
Estamos viendo un despliegue de violencia en el mundo sin precedentes. Los destrozos de las guerras en Irán, Gaza, Ucrania no los habíamos vistos desde la Segunda Guerra Mundial.
¿Por qué las guerras actuales parecen diseñadas para ser interminables y cada vez más crueles?
En este video te vamos a contar la táctica de los demonios de realizar un ritual a gran escala para anular nuestra capacidad de razonar a través de operar obsesionando a los líderes mundiales.
Y quedate hasta el final porque verás cuál es la realidad política mundial que los demonios quieren evitar y cuál es el plan B que tienen si fallan.
Los exorcistas están diciendo que los demonios están teniendo cada vez más poder. Y hoy estamos viendo un despliegue de violencia en Ucrania, Gaza, Irán, Líbano, etcétera, que no responde a la lógica militar tradicional de tomar territorios y gobernar.
Estamos ante un millón de muertos y destrucciones masivas de ciudades e infraestructuras.
Es la táctica de la carnicería utilizando los conflictos para maximizar el sufrimiento de las poblaciones.
Una forma de sacrificio humano a gran escala en pleno siglo XXI.
El objetivo es generar un nivel de trauma y odio tan profundo que la capacidad de razonar de los pueblos quede anulada y que la sangre derramada alimente una atmósfera de discordia que se vuelve imposible de frenar.
Esta carnicería no es un error de los generales, sino una decisión consciente de las élites gobernantes para que no haya retorno hacia la paz.
¿Qué es lo que los entes preternaturales necesitan para operar en nuestro mundo?
El exorcista, padre Chad Ripperger, explica que lo que estamos viendo es algo de cúpulas políticas.
Los demonios no necesitan poseer a cada ciudadano para controlar a un país entero y llevarlo a la guerra.
Se enfocan exclusivamente en las cúpulas del poder, porque existe una regla espiritual donde el que ostenta la autoridad legal sobre un grupo tiene la capacidad de abrir o cerrar las puertas a la influencia preternatural.
Cuando un líder político firma un decreto o toma una decisión soberana, está actuando como el representante legal de millones de personas.
Y si ese líder actúa bajo la influencia del mal y permite leyes que contradicen el orden natural, está entregando el derecho legal de su nación a los demonios.
Así, por ejemplo, líderes europeos destruyen su propia energía al volar el gasoductuto Norstream o su industria por los requisitos de la economía verde o a la ideología woke con decisiones que no benefician a la mayoría de su pueblo, sino a la entidad que los capturó.
Las potencias actuales parecen actuar de forma irracional y contra sus propios intereses porque sus líderes están entregados a las estrategias de los demonios.
Y una vez que la autoridad está capturada, la nación entera queda vulnerable a plagas, crisis económicas y guerras.
El mecanismo más frecuente de la manipulación es la obsesión demoníaca directa sobre el pensamiento y la imaginación de los líderes.
Un bombardeo constante de ideas que terminan nublando la virtud de la prudencia, donde la soberbia es el punto de apoyo principal para este ataque.
Al líder se le inyecta la idea de que es el único capaz de salvar a su nación o de que su poder es absoluto.
Y bajo este nublamiento, el gobernante empieza a ver enemigos donde hay aliados y oportunidades estratégicas donde hay trampas mortales.
Las decisiones que vemos hoy en el tablero internacional son el resultado de una presión psicológica preternatural que impide al líder considerar las consecuencias a largo plazo.
Lo vemos claramente en la guerra contra Irán.
Y el miedo es la otra gran herramienta para nublar el juicio. Se induce un estado de paranoia al líder que siente que debe atacar primero con misiles para no ser destruido.
Y hoy existe un enorme engaño respecto a los alineamientos en las cúpulas mundiales.
Mientras naciones como Rusia y China mantuvieron un desarrollo nacionalista y vertical para proteger sus intereses nacionales, Occidente sufrió una transformación radical. El capital financiero transnacional logró ser hegemónico a través de la operación de organizaciones como el Foro de Davos y las redes de los Rothschild y Soros, la ONU, etcétera.
Este proceso dio origen a lo que hoy conocemos como el partido único globalista con base en las corporaciones, una estructura donde los partidos de derecha y de izquierda en cada país son solo una fachada que obedece a las mismas finanzas internacionales.
Y para consolidar este control absoluto se diseñó la cultura woke a través de la ideología de género, el multiculturalismo, las migraciones, armas de ingeniería social creadas para fragmentar la identidad familiar y destruir los valores cristianos que daban cohesión a Occidente.
Sin embargo, este dominio se rescabrajó objetivamente con la irupción de Donald Trump y su plataforma de retorno de la industria y la soberanía nacional en Estados Unidos.
Y además hoy el mundo que conocimos después de la caída del muro de Berlín ha dejado de existir y la era de la unipolaridad donde Estados Unidos dictaba las reglas globales de forma absoluta ha terminado.
Washington ya no tiene la capacidad económica ni militar para sostener el papel de policía del mundo.
Mientras el Partido Único Globalista ha vaciado la industria de las naciones occidentales y las dejó vulnerables ante el avance de Rusia y China. Esta pérdida de poder de Estados Unidos no es un proceso pacífico, sino un repliegue forzado por las potencias emergentes de los bricks.
Y ahora el sistema financiero transnacional se enfrenta a un mundo multipolar donde ya no puede imponer su voluntad mediante sanciones o amenazas.
Este repliegue de Estados Unidos es lo que ha desatado los incendios en las fronteras de las nuevas potencias.
Cada guerra que vemos hoy es una disputa por definir dónde termina la zona de influencia de un bloque y dónde empieza la del otro.
La multipolaridad es la aceptación de que el imperio globalista ya no puede controlar cada rincón de la Tierra desde un solo escritorio.
Pero debajo de la retórica de las guerras actuales existe paradójicamente un nivel de coincidencia racional que los medios de comunicación nunca mencionan.
Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping coinciden objetivamente en la visión estratégica de desmontar el poder globalista para asegurar su área de influencia.
Pero el punto en Estados Unidos es cómo hacerlo sin que la nación pierda demasiada influencia y por ahí se introduce el conflicto.
Esta posible coordinación entre soberanistas que tienen intereses objetivos comunes es el mayor peligro para el plan de las entidades preternaturales.
Porque si los líderes de las potencias logran cooperar, el caos planificado se detendría.
Por esta razón, el mundo espiritual maligno está operando para dinamitar este puente de entendimiento antes de que sea demasiado tarde y tratan de forzar a estos líderes a enfrentarse entre sí para que se destruyan mutuamente en lugar de destruir al globalismo.
Y el tablero de Irán es el punto central donde la alianza de los soberanistas está siendo dinamitada.
Los demonios han detectado que si Trump, Putin y Xi consolidan su acuerdo, el globalismo morirá. Entonces, para evitarlo, han activado el sabotaje preternatural, utilizando la propia soberbia nacionalista como detonante.
Los demonios inyectan en la mente de los líderes la idea de que cualquier gesto de paz sea interpretado como una muestra de debilidad extrema.
A Trump se le presiona con el honor de Estados Unidos o pérdidas económicas y de poder irreparables y la necesidad de golpear fuerte para no parecer un traidor ante sus bases o que se pliegue a las demandas de Israel.
Y a Putin y Xi se les convence de que si no defienden a Irán con fuego, su credibilidad como líderes mundiales desaparecerá.
Es así como la soberbia desplaza a la estrategia y el cálculo racional es sustituido por la pasión del combate.
La desconfianza sembrada es tan profunda que ya nadie se atreve a creer en la palabra del adversario.
Y si se consolidan los bloques en un mundo multipolar, ¿no tienen los demonios un plan B?
Sí lo tienen, una estructura de seguridad en cada bloque basada en la vigilancia biométrica y la digitalización completa de la vida humana. Bajo la narrativa de evitar una nueva guerra nuclear, se pedirá a los ciudadanos que renuncien a su soberanía individual.
El sistema de crédito social y las monedas digitales serán las herramientas para asegurar que nadie pueda rebelarse contra este nuevo orden.
Y quien no acepte las condiciones de esta falsa paz, quedará excluido del acceso a los recursos básicos y a la protección del Estado.
Cómo los demonios están operando para impedir que el mundo se pacifique y se pase a un mundo multipolar con cada potencia manejando su área de influencia.
¿Y tú crees que de aquí al fin de esta década cada potencia manejará su área de influencia o crees que estos conflictos se mantendrán más allá de esta década?
Y que Dios te bendiga y te permita ver las señales de los tiempos.
Fuente - Texto y video tomados de YOUTUBE:






