
En septiembre de 2018 una monja de 87 años se está muriendo, en Japón.
Un tumor en la garganta la dejó sin voz.
Un sacerdote le impone las manos y al terminar, le dice:
"Hermana, la causa de su enfermedad eran dos demonios".
La mujer a la que la Virgen confió uno de los mensajes más fuertes del siglo veinte.
El demonio le había querido quitar la voz varias veces. ¿Por qué justo a ella?
La respuesta tiene que ver con lo que está pasando hoy en la Iglesia. Míralo aquí.
Agnes Sasagawa nació en una familia budista. A los 19 años la operaron de apendicitis y un error con la anestesia la dejó paralizada.
Pasó muchos años en el hospital y la cuidaron unas religiosas católicas. Y lo que vio en ellas la llevó a pedir el bautismo.
Su salud siguió frágil y una vez estuvo diez días inconsciente.
Le dieron a beber agua de Lourdes y sus brazos y piernas, que estaban rígidos, empezaron a moverse, y despertó.
Y desde ese momento vio cómo un ángel la acompañaba en la oración.
Le enseñó a rezar el Rosario con una oración que ella no conocía:
"Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados…", la oración de Fátima.
En 1973 quedó sorda, pero aún así entró en un convento pequeño en las montañas de Akita, las Siervas de la Eucaristía.
Una monja enferma, sorda.
Así elige el Cielo: no a los fuertes, sino a los que ya aprendieron a sufrir.
Y en junio de 1973 Agnes está rezando en la capilla, y del sagrario sale una luz muy fuerte.
Y luego le aparece en la palma de la mano izquierda una herida en forma de cruz, que le sangra y le duele muchísimo.
En la capilla hay una imagen de La Señora de Todos los Pueblos, tallada en madera por un escultor budista.
Y un día las hermanas ven que la mano de la imagen también tiene una herida en forma de cruz, y sangra.
Ese mismo día, la sorda Agnes escucha una voz que sale de la imagen. Es la Virgen, que le habla.
Después la imagen empieza a sudar un intenso perfume.
Y en 1975 empieza lo más impresionante: la imagen llora 101 veces, a lo largo de seis años.
La televisión japonesa lo filmó y lo pasó a todo el país. No era una visión privada. Era una señal para todos.
Y este mensaje fue discernido como una declaración de María Corredentora, igual que en Amsterdam.
La Virgen le habló a sor Agnes Sasagawa de Akita tres veces en 1973:
La primera vez le pidió rezar mucho por el Papa, los obispos y los sacerdotes.
La segunda le dijo que muchos hombres ofenden a Dios, y que el Padre se prepara para mandar un gran castigo a la humanidad.
Y la tercera fue el 13 de octubre, el mismo día del milagro del sol en Fátima. Fue el mensaje más fuerte.
La Virgen le dijo que, si los hombres no se convierten, caerá fuego del cielo.
Que morirá gran parte de la humanidad, buenos y malos, sacerdotes y fieles, y que los que sobrevivan van a envidiar a los muertos.
Pero después vino la parte que más impresiona hoy. La Virgen le dijo que el demonio se va a meter dentro de la Iglesia.
Se verá a cardenales contra cardenales y a obispos contra obispos. Los sacerdotes que honren a la Virgen van a ser despreciados por sus propios compañeros.
La Iglesia se va a llenar de los que aceptan componendas, y muchos consagrados van a abandonar su vocación.
Y hoy, medio siglo después, vemos obispos que enseñan una cosa y obispos que enseñan la contraria.
Y sacerdotes fieles tratados como un estorbo.
Pero la Virgen también dejó la salida: rezar el Rosario todos los días, hacer penitencia y reparar.
Pero cuando Agnes transmitió ese mensaje empezaron los ataques.
Muchas veces, cuando Agnes iba a entrar a la capilla, una presencia oscura la agarraba de los hombros, y la tironeaba para que no pudiera llegar al sagrario.
Solo se liberaba cuando pedía ayuda a la Virgen y a su ángel. El demonio no quería que rezara.
Y una vez, durante diecisiete días la capilla se llenó de un perfume del cielo.
Pero de golpe en su lugar vino un olor a podrido, insoportable, durante tres días. Hasta aparecieron pequeños gusanos.
Buscaron por todas partes de dónde venía, y no lo encontraron. Las hermanas entendieron el mensaje: así huele el pecado delante de Dios.
Y el Cielo respondió, en la Misa, al momento de la consagración, Agnes vio ocho ángeles adorando de rodillas alrededor del altar.
Y cuando las hermanas iban a comulgar, vio que cada una iba acompañada por su ángel de la guarda.
Y una noche Agnes tuvo un sueño que la dejó temblando. Estaba rodeada de personas religiosas, y la presionaban para que abandonara su fe.
El que los dirigía parecía un teólogo, que le dijo que Jesús no era Dios, y le exigió que aceptara que hay muchos dioses.
Agnes le respondió firme:
"Jesús es Dios y hombre, y la Santísima Trinidad es un solo Dios".
Y en ese momento, el bastón de aquel hombre se convirtió en una serpiente, que se le enroscó en el cuerpo a Agnes, y la dejó inmóvil.
Lo único que tenía en la mano era el Rosario, y se aferró a él.
Entonces apareció el padre Yasuda, hizo la señal de la cruz, proclamó la fe en la Trinidad, y el teólogo y la serpiente se retiraron.
Y esa misma tarde, Agnes avisó que había una serpiente en una de las habitaciones del convento.
El padre Yasuda fue a ver, era una serpiente de verdad y la sacó.
Para Yasuda, eso era una advertencia de que el ataque a la fe no iba a venir de afuera, sino de adentro. De gente de Iglesia, preparada, que dirían que hay que acercarse a las otras religiones aflojando lo que creemos.
Y hoy se escucha decir, incluso a hombres de Iglesia, que todas las religiones son caminos hacia Dios, y que Jesús es uno más entre muchos.
Pero Yasuda tenía guardada una advertencia todavía más grave.
El padre Yasuda fue el confesor de Agnes durante cuarenta años, y dejó predicaciones que casi nadie leyó fuera de Japón.
En una de esas predicaciones, Yasuda dice que el último Papa va a entregar a Jesús en manos del enemigo. Y que va a llegar el tiempo de un papa anticristo. ¿Eso fue una visión de Sor Agnes? No se sabe realmente.
Lo dijo para preparar a los fieles.
En este tiempo cada católico tiene una tarea: conservar la fe y defenderla, aunque la traición venga de arriba.
Porque la Virgen en Akita anunció una batalla: cardenales contra cardenales y obispos contra obispos.
Y en septiembre de 2018 Agnes, de 87 años, se estaba muriendo.
Su médico, el doctor Ida le diagnosticó un tumor en la garganta, del tamaño de una moneda.
No podía tragar. Casi no le entraba líquido al cuerpo. Y ya no le salían las palabras.
Y la visita el padre McKay, un sacerdote que la confesaba.
Le impone las manos en la garganta y empieza una oración de sanación. Y de repente Agnes empieza a temblar.
Y cuando termina, el sacerdote le dice:
"Hermana, la causa de su enfermedad eran dos demonios. Ya se fueron. Desde ahora va a poder hablar, comer y beber normalmente".
Y Agnes, con voz clara, dijo:
"¿Me pueden dar un vaso de agua?".
El tumor ya no estaba. Desapareció por completo. Y después, Agnes hizo una pregunta:
"¿Qué quiere decir esto?".
La respuesta fue:
"Dios quiere que tu voz se escuche".
El demonio atacó la garganta, hizo cesar la voz de la mujer que avisó que él se iba a meter en la Iglesia.
Pero Dios le devolvió la voz a Agnes, para que ese mensaje se siguiera escuchando.
Al principio Agnes había sido rechazada. Cuando empezaron los hechos de Akita, la Iglesia formó una comisión para investigarlos.
Casi ninguno de sus miembros pisó el convento, juzgaron a Agnes leyendo su diario íntimo.
Dijeron que todo salía de su subconsciente. Que ella provocaba las lágrimas de la estatua con la mente.
La presionaron para que admitiera que todo era invento suyo. Y en 1981 llegó de Roma una respuesta negativa.
Agnes quedó aislada, recluida, sin apoyo, con su confesor como única ayuda.
Pasó a ser tratada como una mentirosa. Pero en 1982 Dios la premió curándola de la sordera.
Y el obispo de Akita, monseñor Ito, revisó el informe de la comisión de nuevo y encontró errores.
Juntó testigos, médicos y pruebas, y lo mandó todo a Roma.
Y en 1984 firmó la aprobación: lo de Akita era sobrenatural y digno de fe.
Y Howard Dee, embajador de Filipinas ante el Vaticano, le preguntó sobre Akita al cardenal Ratzinger, prefecto de la Doctrina para la Fe.
Y Ratzinger le confirmó que el mensaje de Akita y el de Fátima son el mismo mensaje.
El hombre que conocía el tercer secreto de Fátima nos dijo dónde mirar: Akita.
¿Y tú crees que lo que dijo la Virgen en Akita ya se está cumpliendo en la Iglesia?
¡Y que Dios te bendiga y la Virgen te mantenga firme y con los ojos bien abiertos!
Fuente - Imagen, video y texto tomados de YOUTUBE:










