
Una revelación de la Virgen al padre Gobbi, contiene una clave especialmente importante para nuestra época. Que el número 666 marcaría tres grandes etapas históricas del avance del sistema del Anticristo.
Y que, en la última etapa, consolidada hace casi tres décadas, el conflicto se trasladaría al interior del escenario de la Iglesia. En este video vamos a hablar de esta visión fundamental, para comprender la erosión espiritual del mundo y del catolicismo.
Quédate, porque esto nunca se dice.
Muchos fieles católicos que no pertenecen a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X comparten algunas preocupaciones sobre la situación actual de la Iglesia.
Lo cual es totalmente independiente de la legitimidad o no para el nombramiento de obispos sin autorización vaticana, que no trataremos aquí, ese es otro tema.
Reformas aplicadas en las últimas décadas han provocado un cambio en la orientación eclesial.
Hay un giro hacia el hombre, que desplaza el eje prioritario de Dios, la salvación eterna de las almas y la vida ultraterrena.
Las reformas litúrgicas y doctrinales de las últimas décadas han generado en muchos fieles una preocupación profunda: se percibe un desplazamiento del centro en Dios hacia el hombre, con mayor énfasis en temas temporales (sociales, ecológicos, derechos humanos).
Y una presentación de la Misa más como un banquete comunitario que como un Sacrificio propiciatorio.
Esto ha llevado a una percepción de menor acento en la salvación eterna.
Y la trascendencia divina ha sido cambiada por una estructura antropocéntrica donde el hombre se ha colocado a sí mismo en el centro del santuario. Y para explicar esto los teólogos tradicionales recurren al misterio de la iniquidad simbolizado en el número 666.
Y afirman que las profecías del Apocalipsis y sus advertencias no se limitan al escenario político exterior. La argumentación teológica se fundamenta en la aparición de las dos bestias descritas en el capítulo 13 del Apocalipsis.
La primera bestia surge del mar y representa al poder político anticristiano que persigue la fe de manera abierta.
La segunda bestia surge de la tierra, posee una apariencia semejante a la de un cordero, pero habla con la voz de un dragón.
Muchos teólogos tradicionales han identificado a esta segunda bestia con el modernismo eclesiástico: una corriente interna bajo apariencia de renovación, que promueve ideas y prácticas más cercanas al pensamiento secular que a la Tradición bimilenaria. Sus efectos más visibles serían la transformación de la liturgia y ciertos cambios en la presentación de la doctrina.
Y hay un punto con la cifra 666 que cita la biblia como el número de la bestia.
En el Apocalipsis 13,18 se dice "Aquí está la sabiduría. El que tenga inteligencia, calcule el número de la bestia, porque es número de hombre. Y su número es 666".
Y si se abre el Evangelio de San Juan en el capítulo 6, versículo 66, el texto describe el momento exacto de una gran deserción, debido a la doctrina expuesta por Jesús.
En esa predicación, Cristo afirmó que para tener vida eterna era necesario comer su carne y beber su sangre. Y aquellas palabras resultaron difíciles de aceptar para la mentalidad puramente humana de gran parte de sus seguidores.
Y al negarse a aceptar el misterio de la Eucaristía, en Juan 6, 66 se dice:
“Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él”.
Y mirado para nuestra época, es la resistencia humana a la doctrina que trajo Jesús, lo cual constituye el motor espiritual del Anticristo.
Y el 17 de junio de 1989, en Milán, la Virgen María dictó al padre Stefano Gobbi un mensaje sobre el número de la Bestia: 666, y cómo ha actuado este misterio del anticristo durante tres saltos enormes en la historia.
Le dijo:
"Hoy os revelo el significado del misterio del número de su nombre: el 666. El 666 indicado una vez expresa el año 666. En este período de la historia el adversario se manifiesta a través de una corriente religiosa en el este, que niega directamente el misterio de la divina Trinidad y la Divinidad de nuestro Señor Jesús".
Este punto será clave para entender el primer ciclo.
El 666 indicado dos veces expresa el año 1332. En este período de la historia el Anticristo se manifiesta a través de un ataque radical a la fe en la Palabra de Dios, por medio de los filósofos que comienzan a dar un valor exclusivo a la ciencia y luego a la razón.
Y el 666 indicado tres veces expresa el año 1998. En 1998, según el mensaje, se completaría un proceso en el que fuerzas internas y externas trabajarían para promover una visión de la Iglesia más horizontal y adaptada a la mentalidad moderna, preparando el terreno para las mayores confusiones. Veamos cada uno.
El primer período, identificado con el año 666, coincide con la consolidación de un nuevo poder histórico, que emergió sobre territorios del antiguo Oriente cristiano.
Según esta lectura profética, aquel proceso marcaría una primera manifestación visible de oposición espiritual a Cristo. Este movimiento no se presentó como un paganismo más, sino como una ruptura teológica profunda. Su cuerpo doctrinal se distancia explícitamente del misterio de la Santísima Trinidad, rechazando que Dios sea Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Y así mismo, reduce a Jesucristo a la categoría de profeta humano y niega su condición de Hijo de Dios encarnado. Para esta interpretación profética, la consolidación de esta fuerza en torno al año 666 constituye el primer gran desafío histórico para la fe cristiana. El adversario habría iniciado así una estrategia de confusión sobre el misterio mismo de Dios, revelado en Cristo.
Y además, alterando profundamente el mapa de las comunidades cristianas originales.
El segundo ciclo de esta ofensiva histórica se manifiesta en el año 1332.
Este período se sitúa en pleno siglo XIV, marcando el inicio de la Baja Edad Media y el declive definitivo del pensamiento escolástico cristiano.
Filósofos clave de esta época, como el fraile franciscano Guillermo de Ockham, comenzaron a separar de forma radical la fe de la razón humana.
Esta corriente introdujo el nominalismo, —la idea de que los conceptos universales no existen—, afirmando que las verdades de la fe no podían ser comprendidas por la inteligencia, sino solo por la voluntad. Al independizar la razón de la Revelación divina, se sembraron las bases teóricas del racionalismo y del antropocentrismo moderno.
El hombre comenzó a ponerse a sí mismo y a su propia capacidad científica como la medida exclusiva de todas las cosas. Este sutil giro filosófico preparó el terreno para el estallido posterior de la Reforma Protestante en el siglo XVI.
Y a través del protestantismo, el espíritu de división atacó directamente la autoridad de la Iglesia, rechazando el Magisterio y la Tradición apostólica.
Y el tercer y último ciclo del 666 se cumple a las puertas del nuevo milenio, en el año 1998.
Este período representa históricamente el auge de la globalización secular y el establecimiento de un mundo hiperconectado, pero cada vez más alejado de Dios.
A diferencia de los dos ciclos previos, la acción del adversario ya no aparece principalmente desde el exterior ni a través de debates filosóficos. El proceso más decisivo consistió, según esta lectura profética, en una penetración progresiva y silenciosa dentro de las propias estructuras eclesiales, impulsada por redes de influencia externas y por sectores internos afines. La profecía sugiere que, hacia el año 1998, este entramado espiritual e histórico habría alcanzado una etapa de maduración decisiva.
El objetivo de este proceso habría sido favorecer una forma religiosa, capaz de conservar apariencias cristianas, pero vaciada progresivamente de la doctrina tradicional.
Se trata de una orientación cada vez más centrada en criterios humanos, que prepara el terreno para una apostasía generalizada. Las rupturas litúrgicas, la pérdida del sentido del dogma y el giro antropocéntrico, que vimos al inicio, aparecen dentro de esta lectura profética como signos visibles de ese vaciamiento espiritual.
La fe aparece así debilitada en su dimensión sacrificial y eucarística, repitiendo a gran escala el abandono espiritual anunciado simbólicamente en Juan 6,66.
Y así, dentro de esta interpretación, el misterio de la iniquidad quedaría preparado para una manifestación más visible, hasta llegar a la figura personal del Anticristo.
Hasta aquí la explicación que le dio la Virgen María al Padre Gobbi sobre las tres etapas del crecimiento del sistema del Anticristo, que hoy vemos consolidarse.
¿Y tú crees que ya vemos señales de un sistema del Anticristo consolidándose, o no?
¡Y que Dios te bendiga y te mantenga firme en la fe de los apóstoles!
Fuente - Imagen y textos tomados de YOUTUBE:


















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