El reciente énfasis en distinguir entre bendiciones "formales" e "informales", como se menciona en Fiducia Supplicans, ha generado una gran confusión entre los fieles.
Obispo Joseph E. Strickland
Viernes 24 de abril de 2026 - 1:53 p.m.EDT
Nota del editor: Esta declaración del obispo Joseph Strickland fue publicada en su cuenta de X. LifeSiteNews la reproduce con su autorización.
( LifeSiteNews ) — Pregunto de nuevo, ¿estamos pensando con la mente de Cristo... o con la mente del mundo?
En respuesta a los recientes comentarios sobre las prioridades morales y la bendición de quienes viven en uniones irregulares, ofrezco esta aclaración para el bien de los fieles.
La Iglesia, a quien se le ha confiado la verdad del Evangelio, no puede bendecir el pecado. Está llamada siempre a bendecir a las personas —a llamar a cada alma al arrepentimiento, la sanación y la santidad—, pero jamás debe actuar de manera que sugiera la aprobación de acciones o relaciones contrarias a la ley de Dios.
El reciente énfasis en distinguir entre bendiciones «formales» e «informales», como se menciona en Fiducia Supplicans, ha generado gran confusión entre los fieles. Una bendición no es un simple gesto casual; es un acto sagrado que implica el favor de Dios. Si dicha bendición se imparte de manera que parezca afirmar una relación que no se ajusta al designio divino, se corre el riesgo de causar escándalo y desviar a las almas del camino correcto.
Asimismo, la sugerencia de que existen cuestiones morales «más importantes» que la moral sexual debe entenderse con suma cautela. La Iglesia jamás ha enseñado que los pecados contra la castidad sean de poca importancia. Por el contrario, la Sagrada Escritura y la enseñanza constante de la Iglesia afirman que la moral sexual atañe profundamente a la dignidad de la persona humana, la santidad del matrimonio y el ordenamiento adecuado del amor.
Es cierto que la justicia, la libertad religiosa y la dignidad de toda persona humana son preocupaciones morales de suma importancia. Sin embargo, la ley moral no se divide en categorías contrapuestas donde una verdad pueda ser descartada en favor de otra. Toda verdad proviene de Dios, y todo pecado —ya sea contra la justicia, la caridad o la castidad— separa el alma de Él.
La verdadera unidad en la Iglesia no puede construirse sobre la ambigüedad ni suavizando verdades difíciles. Se fundamenta en Jesucristo, quien es «el camino, la verdad y la vida» (Juan 14:6). La caridad exige que hablemos la verdad con claridad, incluso cuando sea difícil, para que las almas no se extravíen, sino que sean conducidas a la conversión y a la vida eterna.
Como sucesor de los Apóstoles, sigo comprometido con proclamar la plenitud de la fe católica, sin concesiones, sin confusiones y siempre con caridad para con todas las personas, llamando a todos a la libertad que proviene de vivir en la verdad de Cristo.
Fuente - Texto tomado de LIFESITENEWS.COM:
https://www.lifesitenews.com/opinion/bishop-strickland-responds-to-pope-leos-remarks-on-homosexual-blessings/?utm_source=most_recent







