
La Virgen le dijo al Padre Gobbi que había llegado el tiempo de abrir el Libro sellado.
Y le reveló paso a paso qué ocurriría dentro de la Iglesia y en el mundo, en nuestra época.
Le dijo:
“Estoy abriendo para vosotros el Libro sellado”.
Y le explicó todo lo que debemos saber y hacer para permanecer firmes, durante los acontecimientos anunciados en el Apocalipsis.
En este video veremos qué secretos del Apocalipsis le reveló la Virgen al Padre Gobbi, para nuestro tiempo.
Y quédate porque veremos también cómo prepararnos para atravesar tales acontecimientos.
En 1972, durante una peregrinación a Fátima, el sacerdote italiano Stefano Gobbi comenzó a recibir locuciones interiores de la Virgen María.
Y en los siguientes veinticinco años fue escribiendo esos mensajes, que terminaron reunidos en el llamado Libro Azul, A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen.
Y de ellos nació también el Movimiento Sacerdotal Mariano, que se extendió por numerosos países, y reunió a miles de sacerdotes y cientos de obispos.
Su causa de beatificación fue abierta en 2024 y tiene el título de Siervo de Dios.
¿Y por qué sucedió la aparición de la Virgen al Padre Gobbi?
Dentro de ese enorme conjunto de mensajes que recibió el Padre Gobbi, aparece una afirmación, que es el motivo por el cual la Virgen está visitando la Tierra.
El 13 de octubre de 1988, aniversario de la última aparición de Fátima, la Virgen le dijo:
“Estoy abriendo para vosotros el Libro sellado y sus secretos”.
La referencia lleva directamente al profeta Daniel, que había recibido la orden de guardar y sellar determinadas palabras, hasta el tiempo señalado.
Y ahora la Virgen anunciaba que ese tiempo señalado había llegado.
Y entonces, la apertura de las profecías selladas pasa a servir como clave, para comprender los acontecimientos de un tiempo de purificación anunciado.
Habló de una pérdida creciente de la fe y de una confusión que alcanzaría a sacerdotes y fieles.
En sus mensajes señaló una sucesión. Primero vendría la confusión. Después, la indisciplina.
Luego, la división. Y finalmente, la persecución contra quienes permanecieran fieles.
La confusión afectaría especialmente a la doctrina.
Verdades que durante siglos habían orientado con claridad la vida cristiana comenzarían a discutirse, relativizarse o presentarse de maneras contradictorias.
La indisciplina debilitaría la obediencia y la unidad dentro de la Iglesia.
Y la división enfrentaría cada vez más a obispos, sacerdotes y fieles.
La Virgen relaciona este proceso con la gran apostasía anunciada en las Escrituras.
Donde incluso una multitud conservaría exteriormente el nombre de cristiana, mientras se alejaría progresivamente de la fe.
Y esa crisis interior prepararía una batalla todavía más profunda.
Habla de la “masonería eclesiástica”, formada por personas que conservarían una apariencia religiosa, mientras trabajarían para debilitar la fe desde adentro.
Su acción se dirigiría especialmente contra la doctrina, la autoridad de la Iglesia, y la vida espiritual de sacerdotes y fieles.
Y que esta infiltración sería parte de una estrategia mucho más amplia, que tendría como objetivo aumentar la confusión, favorecer errores doctrinales, y preparar una ruptura cada vez mayor entre los católicos.
La fuerza de este ataque estaría precisamente en actuar desde adentro, camuflada.
Porque quienes impulsarían esos cambios ocupaían lugares dentro de la estructura eclesial.
Y la Virgen relaciona este poder con la bestia con dos cuernos, semejantes a los de un cordero, del Apocalipsis.
Y junto a ella aparecerían otras figuras en los símbolos del Apocalipsis.
El enorme Dragón rojo representa al comunismo ateo.
Una fuerza que buscaría extender por el mundo una visión materialista, expulsando a Dios de la sociedad, y persiguiendo a la Iglesia.
Después aparece la bestia semejante a una pantera, que la Virgen identifica con la masonería secular, que actuaría para construir una sociedad cada vez más alejada de Dios.
Y a ellas se suma la bestia con dos cuernos semejantes a los de un cordero, que ya vimos representa a la masonería eclesiástica.
La Virgen presenta así una ofensiva que actuaría simultáneamente sobre el mundo y sobre la Iglesia.
En la sociedad, promoviendo una cultura materialista y contraria a la fe.
Y dentro de la Iglesia, sembrando confusión y debilitando la fidelidad al Evangelio, como una quinta columna.
La Virgen lo presenta como una figura distinta de los muchos hombres y sistemas, que a lo largo de la historia, han actuado con espíritu anticristiano.
Su aparición sería preparada por la crisis espiritual que ya habría comenzado, con la pérdida de la fe.
La confusión dentro de la Iglesia. El avance de una cultura cada vez más alejada de Dios.
Y la acción de fuerzas, capaces de extender su poder sobre todo el mundo.
De modo que la Virgen presenta al Anticristo como un eslabón, dentro de la secuencia en que primero se debilita la fe.
Después crecen la apostasía y la división. Y finalmente aparece este hombre de iniquidad anunciado por San Pablo.
Al que la Virgen relaciona con una de las profecías más graves de Daniel: la Eucaristía.
Daniel había anunciado la “abominación de la desolación” y el cese del sacrificio perpetuo.
Y en los mensajes de la Virgen al padre Gobbi, esa profecía aparece vinculada a una futura alteración del sacrificio eucarístico.
El centro de la batalla llegaría así hasta la Santa Misa.
Porque la confusión doctrinal terminaría afectando también la comprensión del sacrificio de la Misa, e incluso pudiendo hacer cesar el sacrificio eucarístico.
La Virgen presenta este ataque como una etapa decisiva de la apostasía.
Porque al debilitarse la fe en la Eucaristía, se debilita también el corazón mismo de la vida de la Iglesia.
Por eso sus llamados insisten constantemente en permanecer fieles a Jesús Eucaristía, a la oración y a la verdadera doctrina.
Y esa crisis eucarística aparecería en el mismo período en que comenzaría la gran tribulación.
La Virgen anuncia una etapa de gran prueba para la Iglesia y para el mundo. La persecución contra los cristianos aumentaría.
Y la división dentro de la Iglesia se volvería cada vez más dolorosa.
Muchos sacerdotes y fieles sufrirían por permanecer firmes en la fe.
Sería un tiempo de purificación, en el que saldría a la luz la verdadera fidelidad de cada persona.
Y la humanidad experimentaría fuertes convulsiones, mientras las estructuras construidas sobre el rechazo de Dios comenzarían a desmoronarse.
Y en medio de esa prueba, la Virgen pide a sus hijos permanecer unidos a Cristo, especialmente mediante la oración, la consagración a su Corazón Inmaculado y la fidelidad a la Iglesia.
Porque cuando las fuerzas del mal parecieran haber alcanzado su mayor poder, comenzaría el acontecimiento que la Virgen presenta como el desenlace de toda esta lucha.
La Virgen anuncia que la gran batalla terminará con su victoria: el Triunfo de su Corazón Inmaculado.
Ese triunfo traerá una renovación profunda de la Iglesia y de la humanidad.
Y después de esa purificación comenzaría una etapa de paz, fidelidad a Dios y restauración espiritual.
La Virgen presenta esta victoria como el cumplimiento de la promesa hecha en Fátima.
Las fuerzas que habían combatido contra Cristo perderán su poder. La Iglesia saldrá purificada de la prueba.
Cristo volverá a ocupar el centro de la vida de los pueblos. Y habrá un tiempo de paz.
De modo que la gran revelación de la Virgen comenzó cuando dijo:
“Estoy abriendo para vosotros el Libro sellado y sus secretos”.
Y hemos visto que la Virgen abrió ese Libro sellado, para que sus hijos pudieran reconocer el tiempo que estaban viviendo y supieran cómo permanecer fieles.
Las profecías de Daniel y del Apocalipsis se convierten así en una guía para comprender la gran apostasía, cómo ha estado actuando el maligno dentro de la Iglesia, la aparición del Anticristo, la gran tribulación y la batalla espiritual de estos tiempos.
Y para transitar esos acontecimientos la Virgen pide la consagración a su Corazón Inmaculado. El rezo diario del Santo Rosario:
La fidelidad a la doctrina y al Magisterio de la Iglesia. Y una unión cada vez más profunda con Jesús, especialmente en la Eucaristía.
De este modo, abrir el Libro sellado significa un llamado a prepararse espiritualmente, para reconocer los acontecimientos y para permanecer firmes en la fe de los apóstoles.
La gran pregunta es cuánto de esta secuencia puede reconocerse ya en nuestro tiempo.
Y tú, ¿crees que ya estamos entrando en ese tiempo anunciado? ¿Cuáles son las principales señales que ves?
¡Y que Dios te bendiga y la Virgen te guíe en este camino de la purificación!
Fuente - Imagen, video y texto tomados de YOUTUBE: