
Colombia acaba de sufrir el terremoto más fuerte registrado en el país durante este siglo, con grandes pérdidas humanas y materiales.
Y al investigar las profecías católicas sobre Colombia, encontramos algo inquietante:
Anunciaron grandes sacudidas para el país y algunas todavía están pendientes.
En este video reconstruimos lo que anunciaron, lo que aún estaría pendiente de suceder, las causas de fondo de estos desastres, y lo que el Cielo sugiere a Colombia.
Quédate porque esto es exclusivo.
El 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia.
El epicentro estuvo en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, cerca de la costa del Pacífico.
Hubo edificios derrumbados, viviendas destruidas y personas atrapadas bajo los escombros.
Familias perdieron sus casas y tuvieron que permanecer en las calles, mientras otras esperaban noticias de familiares que todavía estaban desaparecidos.
En Cali se derrumbaron varios pisos de un hospital, algunos destinados a pediatría.
En Pereira, bloques residenciales enteros quedaron reducidos a escombros y también sufrió daños el aeropuerto.
Y en Manizales se quebró una de las torres de su histórica catedral.
Al día siguiente se habían contabilizado al menos 164 muertos. Recemos por ellos y por los que están sufriendo.
Este terremoto fue el de mayor magnitud en Colombia del siglo XXI.
Colombia es un país de alta actividad sísmica.
Está ubicada en una región donde interactúan las placas tectónicas de Nazca, Sudamérica y el Caribe, y además forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico.
Su historia muestra terremotos de enorme magnitud.
Durante el último siglo sufrió grandes sismos en la costa del Pacífico, en la región andina y en el Eje Cafetero, algunos acompañados por tsunamis, deslizamientos de tierra y miles de víctimas.
El país ya ha experimentado terremotos capaces de producir enormes tragedias.
Y desde hace años existen advertencias proféticas sobre nuevos terremotos en Colombia.
Entre ellas aparecen las del padre Álvaro Puerta, el padre Ángel Guzmán, el padre Raúl López, el profeta Enoch, Agustín del Divino Corazón.
Ya en 1827, el padre Francisco Margallo había advertido que un 31 de agosto terremotos sucesivos destruirían Santa Fe de Bogotá, profecía que muchos relacionaron después con el fuerte sismo del 31 de agosto de 1917.
Y la vidente Lucelly recibió en noviembre de 1998 la advertencia de que habría un gran terremoto en el Quindío y sus alrededores.
Afirmó que ocurriría en la última semana de enero. Y el 25 de enero de 1999 ocurrió el terremoto, y dejó más de mil muertos.
Y Lucelly asegura haber recibido otras dos advertencias que aún están pendientes.
En enero de 2005 tuvo una visión sobre Bogotá.
Vio una parte de Bogotá hundida, especialmente hacia el sur y el occidente de la ciudad.
También vio otras zonas cubiertas por el agua y una destrucción muy grande. Y en 2010 llegó una tercera advertencia.
Dijo que Medellín sufriría un fuerte terremoto y advirtió que algunas áreas de la ciudad resultarían gravemente afectadas.
Sus visiones no se limitaron a terremotos: Lucelly también habló de un futuro vuelco de la Tierra, acompañado por grandes transformaciones geográficas, y vio un rosario extendido sobre Sudamérica como llamado a la oración.
Olivita Arias también habló de grandes terremotos en el mundo entero y, al mismo tiempo, que esa purificación alcanzaría especialmente a Colombia.
Y no estaría limitada a un solo terremoto.
Olivita habla de fuertes alteraciones de la naturaleza, que formaría parte de un proceso más extenso.
Y relaciona esos acontecimientos con una profunda crisis espiritual.
Situó esos terremotos dentro de una tribulación mucho más amplia.
También anunció los llamados tres días de oscuridad como parte culminante de esa purificación, con el oscurecimiento del sol, la luna y las estrellas, y una gran señal en el cielo.
Y poco antes de morir, en 2015, afirmó que después de su muerte comenzarían a llegar los acontecimientos que le habían sido revelados.
Y los mensajes recibidos por la vidente de la Misión IO-EROS contienen numerosas advertencias distribuidas durante años.
Dentro de sus mensajes aparecen repetidamente terremotos para Colombia.
Hay advertencias desde mediados de la década del 2000 que hablan de fuertes movimientos de tierra, destrucción, víctimas y ciudades que serían sacudidas.
En 2006, un mensaje anunció un fuerte terremoto que provocaría grietas, incendios, heridos y pérdida de vidas.
Y uno de los mensajes resulta especialmente llamativo después del terremoto actual.
El 25 de julio de 2010 se registró esta advertencia:
“Chocó se mece. Muchos sismos en el macizo”. En Chocó estuvo en el epicentro de este terremoto de 2026.
Años después, en 2017, Chocó volvió a aparecer entre los lugares donde se anunciaban numerosos sismos.
Y otros mensajes han mencionado fuertes sacudidas en distintas partes de Colombia, con destrucción y pérdida de vidas.
IO-EROS presenta en sus mensajes una sucesión de movimientos sísmicos, que afectarían diferentes partes de Colombia, a través del tiempo.
Cuando se reúnen todas las profecías sobre Colombia, aparece un dato importante.
Los terremotos profetizados no se concentran en un único lugar de Colombia.
Hay mensajes para el oeste del país, sobre la costa del Pacífico, donde ocurrió el terremoto actual.
Otros señalan el centro de Colombia, incluida Bogotá.
También aparecen advertencias para el centro-occidente de Colombia, donde se encuentra el Eje Cafetero, para la región de Medellín, más al noroeste, y para distintas zonas del sur del país.
Y no se habla solamente de terremotos. Algunos mensajes mencionan también movimientos de tierra, aguas desbordadas y fenómenos volcánicos.
Las profecías terminan dibujando una franja muy amplia del territorio colombiano, que sería sometida a fuertes convulsiones naturales.
Lucelly relacionó el terremoto del Quindío con la presencia del satanismo, y vinculó sus advertencias posteriores con la violencia, la corrupción y una degradación moral creciente.
Olivita Arias habló del alejamiento de Dios, la pérdida de la fe, el abandono de los sacramentos, y distintos pecados que, según sus mensajes, estaban llevando a Colombia hacia una purificación.
Y en IO-EROS aparecen repetidamente el odio, la ambición, la maldad y una sociedad cada vez más apartada de Dios.
Incluso la famosa advertencia del padre Francisco Margallo, sobre los terremotos que afectarían Santa Fe de Bogotá, surgió después de la profanación de la Capilla del Sagrario de Bogotá.
La explicación es que Colombia estaría atravesando una profunda crisis espiritual y moral, y las grandes convulsiones de la naturaleza formarían parte de la purificación.
Estas catástrofes buscarían hacer reaccionar a la sociedad, provocar arrepentimiento y llevar nuevamente a las personas hacia Dios.
El terremoto del 10 de agosto de 2026 fue enorme.
Pero si vemos todas estas profecías, no parece que haya cumplido todo lo anunciado.
Lucelly considera todavía pendientes sus advertencias sobre grandes terremotos posteriores al de Quindío.
Olivita Arias no habló de un único episodio, sino de una purificación más amplia de Colombia, acompañada por fuertes convulsiones en la naturaleza.
Y los mensajes de IO-EROS describen durante años una sucesión de sismos y otros fenómenos que afectarían distintas partes del país.
Porque las advertencias no se limitan a terremotos. También aparecen movimientos de tierra, aguas que se desbordan, actividad volcánica y otras alteraciones naturales.
Entonces, el terremoto actual encajaría como parte de un proceso mayor.
Y es la conclusión más inquietante de esta investigación.
Si estas profecías describen acontecimientos todavía futuros, Colombia no habría terminado de atravesar la purificación anunciada.
Lo peor todavía podría estar por venir.
Lucelly vio un Rosario extendido sobre Sudamérica como una protección espiritual sobre el continente.
Olivita insistió en la consagración a los Corazones de Jesús y María y en la reparación.
Y en IO-EROS aparece la idea de una respuesta colectiva.
Las profecías sugieren que el país no debería esperar pasivamente nuevas catástrofes, sino responder como comunidad con conversión y oración.
Las profecías hablan de acontecimientos todavía pendientes.
Pero también dicen que la respuesta está en nuestras manos: oración, arrepentimiento y conversión.
Y tú, ¿crees que el terremoto del 10 de agosto podría ser parte de una purificación mayor, no solo de Colombia?
¡Y que Dios te bendiga y te encuentre en oración!
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