
Algo cambió en la década de los ’60 del siglo XX. Es notorio.
Pero ese cambio rápido en el mundo y en la Iglesia, que hemos visto a partir de ahí, ¿fue una acumulación de hechos aislados, o hubo un diseño detrás, con sus operadores?
En los años ’60 comenzó el decidido proceso de ingeniería social, que se ha acelerado en nuestros días, buscando liquidar los pilares de la civilización occidental, de base cristiana.
En este video vamos a revelar las 5 etapas que ha tenido este proceso, y en qué estamos ahora.
Y quédate hasta el final, porque verás quiénes han operado este plan, y cómo resistirlo.
Hay demasiadas coincidencias que nos indican que no estamos ante una evolución natural, sino ante un plan deliberado, que opera por encima de las naciones. El objetivo es anular tu voluntad, para que el sistema tenga el control total sobre tus decisiones y tu conciencia. Y hemos podido ver que ha sido en un plan de 5 fases.
En la Fase 1 hubo una infiltración en las instituciones, para confundir, haciendo que lo que antes estaba claro ahora pareciera relativo o dudoso.
En la Fase 2 provocaron una explosión cultural, que convenció a las personas, de que la libertad consiste en seguir cualquier impulso sin medir las consecuencias.
En la Fase 3 se destruyó el sentido de pertenencia a la nación y a la familia, para que el hombre se sintiera solo, y tampoco mirara hacia Dios.
En la Fase 4 el sistema impuso el uso de sistemas y redes sociales, para rastrearte y decidir qué información debías ver.
Y hoy estamos en la Fase 5, donde se utiliza el miedo a las crisis, para que la gente acepte obedecer cualquier orden, y entregue sus libertades sin protestar. Veamos todo esto en detalle.
Antes de la irrupción de los años 60, la sociedad occidental caminaba sobre un terreno aparentemente firme. El ritmo de la vida era predecible, los valores se transmitían de forma orgánica, y el cambio se percibía como una evolución, no como una ruptura. Sin embargo, esa calma era el silencio que precede a la tormenta. La década de los '60 fue el momento en que el motor de la historia se aceleró de forma veloz. Esta aceleración no buscaba mejorar el sistema existente, sino demolerlo, para construir una realidad nueva sobre sus cenizas.
Y se hizo evidente un ascenso acentuado del mal, que dejó de actuar en las sombras, para presentarse como una fuerza liberadora. Lo dicen los exorcistas.
En esta etapa de los años ’60 el plan fue el desmantelamiento intelectual de la noción de Verdad absoluta. Durante décadas, se había trabajado en una siembra ideológica silenciosa, que penetró las raíces mismas de la cultura.
Intelectuales vinculados a la Escuela de Frankfurt, diseñaron la "Teoría Crítica", para socavar cada pilar de la civilización occidental.
Siguiendo las tesis de Antonio Gramsci, entendieron que para destruir al cristianismo no hacía falta una revolución armada, sino una captura cultural.
Infiltraron las universidades, las cátedras de arte y los medios de comunicación, para cambiar la forma en que el hombre percibía la realidad.
El marxismo cultural desplazó el foco de la economía hacia la moral y la familia, presentando la estructura tradicional como un sistema de opresión. Y en la Iglesia, este período coincidió con el Concilio Vaticano II, un tiempo donde la ambigüedad fue utilizada, para introducir el secularismo en el sagrario.
Muchos seminarios y órdenes religiosas abrieron sus puertas a corrientes filosóficas, que priorizaban el bienestar social, por sobre la salvación de las almas.
Pero en Garabandal la Virgen alertó del mal camino, por el que iba la Iglesia, y sobre castigo por la apostasía. La fase siguiente fue la demolición de la estructura moral tradicional y la autoridad natural. El emblemático mayo del '68 de París no fue una protesta estudiantil aislada, sino el estallido de un odio profundo, contra la idea de paternidad y tradición.
Se impuso la idea de que nadie tiene derecho a poner límites, haciendo que la gente creyera que podía hacer lo que quisiera, sin hacerse cargo de las consecuencias. El gran éxito de este período fue la revolución sexual, que logró separar el acto sexual, de la apertura a la vida, y del compromiso permanente.
Al transformar al ser humano en un esclavo de sus instintos, se anuló su capacidad de sacrificio por ideales superiores. Y cuando cayó el muro de Berlín en 1991, el mundo creyó que el mal del comunismo había sido derrotado.
Pero la realidad fue que el marxismo murió, pero su alma cultural materialista y atea, ya había colonizado el estilo de vida occidental. Y en la Iglesia, se vivió una "hemorragia" de vocaciones, y una crisis de identidad sin precedentes. Por ejemplo, la Teología de la Liberación intentó reducir la figura de Cristo a un líder revolucionario, vaciando la fe de su sentido sobrenatural.
Luego vino la fase de la creación de un individuo sin raíces, sin patria y sin memoria.
En el 2008 el sistema aprovechó la crisis financiera mundial, para quitarle el poder a los países, y dárselo a los organismos internacionales.
La globalización no solo fue comercial; fue también un mecanismo para uniformar el pensamiento, y borrar las identidades nacionales.
Se pusieron en marcha las migraciones masivas, para alterar la matriz cultural de las naciones cristianas. Y al diluir la identidad de los pueblos, se eliminó la resistencia a los planes globales. Se impuso un modelo de vida basado en el consumo inmediato, donde la trascendencia fue reemplazada por la comodidad material.
Y en la Iglesia, el relativismo penetró profundamente, y la institución se vio cercada por escándalos, que minaron su credibilidad. La voz de la Iglesia, que antes marcaba el rumbo moral del mundo, comenzó a ser ignorada, o presentada como un obstáculo para el progreso humano.
La siguiente etapa fue la del control absoluto de la atención y la voluntad del individuo.
Con la llegada de los teléfonos inteligentes y las redes sociales, se logró la colonización de la atención, impidiendo que el hombre moderno cultivara el silencio necesario, para la vida interior. El algoritmo sustituyó al libre albedrío, dirigiendo los deseos y las opiniones de las masas, de forma invisible.
Y surgió la "cultura de la cancelación", un sistema de linchamiento digital, para purgar a cualquier disidente del pensamiento único. La compasión fue manipulada y convertida en una herramienta política, para imponer agendas ideológicas radicales.
Durante estos años, se aceleró el ataque contra la infancia, normalizando la confusión de identidad, desde las etapas más tempranas de la vida. Y en la Iglesia se profundizó la división interna y la confusión doctrinal. Muchos fieles se sintieron huérfanos, ante una jerarquía que parecía más preocupada por los temas ambientales o sociales, que por la defensa del dogma. Y luego vino la fase actual, de la aceptación de una entrega voluntaria, a cambio de una falsa seguridad.
El hito fundamental fue la pandemia de COVID-19, que funcionó como un laboratorio social a escala planetaria. Demostró que es posible paralizar al mundo, cerrar los templos, y controlar cada movimiento del ciudadano mediante el miedo y la tecnología.
Y a este escenario de control se le han sumado los conflictos en Ucrania y Oriente Medio. Que buscan generar un estado de shock permanente, de escasez de recursos y una justificación para reestructurar el mundo. Y estamos ante la preparación de un sistema transhumanista, donde la Inteligencia Artificial y el control biológico anulen la imagen de Dios en el hombre. Y en la Iglesia, la jerarquía aparece paralizada por una sinodalidad controvertida, sin planes alternativos, y con las amenazas de cisma.
Mientras hay indicios de una revitalización de las conversiones, pero que no arriban a los templos por las vías institucionales, sino por las redes.
¿Y ante todo esto que hemos analizado, quienes están detrás del plan?
Las élites tecnocráticas y los organismos internacionales. Ellos diseñan las políticas que anulan las soberanías nacionales, para gestionar a la población como una masa dependiente. Este poder se sostiene sobre estructuras financieras transnacionales, que controlan el capital y la infraestructura digital del mundo.
Sin embargo, el motor más profundo de este proceso no es material, sino que responde a entidades preternaturales. Estamos ante una guerra espiritual, que el objetivo final es el borrado de la civilización impulsada por Dios.
Reconocer esto, es el primer paso para comprender donde posicionarse.
La verdadera resistencia no pasa por una reacción política, sino por la decisión consciente, de no permitir que el sistema gestione tu propia alma. La victoria de este sistema depende de tu ignorancia.
Y por eso el primer acto de rebeldía es mantener la mirada fija en la Verdad.
Cada persona debe elegir si quiere ser un número en el algoritmo, o un hijo de Dios en medio de la tormenta.
Hasta aquí el proceso de remodelación del mundo, para salir del cristianismo, que está decididamente activo, en las últimas 6 décadas y media.
¿Y tú, crees que lo que relatamos es solo la acumulación de una serie de hechos fortuitos o hay realmente un plan atrás?
¡Y que Dios te bendiga y te mantenga con la mirada fija en la verdad!
Video y textos tomados de FOROSDELAVIRGEN.COM:






