
Cada 1º y 2 de agosto se ofrece una gracia extraordinaria: el Perdón de la Porciúncula.

Pero pocos conocen los milagros que confirmaron el poder de esta indulgencia. Porque el Perdón de Asís no fue confirmado solamente por la Iglesia.

También fue acompañado por apariciones, visiones y testimonios llegados desde el otro mundo.
Aquí te quiero contar qué es el Perdón de la Porciúncula, cómo obtenerlo y cuáles fueron las confirmaciones sobrenaturales de su poder.
Desde el 10 de enero de 2026 hasta el 10 de enero de 2027, la Iglesia celebra un Año especial de San Francisco de Asís, por los ochocientos años de su muerte.
Durante este tiempo, los fieles pueden obtener una indulgencia plenaria, al peregrinar a iglesias franciscanas, o a lugares vinculados con el santo, cumpliendo las condiciones habituales.
Y se ofrece el Perdón de la Porciúncula, que se concede todos los años, entre el 1º y 2 de agosto El Perdón de Asís es una indulgencia plenaria que puede obtenerse desde el mediodía del 1º de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto.
La confesión perdona los pecados y reconcilia al fiel con Dios.
Sin embargo, aunque el pecado haya sido perdonado, puede quedar una pena temporal, que debe ser purificada en esta vida o en el Purgatorio. La indulgencia plenaria remite completamente cesa pena temporal. Por eso, quien la recibe queda liberado de toda pena temporal, correspondiente a los pecados que ya le fueron perdonados.
Esta gracia puede recibirse para uno mismo o aplicarse a un alma del Purgatorio.
Para obtenerla es necesario visitar una iglesia parroquial o franciscana, rezar allí el Credo y el Padrenuestro, confesarse, recibir la Comunión, y orar por las intenciones del Papa.
San Francisco pidió esta gracia, para que cualquier pecador arrepentido, pudiera acercarse plenamente a la misericordia de Dios. Y lo hizo en una pequeña capilla que terminó convirtiéndose en el corazón de la familia franciscana.
La Porciúncula es la pequeña capilla, que está situada en la llanura de Asís.
San Francisco la encontró abandonada y la restauró con sus propias manos.
Allí reunió a sus primeros compañeros, y comenzó a tomar forma la familia franciscana.
También allí Santa Clara dejó su antigua vida para consagrarse completamente a Dios.
Y cuando Francisco comprendió que se acercaba su muerte, pidió ser llevado a aquel lugar.
La capilla estaba dedicada a Santa María de los Ángeles. Y la tradición franciscana recuerda, que en ese sitio se escuchaban cantos angélicos, y por eso la capilla quedó unida para siempre a la Virgen y a los ángeles.
Y fue precisamente allí donde Cristo le concedió a Francisco, una de las gracias más extraordinarias para la salvación de las almas.
En una noche de julio de 1216, San Francisco oraba en la Porciúncula, cuando sufrió una fuerte tentación. Y para vencerla, se arrojó sobre unas zarzas cercanas. En ese momento, las espinas desaparecieron y las plantas se transformaron en rosales. Después, una luz extraordinaria llenó la pequeña capilla. Francisco entró y contempló a Jesucristo acompañado por la Virgen María y una multitud de ángeles.
Y Cristo le preguntó qué gracia deseaba para la salvación de las almas.
Francisco no pidió nada para sí mismo. Pidió que toda persona arrepentida que visitara aquella iglesia pudiera recibir una indulgencia plenaria, o sea, quedar liberada de toda pena temporal por los pecados que Dios ya le había perdonado.
La Virgen intercedió por su petición. Y Jesús concedió la gracia, pero indicó que Francisco debía acudir al Papa para obtener su aprobación en la Tierra.
Y así nació el Perdón de Asís, por una petición realizada directamente ante Cristo, bajo la mirada de la Virgen, y rodeada por los ángeles. Y la historia sobrenatural de la Porciúncula continuó después de San Francisco. Durante las décadas siguientes, los frailes recopilaron numerosos testimonios de peregrinos, santos y religiosos, que presenciaron el poder del Perdón de Asís. Estos fueron reunidos en antiguos documentos franciscanos, especialmente en un tratado del siglo XIV, dedicado a la indulgencia de la Porciúncula. Y uno de los signos más extraordinarios ocurrió durante la noche del Perdón, ante una gran multitud de peregrinos.
En el año 1303, una gran multitud se reunió alrededor de la Porciúncula para recibir el Perdón de Asís. Durante la noche, una gran agitación se produjo entre los peregrinos. Entonces apareció una paloma completamente blanca, que dio cinco vueltas alrededor de la pequeña capilla.
Y Fray Conrado de Offida vio a la Virgen María descender del Cielo envuelta en una luz intensa, con el Niño Jesús en sus brazos. La Virgen acogía a quienes acudían arrepentidos. Y el Niño Jesús confirmaba con su bendición a todos, la gracia concedida por petición de San Francisco.
En el año 1300, Santa Ángela de Foligno llegó a la Porciúncula durante la celebración del Perdón.
La multitud era tan grande que apenas podía entrar en la capilla.
Pero al poner el pie en el umbral, quedó arrebatada en una visión.
La pequeña iglesia se volvió inmensa ante sus ojos, luminosa y de una belleza imposible de describir. Era la verdadera grandeza espiritual de aquel lugar. La capilla que parecía insignificante ante los hombres aparecía llena de gloria ante el Cielo. Y Santa Ángela comprendió que la Porciúncula contenía una gracia mucho mayor de lo que podía verse desde afuera.
Y después, las almas liberadas del Purgatorio confirmaron el poder de aquel Perdón.
Santa Margarita de Cortona oraba por una religiosa llamada Adriana, que había recibido la indulgencia de la Porciúncula poco antes de morir. Y recibió la revelación de que Adriana ya había sido liberada de sus penas, y había entrado en la gloria del Cielo.
Otro hecho ocurrió con una madre de Sicilia, que había perdido a su hijo.
El joven se le apareció y le pidió que fuera a la Porciúncula para obtener el Perdón por él.
Durante la aparición le mostró Asís, el convento, la celda de San Francisco y otros lugares que ella nunca había visitado. Y cuando la madre llegó a Asís, reconoció exactamente los lugares que su hijo le había mostrado.
Y después de recibir la indulgencia, el joven volvió a aparecer lleno de luz, anunciando que había sido liberado de sus penas y había entrado en el Cielo.
En otro caso, un grupo de peregrinos procedente de tierras eslavas viajó hasta Asís, para recibir el Perdón de la Porciúncula. Entre ellos iba una mujer, que después de obtener la indulgencia, enfermó gravemente y murió. Sus compañeros emprendieron el regreso por mar.
Y durante la travesía, la mujer apareció caminando sobre las aguas.
Todos la reconocieron. Y les anunció que Dios le permitía mostrarse para confirmar el poder del Perdón de Asís. Les dijo que había entrado en el Reino de los Cielos sin pasar por las penas del Purgatorio. Y después desapareció ante ellos.
Aquel hecho culminó esta serie de signos. La gracia pedida por San Francisco había sido concedida, y confirmada por la Virgen, por los santos y por las almas que alcanzaron el Cielo.
La Porciúncula muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios, cuando un santo pide por la salvación de las almas.
Por eso, el 1º y 2 de agosto son una oportunidad concreta y real, para obtener la indulgencia plenaria para uno mismo, o aplicarla por el alma de un difunto.
¿Y tú por quién ofrecerías el Perdón de la Porciúncula este año?
¡Y que Dios te bendiga y te permita aprovechar esta gran gracia de misericordia!
Video e imagen y texto tomados de YOUTUBE:







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