unidos y Europa. En Asia, Washington y Pekín chocan alrededor de Taiwán y del control estratégico de la región.
Y en Medio Oriente se cruzan los intereses de Irán, Estados Unidos, Rusia, China y otras potencias.
Y mientras aumenta la inestabilidad, también avanza proyectos destinados a transformar profundamente la economía y la organización de la sociedad.
En 2020, el Foro Económico Mundial lanzó el gran reinicio como una oportunidad para remodelar los fundamentos de la economía y de la sociedad y vínculo esa transformación con la agenda 2030 de Naciones Unidas.
Y ahora la inteligencia artificial está acelerando el proceso.
Empresas enteras pueden automatizar tareas que hasta hace poco requerían miles de trabajadores.
Elon Musk prevé una etapa turbulenta marcada por el desplazamiento masivo de empleos y por cambios profundos en la forma de distribuir los ingresos y al mismo tiempo la riqueza, la información y la capacidad de decisión se concentran cada vez más en grandes corporaciones y grupos económicos.
Eso debilita las clases medias y consolida élites económicas, tecnológicas y culturales con una visión mayoritariamente secularizada y muchas veces contraria a los valores cristianos sobre la familia, la vida y la sexualidad.
Y a esta acumulación de crisis se suma al debilitamiento interno de las sociedades occidentales.
La familia atraviesa una crisis profunda.
La natalidad crece y crece la idea de que una vida plena se construye sin hijos. Y corrientes culturales agrupadas bajo la llamada ideología WOKE cuestionan conceptos tradicionales como la familia, la maternidad y la paternidad y la diferencia entre hombre y mujer.
El resultado es una sociedad con menos nacimientos y una población cada vez más envejecida y con más conflictos internos.
Al tiempo que las drogas y la violencia deterioran zonas de numerosas ciudades.
Barrios enteros pierden calidad de vida mientras crecen el narcotráfico, la inseguridad y la degradación urbana.
La confianza en gobiernos, medios de comunicación e instituciones políticas erosiona y eso reduce la cohesión que una sociedad necesita precisamente cuando llegan tiempos difíciles.
Y mientras ocurre este proceso interno, las migraciones modifican aún más la composición cultural y religiosa de los países.
Europa recibe una inmigración sostenida procedente de África y Medio Oriente.
Cuando esas poblaciones no se integran plenamente a la cultura de acogida, crecen las tensiones sobre la religión, la familia, las costumbres y la propia identidad europea.
Hoy este fenómeno está modificando el equilibrio cultural y religioso de numerosas ciudades y además comienza a cruzarse con la geopolítica.
Ceuta mostró cómo los movimientos migratorios pueden convertirse también en un instrumento de presión entre Marruecos y Europa y adquiere especial importancia, porque algunas profecías católicas sitúan dentro de la futura gran guerra fuertes conflictos internos en Europa, y enfrentamientos con poderes procedentes del mundo de la media luna.
De modo que las tensiones migratorias, religiosas y geopolíticas que ya aparecen en Europa nos acercan a uno de los escenarios descriptos para la gran confrontación futura.
Y detrás de esta escalada, las profecías católicas colocan una gran batalla.
Y esa acción termina expresándose en enfrentamientos entre pueblos y naciones.
Fátima anunció guerras, persecuciones y sufrimientos para muchas naciones antes del triunfo del Corazón Inmaculado de María. Y otras profecías marianas describen una gran guerra en el escenario europeo, persecución de los cristianos, convulsiones de la naturaleza y una tribulación que alcanzará el mundo entero.
Esta crisis cuyas señales ya están presentes, irá creciendo hasta un punto en que la humanidad ya no podrá detener la destrucción.
Y entonces llegará la intervención extraordinaria de Dios.
Dios frenará la escalada, producirá la iluminación de conciencia, purificará el mundo y quebrará el poder que el maligno había alcanzado sobre las sociedades.
Y después de esa purificación llegará la renovación espiritual y el período de paz anunciado por Fátima. Ese es el desenlace hacia el que según las profecías está avanzando la escalada que ya vemos en marcha.
Las crisis ya comenzaron a vincularse y a empujarse unas a otras.
Es momento de estar más apegados a Jesucristo y a la Virgen, orar y evitar el pecado para prepararnos y estar atentos a las señales que van apareciendo.
¿Y tú crees que estamos viendo el comienzo de la gran crisis anunciada?
Y que Dios te bendiga y te prepare para lo que viene.






