EWTN / vía EWTN
11.04.23
Hace más de 70 años, Bruno Cornacchiola era un adventista que escribió un artículo contra los dogmas marianos y quiso asesinar al Papa Pío XII. Sin embargo, una aparición de la Virgen María marcó el inicio del camino que lo llevó a abrazar la fe católica.

El suceso tuvo lugar el 12 de abril de 1947. Ese día, Bruno llevó a sus tres hijos, Isola, de diez años, Carlo, de siete, y Gianfranco, de cuatro, al parque. Mientras los niños jugaban, él escribió un artículo en contra de los dogmas marianos para su comunidad adventista.
En su página web, los Misioneros de la Divina Revelación informaron que Bruno, de 34 años, trabajador del servicio de tranvías, buscaba "un lugar tranquilo para preparar el discurso que iba a pronunciar al día siguiente sobre el tema: 'María no siempre fue Virgen e Inmaculada'".
Sin embargo, al notar que los niños no regresaban, fue a buscarlos y los encontró frente a la entrada de una gruta, con las manos juntas y el rostro pálido, repitiendo las palabras:
“Hermosa Señora, Hermosa Señora”.
Cornacchiola vio a una mujer vestida de blanco, con un manto verde y una faja rosa, que sostenía las Sagradas Escrituras.
«Soy la Virgen de la Revelación. Me persiguéis. Basta ya. Regresad al redil (la Iglesia Católica)», le dijo la Virgen María a Bruno.
La experiencia transformó al adventista, quien pronto se convirtió al catolicismo y, poco tiempo después, decidió presentarse ante Pío XII para contarle la aparición que había presenciado y pedirle perdón, ya que antes de convertirse, había tenido la intención de matarlo.
«¡Aquí está la daga con la inscripción "Muerte al Papa", con la que pensaba matarte! He venido a pedirte perdón», le indicó Cornacchiola al Papa.
Al ver su arrepentimiento, Pío XII le respondió a Bruno que, al matarlo,
«Solo habrías dado un nuevo mártir a la Iglesia y a Cristo una victoria de amor». «Hijo mío, el mejor perdón es el arrepentimiento», le dijo el Santo Padre.
Cornacchiola presenció otras apariciones de la Virgen María, que culminaron el 23 de febrero de 1982, cuando la Madre de Dios le pidió a Bruno que construyera un santuario en su honor.
El Papa Pío XII permitió que se construyera una capilla en el lugar de la aparición, en las inmediaciones de la abadía trapense de Tre Fontane en Roma, cerca de la Basílica de San Pablo Extramuros.
En 1997, San Juan Pablo II aprobó que el lugar recibiera el nombre de "Santa María del Tercer Milenio en las Tres Fuentes". Actualmente, una congregación de hermanas, las Misioneras de la Divina Revelación, está afiliada al santuario.
Fuente - Texto tomado de EWTNVATICAN.COM:







