martes, 28 de julio de 2026

Santa Marta de Betania - Hermana de Lázaro y María - Fiesta Julio 29

 

Hermana de Lázaro y María


Martirologio Romano


Memoria de Santa Marta, que recibió en su casa de Betania, cerca de Jerusalén, a Jesús, el Señor, y muerto su hermano Lázaro, proclamó:


«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo» (s. I) 


Marta es hermana de María y de Lázaro y vivía en Betania, pequeña población distante unos cuatro kilómetros de Jerusalén, en las cercanías del Monte de los Olivos. Jesús Nuestro Señor vivía en Galilea pero cuando visitaba Jerusalén acostumbraba hospedarse en la casa de estos tres discípulos en Betania, que, tal vez, habían cambiado también su morada de Galilea por la de Judea. Marta se esforzó en servirle lo mejor que pudo y, más tarde, con sus oraciones impetró la resurrección de su hermano. San Juan nos dice que:


"Jesús amaba a Marta y a su hermana María y Lázaro" (Jn 11:5)


Lucas añade:


"Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: 




«Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude» Lucas 10:38-40 


No podemos estar seguros de la motivación de Marta al hacer su petición al Señor pero todo parece indicar que se quejaba contra su hermana. Nuestro Señor aprecia el servicio de Marta, pero al mismo tiempo sabía que era imperfecto. Muchas veces nuestro servicio, aunque sea con buena intención, está mezclado con el afán de sobresalir, la compulsión por ser protagonistas, la competencia para sentirnos que somos los mejores. Es entonces que salen las comparaciones. ¿Por qué la otra no hace nada y soy la que trabajo? El Señor corrige a Marta, penetra en su corazón afanado y dividido y establece prioridades: 




«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada» Lucas 10: 41-42 


Esa única cosa de la que hay necesidad es de poner todo el corazón en amar a Dios, atender a Jesús que nos habla, que quiere levantarnos de nuestra miseria. Toda vida activa debe surgir de la contemplación. La vida activa sin contemplación lleva al alma a dispersarse y perder de vista el fin. La vida contemplativa se concentra en Dios y se une a Él por la adoración y el amor. La vida contemplativa es una especie de noviciado del cielo, pues la contemplación es la ocupación de los bienaventurados del paraíso. Por ello, Cristo alabó la elección de María y afirmó: "sólo una cosa es necesaria". Eso significa que la salvación eterna debe ser nuestra única preocupación. Si contemplamos como van las cosas en cualquier Iglesia podremos ver muchas actividades, programas, ideas... Es relativamente fácil hacer cosas por Jesús, pero cuánto nos cuesta estar en silencio ante su Presencia. Enseguida pensamos en cosas qué hacer. No comprendemos que lo primero y mas importante es atenderlo a Él directamente por medio de la oración.

Jesús encontró más digna de alabanza la actitud contemplativa de María. Cuánto quisiera El Señor que todos, como María, nos sentáramos ante Él para escucharle. Ella se consagraba a la única cosa realmente importante, que es la atención del alma en Dios. También el Padre nos pide que, ante todo, escuchemos a Su Hijo (Mt 17-5). Entonces, ¿no es necesario trabajar? Claro que sí lo es. Pero para que el trabajo dé fruto debe hacerse después de haber orado. El servicio de Marta es necesario, pero debe estar subordinado al tiempo del Señor. Hay que saber el momento de dejar las cosas, por importantes que parezcan, y sentarse a escuchar al Señor. Esto requiere aceptar que somos criaturas limitadas. No podemos hacerlo todo. No podemos siquiera hacer nada bien sin el Señor. San Agustín escribe:


"Marta, tú no has escogido el mal; pero María ha escogido mejor que tú"


San Basilio y San Gregorio Magno consideran a la hermana María modelo evangélico de las almas contemplativas.


La resurrección de Lázaro




El capítulo 11 de San Juan narra el gran milagro de la resurrección de Lázaro. En aquella ocasión vuelve a hablarse de Marta. Lázaro se agravó de muerte mientras Jesús estaba lejos. Las dos hermanas le enviaron un empleado con este sencillo mensaje:


"Señor aquel que tú amas, está enfermo"


Es un mensaje de confianza en que Jesús va actuar a su favor. Pero Jesús, que estaba al otro lado del Jordán, continuó su trabajo sin moverse de donde estaba. A los apóstoles les dice:


"Esta enfermedad será para gloria de Dios"


Y luego les añade:


"Lázaro nuestro amigo ha muerto. Y me alegro de que esto haya sucedido sin que Yo hubiera estado allí, porque ahora vais a creer"


A los cuatro días de muerto Lázaro, dispuso Jesús dirigirse hacia Betania, la casa estaba llena de amigos y conocidos que habían llegado a dar el pésame a las dos hermanas. Tan pronto Marta supo que Jesús venía, salió a su encuentro y le dijo:


"Oh Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano; pero aún ahora yo sé que cuánto pidas a Dios te lo concederá" 


Jesús le dice:


"Tu hermano resucitará"


Marta le contesta:


"Ya sé que resucitará el último día en la resurrección de los muertos"


Jesús añadió:




"Yo Soy la resurrección y la vida. Todo el que cree en Mí, aunque haya muerto vivirá. ¿Crees esto?"


Marta respondió:


"Sí Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo"


Jesús dijo:


"¿Dónde lo han colocado?"


Y viendo llorar a Marta y a sus acompañantes...


Jesús también empezó a llorar: 






Y las gentes comentaban:


"Mirad cómo lo amaba"


Y fue al sepulcro que era una cueva con una piedra en la entrada. Dijo Jesús:


"Quiten la piedra"


Le responde Marta:


"Señor ya huele mal porque hace cuatro días que está enterrado"


Le dice Jesús:


"¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?"


Quitaron la piedra y Jesús dijo en voz alta:




"Lázaro ven afuera"


Y el muerto salió, llevando el sudario y las vendas de sus manos. 

De los años siguientes de la santa no tenemos ningún dato históricamente seguro, aunque según la leyenda de la Provenza, Marta fue con su hermana a Francia y evangelizó Tarascón donde según cuenta la leyenda Santa Marta derrotó a la Tarasca, un dragón que amenazaba a la ciudad. Ahí se dice que encontraron, en 1187, sus pretendidas reliquias, que todavía se veneran en su santuario. Los primeros en dedicar una celebración litúrgica a Santa Marta fueron los franciscanos en 1262, el 29 de julio, es decir, ocho días después de la fiesta de Santa María Magdalena, identificada por algunos como su hermana María. Santa Marta es la patrona de los hoteleros, porque sabía atender muy bien.


Oración de las madres de familia
a Santa Marta




Oh Santa Marta dichosa,
que tantas veces tuviste el honor 
y la alegría de hospedar a Jesús 
en el seno de tu familia, 
de prestarle personalmente
tus servicios domésticos, 
y que juntamente con tus
santos hermanos
Lázaro y María Magdalena, 
gozaste de su divina
conversación y doctrina, 
ruega por mí y por mi familia, 
para que en ella se conserve
la paz y el mutuo amor, 
para que todos sus miembros 
vivan en la observancia
de la Ley de Dios, 
y para que sólo Dios, 
y no el mundo ni el pecado, 
reine en nuestro hogar. 
Libra a mi familia de toda desgracia
espiritual y temporal, 
ayúdame en el cuidado
de mis hijos y subordinados, 
y concédeme la dicha
de verlos unidos bajo la mirada
paternal de Dios en la tierra, 
para volver a verles reunidos
en las moradas del cielo. 
Amén


Fuente - Texto tomado de ES.CATHOLIC.NET:
http://es.catholic.net/santoraldehoy/

VIDEO: Espíritu Maligno de Rebelión ataca al mundo y a la Iglesia Católica



Massimo Coppo, el Ermitaño de Asís, acaba de señalar el problema central de nuestro tiempo: un espíritu de rebelión preternatural está atacando al mundo.

El hombre ya no quiere que Cristo reine en el mundo. Y esa misma rebelión ha entrado en la Iglesia.

Porque unos adaptan la fe al mundo. Y otros, al reaccionar contra eso, terminan rompiendo la comunión.

Aquí hablaremos sobre cómo actúa este espíritu preternatural de rebelión, cómo está afectando a la Iglesia, y qué debe hacer el católico para no ser arrastrado por él.

Massimo Coppo, el ermitaño de Asís, acaba de aparecer advirtiendo, que el problema central de nuestro tiempo es un espíritu de rebelión preternatural, atacando al hombre.

El mundo ya no quiere que Cristo determine qué está bien y qué está mal.

Quiere establecer sus propias leyes y organizar la vida, sin reconocer la autoridad de Dios.

Esa rebelión avanzó contra el orden de la creación y ahora presiona a la Iglesia para que acepte lo que contradice la ley de Dios.

Pero aparece una paradoja.

Mientras algunos dentro de la Iglesia adaptan la fe al mundo, otros, al intentar defender la fe, terminan rompiendo la comunión con la propia Iglesia.

Veamos cómo es esto. Coppo recurre a una parábola del Evangelio para explicar el mundo actual.

En ella, un hombre noble viaja a un país lejano para ser coronado rey. Pero los ciudadanos envían una delegación con un mensaje claro: no quieren que él gobierne sobre ellos.

Para Coppo, ese noble representa a Jesús.

Y la frase «No queremos que éste reine sobre nosotros» resume la rebelión del hombre contemporáneo, contra Dios.

Cristo puede ser aceptado como figura religiosa o referencia moral, pero no como quien establece lo bueno y lo malo.

El hombre quiere decidir por sí mismo qué está bien y qué está mal. Ya no recibe la verdad de Dios.

Y esa decisión es la raíz de las grandes rebeliones de nuestro tiempo.

Coppo presenta la Revolución Francesa como el gran símbolo histórico de esta ruptura con Dios.

Recuerda que suele celebrarse como una conquista de la libertad, aunque estuvo marcada por la violencia, la guillotina y la represión a los cristianos.

Y lo más significativo es que aquella revolución todavía sea recordada, como un acontecimiento prestigioso.

Detrás de esa exaltación permanece una idea que sigue actuando hasta hoy: que el hombre será más libre cuanto menos dependa de Dios.

La libertad comienza entonces a entenderse, como el derecho a rechazar todo orden recibido, y decidir por sí mismo qué está bien y qué está mal.

Y una sociedad que se libera de Dios, termina creyéndose autorizada, para redefinir también al propio ser humano.

Porque cuando el hombre deja de reconocer la autoridad de Dios, también deja de reconocer la creación como un orden que debe respetar.

Entonces la diferencia entre varón y mujer, el matrimonio y la familia, comienzan a presentarse como realidades que cada persona puede redefinir.

Coppo señala que todos venimos de un padre y una madre, y que esa realidad elemental no depende de una ideología, ni de una decisión política.

Pero el mundo rebelde ya no quiere aceptar límites dados por la naturaleza.

Pretende que el deseo individual determine la verdad sobre el ser humano.

De este modo, la rebelión contra Dios termina convirtiéndose, en una rebelión contra la manera en que Dios creó al hombre.

Y cuando una sociedad rechaza estas realidades fundamentales, comienza a exigir que todos acepten sus nuevas definiciones.

Y tarde o temprano llega también hasta la Iglesia. La presión cultural no se limita a pedir tolerancia.

Busca también que la Iglesia cambie su manera de hablar sobre el pecado.

Coppo critica la actitud pastoral demasiado preocupada por no incomodar.

Dice que es como intentar salvar a una persona que se está ahogando, negándose a gritarle, por miedo a herir su sensibilidad.

La caridad verdadera no consiste en ocultar el peligro. Consiste en decir la verdad para ayudar a la persona a salvarse.

Muchas veces, el deseo de acompañar termina debilitando el llamado a cambiar de vida.

Y la Iglesia corre el riesgo de usar palabras correctas, pero sin mostrar con claridad, hacia dónde debe conducir ese acompañamiento.

Y entonces, la rebelión del mundo consigue algo decisivo: que la verdad empiece a parecer una falta de misericordia.

Coppo sostiene que la Iglesia debilita su testimonio, cuando empieza a medir su mensaje por la reacción de la gente.

La verdad no depende del número de personas que la aceptan. Tampoco cambia porque una idea obtenga respaldo político.

La medida sigue siendo Cristo y el Evangelio.

Cuando la búsqueda de consenso ocupa el primer lugar, la enseñanza comienza a acomodarse, a lo que la sociedad está dispuesta a escuchar.

Y entonces algunas verdades se silencian, otras se presentan de forma ambigua, y la identidad católica pierde claridad.

La misión de la Iglesia no consiste en confirmar al mundo en sus criterios.

Consiste en conducirlo hacia Cristo, aunque su mensaje resulte incómodo.

Y esa adaptación de la Iglesia al mundo provoca una reacción legítima entre muchos católicos.

Coppo reconoce que existen motivos.

Él mismo recuerda cambios litúrgicos que le causaron incomodidad, y sostiene que el fiel puede expresar con libertad sus observaciones, sobre lo que sucede dentro de la Iglesia.

El católico debe reconocer los errores y defender la doctrina, la liturgia y la tradición.

Pero esa defensa debe conservar siempre el amor, la humildad y la comunión.

Cuando pierde esas virtudes, la fidelidad se convierte en enfrentamiento, la corrección en desprecio, y la resistencia en ruptura.

Entonces el mismo espíritu de rebelión preternatural que domina al mundo, comienza a actuar dentro de quienes quieren combatirlo.

Y aparece una nueva tentación: responder a la rebelión contra Dios, con otra rebelión dentro de la Iglesia.

Coppo aplica esta advertencia al caso de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Reconoce que algunas de sus críticas al Concilio Vaticano II, o a ciertos cambios posteriores, pueden tener fundamento.

Pero sostiene que ninguna crítica justifica apartarse de la comunión con la Iglesia.

Se puede identificar correctamente un problema, pero tomar una decisión equivocada frente a él.

La defensa de la tradición deja de ser plenamente católica, cuando coloca el juicio propio por encima de la unidad de la Iglesia.

Para Coppo, Cristo quiso una Iglesia unida al Papa y a los obispos. Sus pastores pueden cometer errores.

Pero la respuesta es permanecer dentro de la Iglesia y trabajar por su renovación, sostenidos por la fe, los sacramentos y la providencia divina.

Y Coppo propone entonces la reconciliación con Dios como respuesta al espíritu de rebelión.

Porque la rebelión aparece cuando rechazamos lo que ocurre, en la medida en que no coincide con nuestros deseos.

Y la fe, en cambio, nos lleva a confiar en que Dios continúa guiando nuestra vida, y la de la Iglesia, incluso cuando todavía no comprendemos sus caminos.

Por eso Coppo presenta la gratitud como el antídoto contra el espíritu de rebelión.

Reconocer que todo lo recibido puede ser conducido por Dios para nuestro bien.

Y volver a confiar en la Providencia Divina.

Hasta aquí la advertencia de Massimo Coppo sobre la rebelión del hombre contra Dios.

Una rebelión que rechaza el reinado de Cristo avanza contra el orden de la creación, y termina provocando confusión dentro de la propia Iglesia.

Y dentro de la Iglesia, aparece en quienes adaptan la fe al mundo y también en quienes, al reaccionar contra esa crisis, rompen la comunión.

Y tú, ¿percibes este espíritu de rebelión en ambos extremos dentro de la Iglesia?

¡Y que Dios te bendiga y te halle confiando en su Providencia!




Fuente - Imagen y textos tomados de YOUTUBE:




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