Algo inquietante está pasando con la naturaleza. Primero, grandes terremotos. Ahora granizadas extraordinarias y deslaves.
Y varias revelaciones dicen que esto puede ser apenas el comienzo.
¿Nos está preparando Dios para algo mucho mayor?
En este video veremos por qué estas catástrofes pueden ser advertencias.
Y qué suele ocurrir después, cuando Dios llama repetidamente al hombre a cambiar.
Quédate porque todo apunta a que estas señales son la preparación, para una intervención mucho mayor. Y veremos cómo prepararnos antes de que llegue.
El viernes 28 de agosto de 2026 una violenta franja de tormentas atravesó Europa central.
Solo en el cantón de Zúrich hubo más de cuarenta heridos. La tormenta produjo además ráfagas superiores a los 140 kilómetros por hora, y alrededor de 53.000 rayos. Ese mismo día, en el norte de Italia cayeron piedras de hielo de siete y hasta ocho centímetros, aproximadamente el tamaño de una pelota de tenis. Cremona quedó particularmente golpeada.
En unos diez minutos una combinación de granizo, viento y tormenta arrancó árboles, dañó edificios y dejó más de cuarenta heridos. Y al menos diez iglesias resultaron afectadas.
Y durante aquellos días también se registraron tormentas severas en Francia y otras zonas de Europa occidental. El cielo pareció descargar, en pocas horas, una fuerza difícil de ignorar. ¿Fue un hecho aislado?
Y cinco días después, Indonesia sufrió otro terremoto todavía mayor. Provocó deslizamientos, destruyó viviendas y obligó a miles de personas a abandonar sus hogares. Y en Granada, en España, también sucedió un terremoto que dañó edificios, vehículos e iglesias.
El 20 de agosto, un terremoto sacudió el centro de Perú.
Y el 26 de agosto, Nepal sufrió el colapso de un glaciar, desencadenó enormes inundaciones y deslizamientos, que arrasaron pueblos enteros y dejaron más de mil muertos.
¿Qué está pasando?
¿La naturaleza se está volviendo loca?
No, cuando el hombre rompe profundamente el orden establecido por Dios, las Escrituras muestran que las consecuencias terminan alcanzando también a la creación.
Y en
La Salette, la Virgen llegó a relacionar directamente los pecados del pueblo, con las calamidades de la naturaleza:
“Si la cosecha se pierde, es por vuestra culpa", dijo.
La lógica es clara, el hombre rompe el orden querido por Dios.
Y llega un momento en que la propia creación comienza a mostrar ese desorden.
De modo que entonces una catástrofe debe tomarse como una advertencia.
Eso es precisamente lo que viene sosteniendo el Ermitaño de Asís.
Massimo Coppo afirma que nuestra época, ha perdido casi completamente la capacidad de leer espiritualmente, los acontecimientos de la naturaleza.
Cuando ocurre un terremoto, por ejemplo, se habla inmediatamente de placas tectónicas, prevención, reconstrucción y ayuda humanitaria.
Pero ¿qué quiere decir Dios al hombre cuando permite que su seguridad sea sacudida de esta manera?
Para explicarlo, recuerda un episodio del Evangelio, donde dieciocho personas murieron cuando cayó sobre ellas la torre de Siloé.
Jesús aclaró que aquellas víctimas no eran más pecadoras que los demás.
Pero inmediatamente agregó:
“Si no os convertís, todos pereceréis igualmente”.
Es decir, que la tragedia que golpeó a unos se convirtió en una advertencia para quienes seguían vivos. Los desastres que se acumulan deberían despertar espiritualmente al hombre y llevarlo a la conversión.
Y el Ermitaño sostiene que cuanto más se aleja la humanidad de Dios, más urgentes se volverán las advertencias. La misma idea aparece en los mensajes recibidos por Amparo Cuevas en Prado Nuevo. Desde comienzos de la década de 1980, sus mensajes hablaron de terremotos, grandes desgracias, y una purificación que alcanzaría a la humanidad.
Los mensajes recibidos de la Virgen por Amparo insisten en que, los terremotos que ocurren en distintos lugares del mundo son pequeñas advertencias.
Que anticipan acontecimientos mayores, si la humanidad continúa alejándose de Dios.
Dice que habrá una escalada. Primero llegarán señales capaces de despertar al hombre. Después, si esas señales pasan inadvertidas, las señales aumentarán. Y aparecerán terremotos de dimensiones mucho mayores, guerras, hambre y grandes cataclismos. En uno de los mensajes de enero de 1983, se le comunicó de un acontecimiento sobre la Tierra, de una magnitud nunca vista hasta entonces.
Y hoy, viendo que las advertencias se repiten, la pregunta es:
¿Está Dios dando tiempo al hombre antes de intervenir de una manera mucho más visible y decididamente?
¿Y qué elementos tenemos para responder? La Biblia muestra un patrón que se repite.
Antes de una intervención decisiva de Dios suelen aparecer advertencias.
Cada nueva plaga era una oportunidad para cambiar.
Pero el faraón cedía por un momento y después volvía a endurecerse, hasta que llegó la última:
La muerte de los primogénitos de Egipto. Y recién después de esa décima plaga, el faraón finalmente permitió que los israelitas salieran de Egipto.
Algo parecido, pero con signo contrario, ocurrió en Nínive. Dios envió a Jonás con el anuncio de que la ciudad sería destruida.
Pero los habitantes escucharon la advertencia, cambiaron su conducta, hicieron penitencia y pidieron misericordia. Y la destrucción no llegó. Las advertencias de Dios no son solamente anuncios de lo que sucederá en el futuro, sino que buscan cambiar lo que ocurrirá después. Son oportunidades para evitar que el futuro anunciado se cumpla de la peor manera.
O sea que primero llega una advertencia, después llega otra y otra.
Y solamente cuando el hombre permanece indiferente aparece una intervención mayor.
En Garabandal se anunció un acontecimiento extraordinario que alcanzaría interiormente a toda la humanidad, el Aviso. En Medjugorje se habla también de los diez secretos, que obligarán al mundo a enfrentarse con la existencia de Dios.
Y ahora acaba de aparecer un anuncio que va en esa misma dirección.
El 2 de agosto de 2026,
Valentina Papagna relató que un ángel le habló de un gran acontecimiento profético, que será transmitido y televisado para todo el mundo. Todos podrán verlo. Y todos podrán experimentarlo.
Y ese mismo día, en otro mensaje,
Jesús le habló de grandes acontecimientos que llegarán uno detrás de otro. “Uno, dos, tres", dijo. Y advirtió que la humanidad no está preparada para ellos. ¿Qué significa esto?
Que el Cielo está anunciando que está llegando el momento, en que sus advertencias dejarán de ser acontecimientos que pueden ignorarse fácilmente.
Habrá una intervención mucho más directa. Algo capaz de poner a millones de personas frente a una realidad sobrenatural. ¿Y qué hacer entonces?
Cuando las advertencias se acumulan, la reacción cristiana debe comenzar por interpretarlas correctamente. No solamente desde la explicación material de lo que ocurrió. También a la luz de las Escrituras, y de los avisos que la Virgen ha dado repetidamente en distintas apariciones.
La primera pregunta es espiritual. ¿Qué nos está pidiendo Dios que hagamos?
Y ahí viene la respuesta concreta que la Virgen repite una y otra vez:
- Vivir en gracia.
- Volver a los sacramentos.
- Confesarse.
- Recibir la Eucaristía.
- Rezar.
- Hacer penitencia.
- Reparar.
Pero también y sobre todo, no caer en el pánico. No vivir con miedo esperando la próxima catástrofe.
Después de hacer todo lo que Dios nos pide, queda una parte que ya no depende de nosotros.
Y entonces hay que aprender a decir:
“Jesús, ocúpate Tú"; abandonarse.
Que no consiste en ignorar las advertencias, sino en tomarlas en serio, sin quedar dominados por el miedo.