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miércoles, 28 de octubre de 2026

VIDEO - ¡Jesús dio al padre Manjackal una DURA ADVERTENCIA sobre los Sacerdotes Católicos!



Primer viernes de octubre de 2026. El padre James Manjackal, uno de los predicadores católicos más conocidos del mundo está en oración.

Y de pronto Jesús le muestra a un grupo de obispos y sacerdotes, con las manos atadas con cadenas.

Están en la oscuridad y sus sotanas están rasgadas. Enseguida aparece la Virgen María vestida de negro, y llora.

Y después, en medio de una luz muy fuerte, Manjackal oye la voz de Jesús que le habla de los pastores de la Iglesia.

Y le anuncia lo que hará con ellos. ¿Por qué están encadenados? ¿Y por qué llora la Virgen vestida de negro?

Quédate para ver el fuerte mensaje que Jesús le dio al padre Manjackal, sobre los sacerdotes.

James Manjackal es un sacerdote indio de 80 años. Hace más de cincuenta años recorre el mundo predicando, y sus retiros reúnen multitudes.

Y en los últimos tiempos, el Cielo le viene mostrando lo que se le viene a la Iglesia.

El 4 de septiembre anterior vio grandes catedrales y basílicas, arrastradas por enormes masas de agua.

Entre los restos flotaban el Papa, obispos y otros dignatarios de la Iglesia.

Después llegó el fuego y consumió esas mismas estructuras.

Cuando le preguntaron si era simbólico, respondió que se trataba de una destrucción física, de la estructura de la Iglesia.

Y el mensaje de Jesús le dejó una frase muy dura:


"Hoy hace falta más conversión entre los pastores que entre las ovejas".


Y un mes después, el primer viernes de octubre, Manjackal estaba ante el Santísimo, como todos los días.

Pero los primeros viernes reza de un modo especial.

Le estaba presentando al Señor los problemas del mundo: la guerra, la persecución y la crisis de la Iglesia.

Y entonces vio a un grupo de obispos y sacerdotes, religiosas y diáconos. Estaban esposados, en medio de la oscuridad.

Y las sotanas estaban rasgadas. Lo primero que le vino a la mente fueron ciertos países de África, donde matan sacerdotes.


Lloraba, y sus lágrimas se iban juntando, en un recipiente parecido a un cáliz.

En ese momento, Manjackal se acordó de algo que había vivido años atrás, en Siracusa, Sicilia.

Allí, en 1953, una imagen de yeso del Inmaculado Corazón de María, lloró durante cuatro días, en la casa de un matrimonio humilde.

Los análisis confirmaron que eran lágrimas humanas.

Y el papa Pío XII hizo una pregunta:


"¿Comprenderán los hombres el misterioso lenguaje de esas lágrimas?".


Esas lágrimas se guardan hasta hoy en un relicario que tiene forma de cáliz.

Y Manjackal tuvo el privilegio de llevar en una procesión, ese relicario, en una fiesta de las lágrimas de la Virgen.

Y pensó que la Madre lloraba por los cristianos que sufren persecución.

Pero de repente todo se llenó de una luz muy fuerte.

Y oyó la voz del Señor que le dijo:


"Yo puse a los apóstoles como pastores de mi Iglesia".


"Quería que estuvieran con las ovejas, que hicieran mis obras, que enseñaran lo que yo les enseñé, y que hicieran milagros en medio de la gente que sufre".


"Los obispos de hoy son sus sucesores, y de ellos espero lo mismo".


Y entonces vino el reproche.


"Pero no apacientan al rebaño, se apacientan a sí mismos".


"Predican sus propias teorías y sus propias doctrinas".


"Ya no son mis voceros".


Y Jesús le recordó lo que quería de ellos:


"Que fueran delante de las ovejas, que fueran la puerta del redil, y que estuvieran dispuestos a dar la vida por ellas".


"Quiero que les den a mis ovejas mis palabras, y no la sabiduría del mundo".


"Quiero que busquen agradar a Dios Padre, y no a los poderosos de este mundo".


"Algunos hasta se acomodan a las normas y los valores del mundo, y eso me duele en el corazón".


"Esto no es lo que yo esperaba de los pastores de hoy".


Y la voz siguió hablando:


"Mis ovejas están confundidas: algunas se perdieron y otras viven en la duda".


Mientras, "los pastores están en palacios lujosos, comiendo y bebiendo, sin saber lo que sufren sus ovejas".


"No fortalecen a las débiles, no curan a las enfermas ni vendan las heridas", dijo.


Jesús le mostró pastores que se mueven entre políticos, multimillonarios y gente importante. Con sus vestiduras de reyes, sus birretes y sus báculos de oro.


"Yo les dije que fueran servidores, y ellos se hacen llamar señor, excelencia, eminencia".


"No quieren ir por el camino estrecho, ni cargar la cruz".


"Prefieren las autopistas, los autos caros, los aviones, y los helicópteros".


Y habló del impuesto eclesiástico.


"Ese dinero se va en sueldos y en cosas materiales, mientras las ovejas pasan hambre".


"Yo les lavé los pies para que ellos lavaran los pies de las ovejas, y conocieran su olor".


Manjackal sabe de qué habla.


Él mismo tiene que golpear la puerta de los obispos del mundo, para pedir permiso para predicar, cuando predicar es su tarea.

Y después Jesús tocó lo más grave.


"Les di mi Espíritu para que cuidaran a mi pueblo, el pueblo que compré con mi sangre".


"Quería que fueran centinelas".


"Pero mis sacerdotes no distinguen entre lo sagrado y lo profano, ni entre lo puro y lo impuro".


A Manjackal ya se le había mostrado esa profanación en septiembre.


Dentro de una gran iglesia, imágenes paganas y gente adorando al sol. Y la Pachamama en el Vaticano, ritos hindúes metidos en misas de la India, y pastores que ya no creen en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

Y ahora la voz le decía qué produce todo eso.


"Estoy siendo recrucificado".


"No le dicen al rebaño que deje el pecado, que cambie de vida y que cumpla los mandamientos".


"Mis pastores callan".


Pero para Jesús, el pecado de los pastores no queda entre ellos. Lo vuelve a clavar en la cruz.


Y agregó que:


"Ellos mismos están encadenados".


Y ahí Manjackal entendió la primera escena.

Los obispos y sacerdotes con las manos atadas, eran los mismos pastores de los que Jesús se quejaba.

Por eso la Virgen estaba vestida de negro. Lloraba por los pastores que sufren por Cristo, no por los encadenados.

Y después la voz recordó lo que pasó hace dos mil años.


"Antes de mi primera venida, la situación era parecida".


"Los pastores no cuidaban a las ovejas elegidas, y muchas se habían perdido".




"Cuando volví al Padre, quise que los apóstoles y sus sucesores fueran pastores de verdad".


"Y ahora tengo que venir otra vez".


"En que les quitaré su autoridad, su poder, sus privilegios y su soberanía".


"Voy a reunir a todos los que me pertenecen".


"Este es el fin de los tiempos".


Y ahí aparece lo que Manjackal vio en septiembre.

El Papa, los obispos y los dignatarios flotando entre los restos de las basílicas, arrastrados por el agua.

Ya no quedaban palacios, títulos ni báculos de oro. Era el poder de los pastores que se hundía.

Pero sin los pastores ¿quién va a cuidar a las ovejas? La respuesta vino en el mismo mensaje.


"Yo mismo las conduciré por medio de mi Espíritu, porque yo soy el Buen Pastor", dijo Jesús.


"Yo cuidaré de mis ovejas".


Sin embargo, en estos años, en sínodos y asambleas de la Iglesia, se escuchó muchas veces que había que "escuchar al Espíritu".

Y en nombre del Espíritu se propusieron cambios en la doctrina, sobre la moral, el matrimonio y los sacramentos.

Y entonces, ¿cómo sabe una oveja qué voz es la del Espíritu?

Jesús mismo dejó el criterio.


"El Espíritu Santo les recordará todo lo que yo les he dicho".


"No hablará por su cuenta, tomará de lo mío y se lo anunciará a ustedes".


El Espíritu no trae una doctrina nueva, recuerda la de Jesús.

Si una voz enseña algo que contradice lo que Jesús enseñó, esa voz no es el Espíritu Santo, por más que lo invoque.

Y también Jesús dio una segunda prueba:


"Por sus frutos los conocerán".


Lo que Jesús reprocha a los pastores, es justamente predicar sus propias teorías, diluir sus enseñanzas, y acomodarse a los valores del mundo.

En cambio, el Espíritu que Él promete, hace lo contrario.

Lleva al arrepentimiento, a los mandamientos, a la cruz, y al camino estrecho.

Y Jesús agregó:


"Mis ovejas escuchan mi voz, y no siguen a un extraño, porque no conocen su voz".


De modo que si alguien, aunque lleve mitra, les dice en nombre del Espíritu algo que Jesús nunca dijo, la oveja que vive cerca de Él, lo nota.

Para conocer bien la voz del Pastor hay que leer el Evangelio, rezar y quedarse en la fe de siempre.

Y al final del mensaje, Jesús sentenció:


"No estoy contra los pastores, siento tristeza por ellos".


Por eso Manjackal pidió que recemos para que los pastores despierten.


Jesús le anunció a Manjackal que les va a quitar el poder a los pastores que abandonaron el rebaño.


Y dejó claro cómo reconocer su voz en este tiempo:


El Espíritu Santo solo recuerda lo que Jesús ya enseñó.


Y tú, ¿has escuchado a alguien usar al Espíritu Santo para cambiar lo que Jesús enseñó?

¡Y que Dios te bendiga, y la Virgen te mantenga fiel a las enseñanzas de su Hijo!




Fuente - Imagen, texto y video tomados de YOUTUBE:




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Narciso nació a finales del siglo I en Jerusalén y se formó en el cristianismo bebiendo en las mismas fuentes de la nueva religión. Debieron ser sus catequistas aquellos que el mismo Salvador había formado o los que escucharon a los Apóstoles.

Era ya presbítero modelo con Valente o con el Obispo Dulciano. Fue consagrado obispo, trigésimo de la sede de Jerusalén, en el 180, cuando era de avanzada edad, pero con el ánimo y dinamismo de un joven. En el año 195 asiste y preside el concilio de Cesarea para unificar con Roma el día de la celebración de la Pascua. A Narciso (“sabor” en griego) se atribuye el milagro de la transformación del agua en aceite para las lámparas de su Iglesia, que se habían quedado secas el día de la Pascua. El rigor y la firmeza con la que operó provocaron la ira de sus calumniadores.

Permitió Dios que le visitara la calumnia. Tres de sus clérigos —también de la segunda o tercera generación de cristianos— no pudieron resistir el ejemplo de su vida, ni sus reprensiones, ni su éxito. Se conjuraron para acusarle, sin que sepamos el contenido, de un crimen atroz. ¡Parece fábula que esto pueda pasar entre cristianos!

Viene el perdón del santo a sus envidiosos difamadores y toma la decisión de abandonar el gobierno de la grey, viendo con humildad en el acontecimiento la mano de Dios. Secretamente se retira a un lugar desconocido en donde permanece ocho años.

Dios, que tiene toda la eternidad para premiar o castigar, algunas veces lo hace también en esta vida, como en el presente caso. Uno de los maldicientes hace penitencia y confiesa en público su infamia. Regresa Narciso de su autodestierro y permanece ya acompañando a sus fieles hasta bien pasados los cien años (llegaría a cumplir 116 años). En este último tramo de vida le ayuda Alejandro, obispo de Flaviada en la Capadocia, que le sucede.




El vicio capital de la envidia presenta un cuadro de tristeza permanente ante la contemplación de los bienes materiales o morales que otros poseen. En lo moral, es pecado porque la caridad es amar y, cuando se ama, hay alegría con los bienes del amado. Cuando hay envidia no hay amor, hay egoísmo, desorden, pecado.




El envidioso vive acongojado —así sin vida— por el bien que advierte en el otro y que él anhela tener. En ocasiones extremas puede llegar a convertirse en una anomalía psíquica peligrosa ya que lleva a la ceguera y desesperación cuyas consecuencias van de la maledicencia al crimen, pasando por la calumnia y la traición: el envidioso se considera incapaz de alcanzar las cualidades ajenas; la estimación que los demás disfrutan es considerada como un robo del cariño que él merece; en la eficacia del trabajo ajeno, acompañado de éxito y merecidos triunfos, el envidioso ve intriga y apaño.

Ayer y hoy hubo y hay envidiosos. A los prójimos toca sufrir pacientemente las consecuencias:


Sin olvidar que la envidia
fue la causa humana
que llevó al Señor al Calvario





¡Gracias, San Narciso,
porque me das ejemplo
de paciencia ante la cruz!


Fuente - Texto tomado de ES.CATHOLIC.NET:

Fuente - Texto tomado de VATICANINSIDER.LASTAMPA.IT: