Estamos viviendo un fenómeno que parece una contradicción.
En España e Iberoamérica, las cifras de las corrientes neopentecostales se han disparado, pero al mismo tiempo en el corazón de los Estados Unidos está ocurriendo lo contrario.
Miles de jóvenes están abandonando el caos para volver masivamente al dogma católico.
¿Por qué nosotros estamos perdiendo lo que ellos están descubriendo con desesperación?
En este video analizaremos las consecuencias espirituales y materiales que tiene en tu país este cambio.
Y quédate hasta el final porque verás cómo influye desde tu economía hasta tu salud mental.
El catolicismo fue el motor que creó la cultura de América Latina y España. Sin embargo, hoy los datos muestran un retroceso de la fe católica. En 1970, el 92% de los iberoamericanos eran católicos. Hoy la cifra ha bajado el 66%.
Y en 1978, cerca del 90% de los españoles se declaraba católico, mientras en 2024 la cifra cayó hasta el 52%.
Este espacio lo están ocupando grupos evangélicos neopentecostales con un crecimiento explosivo que va asociado a la adopción de una visión individualista ajena a la tradición católica.
Pero mientras el sur retrocede en Estados Unidos se registra la tendencia contraria, genuina y no por inmigrantes.
Veamos en más detalles las consecuencias de todo esto.
La identidad de lo que hoy llamamos hispanidad nace en 1492 con la toma de Granada y la unidad de los Reyes Católicos. En ese tiempo, Europa se estaba rompiendo en pedazos por la reforma protestante y España tomó el camino contrario y se convirtió en el valuarte de la unidad espiritual bajo la fe católica.
La fe funcionó como un sistema de defensa que permitió a España proyectarse hacia el exterior sin perder su cohesión interna.
Y el descubrimiento de América fue una operación de expansión de la civilización cristiana en un momento donde el resto de las potencias solo pensaban en el saqueo.
Esto creó un bloque cultural sólido que se extendió por tres continentes y que resistió durante tres siglos.
La unidad de la fe fue el pegamento que permitió que un gallego, un andaluz y un trascalteca se entendieran bajo los mismos códigos morales.
España no fundó colonias en el sentido anglosajón del término, sino que fundó reinos y provincias.
Mientras Inglaterra y Holanda creaban factorías comerciales para extraer recursos y luego marcharse, España construía ciudades.
En 1551 se fundó la Universidad de San Marcos en Lima y la de México casi un siglo antes que Harvard en el norte. Se fundó una red masiva de hospitales, misiones y escuelas.
Las leyes de Indias de 1542 son el primer cuerpo jurídico en la historia que reconoce a los nativos como súbditos de pleno derecho.
Estas leyes prohibían la esclavitud de los indígenas y fomentaban el mestizaje a través de los matrimonios mixtos, lo que produjo una civilización biológicamente mestiza que es única en la historia de la humanidad.
Y el contraste con el modelo anglosajón es absoluto, porque allí el nativo era visto como mano de obra, mientras en las misiones jesuíticas y franciscanas se enseñaban artes y oficios integrando a las poblaciones locales en la economía, en la cultura y en verdaderas comunidades.
Esta estructura civilizatoria permitió que Iberoamérica tuviera un nivel de vida y una estabilidad superior a muchas regiones de Europa durante el período virreinal.
Pero ante este éxito, las potencias protestantes europeas crearon y difundieron la leyenda negra, presentando a la civilización española como un monstruo de fanatismo y crueldad, exagerando las cifras de la Inquisición y ocultando la actuación mucho más severa y sistemática que ejecutaron las potencias del norte.
Mientras los de la escuadra y el compás sembraban el desprecio por la herencia española y católica y convencieron a las élites criollas de que el progreso solo llegaría si abandonaban la oscuridad del catolicismo y abrazaban el modelo liberal anglosajón.
Y así las revoluciones de la independencia atomizaron el continente en naciones débiles y enfrentadas entre sí. Y permitieron que el capital extranjero y las logias pasaran a controlar la economía de los nuevos países mientras la población perdía su brújula cultural y su sentido de comunidad.
Y luego en el siglo XX el catolicismo en América Latina se vio atrapado en una pinza geopolítica entre las dos grandes superpotencias. Según el análisis de Juan Manuel de Prada, la U.R.S.S. impulsó la teología de la liberación tratando de convertir a los sacerdotes católicos en cuadros revolucionarios marxistas.
Mihai Pacepa, el desertor de más alto rango de la inteligencia soviética, confirmó que Moscú moldeó esta doctrina para desestabilizar el patio trasero de Estados Unidos.
Se buscaba vaciar el mensaje del evangelio de su contenido sobrenatural para sustituirlo por una lucha de clases puramente materialista.
Y documentos históricos como el del informe Rockefeller en 1969 advirtió que la Iglesia Católica ya no garantizaba la estabilidad en la región.
Y a partir de los años 70 diversos organismos de inteligencia estratégica y fundaciones norteamericanas facilitaron el desembarco masivo de misiones pentecostales.
Y gobiernos dictatoriales de la región apoyaron este avance. Mientras Roma bajo el mando de Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger tuvo que intervenir para frenar la deriva marxista católica.
Y en apenas 50 años la región ha pasado de ser 92% católica al 66%.
Este avance de los grupos evangélicos neopentecostales actúa como un ácido que disuelve el tejido social tradicional.
La fe católica daba sentido a la comunidad local y la familia extendida, vinculado a la parroquia y al santo patrón.
Pero los evangélicos rompen este vínculo tildándolo de idolatría.
El ataque sistemático a la Virgen María no fue solo una cuestión teológica, sino una estrategia de ingeniería social para destruir el símbolo de unidad del continente.
Al eliminar a la Madre de Dios se eliminaba el puente cultural que unió a indígenas y españoles durante tres siglos.
Pero además fue un golpe directo a la estabilidad económica y emocional de las comunidades.
La familia extendida era el seguro de vida gratuito y la red de contención ante la angustia.
Y al fragmentarse este tejido, las personas quedaron solas frente a un sistema que solo te valora por lo que produces.
Si te enfermas o sufres una crisis, ya no tienes a tu comunidad detrás para sostenerte.
El auge de estos grupos ha traído consigo la teología de la prosperidad, que es una perversión del mensaje evangélico original.
Esta doctrina enseña que la riqueza material y la salud física son los únicos signos reales de que una persona cuenta con el favor de Dios.
Se sustituye el valor del sacrificio y la caridad católica por una ambición individualista que sacraliza el éxito económico a cualquier precio.
Es una visión calvinista donde el pobre es visto como alguien que no tiene fe o que está bajo una maldición divina.
Esto destruye la ética del trabajo con sentido social y la sustituye por una mentalidad de consumo inmediato y competencia personal y destruye el sentido de comunidad.
El diezmo se presenta como una inversión para obtener retornos financieros mágicos e individuales y de hecho produce pastores millonarios.
Y el resultado es un creyente que ya no busca la santidad sino la prosperidad material personal, que facilita su manipulación por intereses políticos y económicos.
El ejemplo más extremo es el de Edir Macedo y su Iglesia Universal de Reino de Dios fundada en Brasil.
Macedo ha construido un imperio mediático y financiero que incluye bancos, canales de televisión y un partido político propio.
Y esto que sucede en América Latina también ha llegado a España. En 1978 el 90% de los españoles se declaraba católico, mientras que hoy la cifra ha bajado drásticamente al 55%.
Este desplome es más agudo entre los jóvenes, donde los católicos apenas llegan al 20% de la población.
Hoy existen en España más de 4.300 lugares de culto evangélico registrados oficialmente.
En ciudades como Madrid o Barcelona se abre un nuevo centro de culto evangélico cada pocos días ocupando naves industriales y locales de barrio.
Esta red ya cuenta con más de 1.5 millones de asistentes regulares, cuyas edades contrasta con el envejecimiento de los católicos, mientras el Estado facilita este avance mediante leyes de libertad religiosa que financian estructuras ajenas a la tradición histórica española.
Pero mientras estos grupos avanzan en tierras hispanas, el mundo anglosajón está redescubriendo el catolicismo.
En Estados Unidos están reportando números récord de adultos entrando en la Iglesia Católica.
En algunas jurisdicciones ha llegado al 100% respecto a la década anterior. Lo más relevante es el factor generacional, porque la generación Z estadounidense, que hoy tiene entre 14 y 29 años, es la primera en 50 años que rompe la tendencia al ateísmo.
Estos jóvenes están rechazando el modelo de religión de entretenimiento de los grupos protestantes y buscan la solidez del dogma.
Y por primera vez el crecimiento del catolicismo ya no depende de la inmigración hispana, porque el catolicismo está cayendo entre los latinos de segunda y tercera generación.
Y en Inglaterra el anglicanismo se está desmoronando, mientras el catolicismo vuelve a ocupar el centro de la vida espiritual.
Por primera vez desde la reforma protestante del siglo XVI, ahora hay más católicos que anglicanos practicantes los domingos en los bancos de las iglesias.
Hasta aquí cómo los protestantes han operado para crecer en el mundo hispano e imponer sus valores individualistas frente al espíritu de comunidad católico y se ha acelerado en las últimas décadas a través de la teología de la prosperidad de los neopentecostales.
Mientras que paradójicamente el mundo anglosajón está redescubriendo el catolicismo, lo cual es un llamado a los católicos iberamericanos y españoles para tomar conciencia de nuestros valores éticos y civilizatorios y defenderlos con más fuerza.
¿Y dónde tú vives han crecido los grupos evangélicos o no?
Y que Dios te bendiga y te dé la comprensión de los valores de la civilización católica.
Video tomado de FOROSDELAVIRGEN en YOUTUBE:







