
El hombre que estuvo a un paso de ser presidente de Brasil cruzó la frontera de noche con su familia para no terminar preso.
Del otro lado lo esperaba un avión y en Estados Unidos estará bajo la protección de Donald Trump.
Esto que pasó en Brasil no se queda en Brasil porque el país con más católicos del mundo se ha convertido en el centro desde donde el comunismo se esparce por toda América Latina.
La Virgen se lo había anunciado a Brasil hace 90 años y volvió a repetirlo ahora.
Quédate porque lo que la Virgen dijo sobre Brasil implica a toda la región.
Flavio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente, ganó la primera vuelta frente a Lula. Llegó al balotage con una ventaja y las últimas encuestas lo daban ganador.
Durante buena parte del conteo fue adelante, pero a medida que avanzaba la noche, los números se dieron vuelta y Lula terminó ganando por algo más de 4 millones de votos.
Nunca en la historia de Brasil un candidato que había perdido la primera vuelta había ganado la segunda. Hubo acusaciones de fraude y esa misma noche, horas después de la derrota, el poderoso juez Alexandre de Moraes del Supremo Tribunal Federal le ordenó entregar su pasaporte en 24 horas y le prohibió salir del país.
Flavio sabía muy bien lo que significaba esa orden. No esperó y cruzó a la Argentina con su esposa y sus dos hijas y desde ahí un avión privado lo llevó hacia Estados Unidos.
Y el gobierno de Donald Trump anunció que le daría visa a él y a su familia.
El hombre que casi la mitad de los brasileños quería como presidente terminó exiliado en pocos días. ¿Cómo es esto?
Esto se venía a venir.
Flavio conocía el camino porque le sucedió a su padre. A Yair Bolsonaro primero le retuvieron el pasaporte y le prohibieron salir del país. Después vino la tobillera electrónica, la prisión domiciliaria, la condena y finalmente la cárcel.
Detrás de cada paso estuvo el mismo juez, Alexandre de Moraes.
Moraes es ministro del Supremo Tribunal Federal y desde hace años concentra sus manos las causas más delicadas contra la oposición.
Desde ahí ordenó suspender cuentas en redes sociales, allanar casas de empresarios por mensajes en un grupo de WhatsApp y hasta bloquear a la ex Twitter en todo Brasil.
Llegó tan lejos que Estados Unidos lo sancionó con una ley que se aplica a quienes violan derechos humanos.
En Brasil sigue habiendo oposición con diputados y senadores, pero cada uno sabe que si se enfrenta al tribunal puede terminar investigado y cuando un político teme ir preso por lo que dice, empieza a callarse antes de que nadie se le ordene.
Entonces, si la oposición no puede disputar el poder, el proyecto que gobierna Brasil queda sin freno y ese proyecto mira a todo el continente.
Y para entender por qué Brasil importa tanto, hay que volver a 1990.
El muro de Berlín acababa de caer, la Unión Soviética se derrumbaba y la izquierda latinoamericana se había quedado sin su gran protector.
Ese año, Lula y su partido junto con Fidel Castro fundaron en San Paulo un foro para reunir a los partidos de izquierda del continente.
Se proponían recuperar en América Latina lo que el comunismo había perdido en Europa. Y con los años, muchos de esos partidos llegaron al gobierno y Brasil con su tamaño y su dinero se convirtió en el corazón del proyecto.
Durante los gobiernos de Lula, el Banco de Desarrollo Brasileño financió obras en Cuba como el puerto de Mariel y también en Venezuela.
Era la plata de un país católico sosteniendo a regímenes que pasaron décadas cerrándole el paso a la iglesia.
Pero en los últimos años el viento cambió. La izquierda perdió en Argentina, en Bolivia, en Chile, en Perú y la derecha avanzó en buena parte de la región con el apoyo abierto de Donald Trump.
Brasil quedó como el último gran sostén de ese proyecto en el continente. Por eso esta elección era decisiva.
Si Lula perdía, el foro de Sao Pablo se quedaba sin su columna vertebral. Si ganaba el proyecto ahí en pie con el país más grande de América del Sur detrás.
Ganó Lula y la Virgen había dejado una advertencia que ayuda a entender lo que eso significa.
Les dijo que Rusia esparciría sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia.
Pocos meses después estalló la revolución bolchevique.
Rusia pasó a ser el centro desde donde el comunismo se exportó a medio planeta con dinero, armas e ideas.
Hoy ese papel en América lo cumple Brasil y el mecanismo que anunció la Virgen sigue vivo. Una nación que se convierte en centro y desde ahí irradia el error hacia las demás.
Brasil tiene el tamaño y el dinero y tiene el foro de Sao Pablo que reúne a los partidos que comparten el proyecto.
Pero hay algo que hace este caso más doloroso.
Brasil es el país con más católicos del mundo, de modo que el error se esparce desde el corazón mismo de un pueblo católico.
Y Brasil recibió avisos muy concretos del cielo de que esto pasaría.
En agosto de 1936, en un pueblito de Pernambuco llamado Cimbres, dos adolescentes vieron una figura luminosa con un niño en brazos.
Una de ellas era María Da Luz, de 14 años. La señora se presentó con un nombre sencillo, yo soy la gracia, y les dio un aviso para todo el pueblo.
Vendrían tiempos calamitosos para Brasil y tres grandes castigos, si no se hacía mucha oración y penitencia. y advirtió del peligro del comunismo en el país.
María Da Luz entró después en la vida religiosa, tomó el nombre de hermana Adelia, calló sobre las apariciones y murió en el 2013.
Y en 2024, la misma Virgen de la Gracia se le apareció a una monja Nordestina y le reveló los tres castigos no revelados por la hermana Adelia.
El primero ya está en marcha.
Un dragón que se arrastra en silencio por Brasil, que cambia de piel, pero sigue siendo el mismo de siempre y que derrama la sangre de sus hijos, el comunismo.
El segundo es una traición.
Brasil será traicionado por quienes deberían amarlo y vendrá una crisis con caos y hambre.
El tercero, que Brasil está llamado a ser luz para las naciones y si no abraza esa vocación, vendrá guerra desde adentro con revuelta hasta revueltas y la paz desaparecerá.
Y en Anguera en Bahía, la Virgen viene dando mensajes desde hace casi 40 años al vidente Pedro Régis Alves. En uno de ellos de 2007, la Virgen dice que llegará el día en que los tres poderes serán dominados en Brasil. Y enseguida agrega,
"Rezad por Brasil. Dios quiere salvaros. No os crucéis de brazos".
El mensaje significa que alguien se pondría por encima del poder ejecutivo, del legislativo y del judicial y los manejaría a su gusto.
En 2007 pocos se imaginaban algo así, pero hoy el cuadro se parece demasiado.
Un tribunal judicial que decide quién sigue en la carrera política y quién termina en la cárcel. Un congreso donde muchos legisladores miden cada palabra para no quedar en la mira y un gobierno que gana sorpresivamente las elecciones mientras su principal rival tiene que escapar del país.
La Virgen pidió rezar y no quedarse de brazos cruzados.
Ese pedido estaba dirigido a los católicos.
Pero el voto de los católicos brasileños muestra otra dirección.
En las encuestas de esta campaña se repitió el mismo dato una y otra vez.
Los evangélicos votaban en su mayoría por Flavio, mientras los católicos se inclinaban por Lula por un margen de alrededor de 60 a 40.
Y en el país con más católicos del mundo, el crecimiento de los evangélicos ha sido explosivo.
Y detrás de ese dato hay una historia larga.
Desde los años 70, Brasil fue uno de los grandes centros de la teología de la liberación, una corriente que lee el evangelio con las herramientas del marxismo.
De las comunidades eclesiales de base nacidas en esa corriente salieron muchos de los militantes que fundaron el partido de Lula.
Frey Beto, uno de sus referentes, es desde hace décadas amigo y consejero del propio Lula.
Roma lo advirtió en 1984 a través del cardenal Ratzinger y sancionó a Leonardo Boff y a otros. Pero la semilla ya estaba plantada en seminarios, parroquias y movimientos.
Y durante 40 años se fueron formando católicos que van a misa el domingo, pero que piensan la política con categorías contrarias a su fe.
A tal punto que en la recta final de la campaña Lula les pidió a los católicos que votaran a la luz de la fe y muchos lo hicieron y votaron por él.
Esa es la herida más profunda.
Y al día siguiente del balotage, el padre Oliveira compartió una visión que había tenido en el 2020.
En ella vio a la Virgen limpiando una mancha roja de la bandera de Brasil.
Para él, la mancha roja es la contaminación de las conciencias por ideologías que quieren ocupar el lugar de Dios.
Y dijo que lo más grave es que esa mancha también está en muchos católicos.
Gente con el rosario en la mano que deja que una visión contraria al evangelio guíe su manera de pensar.
Por eso dice que cambiar de presidente no alcanza. De nada sirve ganar una elección si los corazones siguen lejos de Dios.
La verdadera renovación de Brasil empieza en los confesionarios, ante el sagrario, en la educación de los hijos y en la fidelidad de los matrimonios.
Y cierra con una frase que da esperanza.
El comunismo será derrotado no solo en las instituciones, sino también en el corazón del pueblo. Pero si desde Brasil se esparce el error, también desde Brasil puede empezar la limpieza.
Brasil se ha convertido en el centro desde donde el comunismo busca extenderse por América Latina y la Virgen lo había avisado con tiempo. Y también mostró la salida que los católicos vuelvan de verdad a Dios.
¿Y tú crees que tu país está salvo de lo que hoy pasa en Brasil?
Y que Dios te bendiga y la Virgen te mantenga firme en la fe.
Fuente - Imagen, video y texto tomados de YOUTUBE:






