domingo, 15 de febrero de 2026

Recemos la desconocida Coronilla a la Santa Faz de Cristo que hace temblar a los enemigos de la Iglesia Católica

  




La desconocida coronilla del Santo Rostro que hace temblar a los enemigos de la Iglesia Católica


Nuestro Señor reveló la devoción de Su Santo Rostro a una monja carmelita descalza francesa, la Hna. María de San Pedro, a mediados del siglo XIX. Aquí te contamos todo lo que necesitas saber sobre esta petición de Cristo.

Jesús le pidió a la religiosa que difundiera esta devoción en reparación por las blasfemias contra Dios y la profanación del domingo. Muchos santos honraron el Santo Rostro de Jesús, incluida Santa Teresa de Lisieux. De igual forma, el Papa León XIII también estableció una Archicofradía de la Santa Faz en 1887.

La Iglesia celebra la fiesta del Santo Rostro de Jesús cada año el martes anterior al Miércoles de Ceniza.


Jesús aseguró 9 promesas a quienes honraran su Santo Rostro:


1) Al ofrecer Mi Rostro a Mi Padre Eterno, nada será rechazado y se obtendrá la conversión de muchos pecadores.


2) Por Mi Santo Rostro, harán maravillas, apaciguarán la ira de Dios y atraerán misericordia a los pecadores.


3) Todos aquellos que honran Mi Rostro en un espíritu de reparación, al hacerlo, desempeñarán el oficio de la piadosa Verónica.


4) De acuerdo con el cuidado que tomen para reparar mi rostro desfigurado por los blasfemos, así cuidaré de sus almas que han sido desfiguradas por el pecado. Mi rostro es el sello de la divinidad, que tiene la virtud de reproducir en las almas la imagen de Dios.


5) Aquellos que con palabras, oraciones o escritos defiendan Mi causa en la Obra de Reparación, especialmente Mis sacerdotes, los defenderé ante Mi Padre y les daré Mi Reino.


6) Así como en un reino pueden obtener todo lo que desean con una moneda estampada con la efigie del Rey, en el Reino de los Cielos obtendrán todo lo que desean con la preciosa moneda de Mi Santo Rostro.


7) Aquellos que en la tierra contemplen las heridas de Mi Rostro lo verán en el Cielo radiante de gloria.


8) Recibirán en sus almas una irradiación brillante y constante de Mi Divinidad, que por su semejanza a Mi Rostro brillarán con un esplendor particular en el Cielo.


9) Los defenderé, los preservaré y les aseguraré la Perseverancia Final.






Coronilla de Reparación
de la Santa Faz
de Nuestro Señor Jesucristo








Por la señal de la ✝ Santa Cruz ✝, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Ofrecimiento


Amado Señor, por medio del Doloroso e Inmaculado Corazón de María, Te ofrecemos estas oraciones en reparación por los pecados que más te ofenden y te rogamos nos libres de los planes de aquéllos que atentan contra nuestra libertad y nuestra fe en Ti. Amén.

(Pedimos por nuestras intenciones particulares)


En la Cruz:




Padre Eterno, Te ofrezco la cruz de Nuestro Señor Jesucristo y todos los instrumentos de su Santa Pasión, para que Tú pongas división en el campo de Tus enemigos; porque como dijo Tu Hijo Amado:


“Un reino dividido contra sí mismo caerá” 

 

“Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme”.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


Recitamos las siguientes jaculatorias:


1) ¡Que Dios se levante y deje que Sus enemigos se dispersen y que aquellos que lo odian huyan ante Su Rostro!


2) ¡Que el tres veces Santo Nombre de Dios derribe todos sus planes!


3) ¡Que el Santo Nombre del Dios Viviente los separe por desacuerdos!


4) ¡Que el terrible Nombre del Dios de la Eternidad elimine toda su impiedad!


5) Señor, no deseo la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.


“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.


En la medalla recitamos
la Oración de la flecha dorada:


Que el Santísimo, Sacratísimo, adorabilísimo, misteriosísimo e inefable Nombre de Dios sea alabado, bendito, amado, adorado y glorificado en el Cielo, en la Tierra y en el abismo, por todas las criaturas de Dios y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en el Santísimo Sacramento del Altar.


◆ Primera cuenta grande:


“Padre eterno, te ofrezco el Rostro de tu Hijo Jesús, con todos sus sufrimientos en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero”. “Jesús mío, Misericordia”.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


🟠 En las 10 cuentas chicas


En honor al sentido del tacto de Nuestro Señor Jesucristo, recitamos:

“Levántate, oh Señor, y que tus enemigos se dispersen, y que aquéllos que te odian huyan ante tu rostro”. (Se repite 10 veces)


◆ Segunda cuenta grande:


“Padre eterno, te ofrezco el Rostro de tu Hijo Jesús, con todos sus sufrimientos en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero”. “Jesús mío, Misericordia”.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


🟠 En las 10 cuentas chicas


En honor al sentido de escucha de nuestro Señor Jesucristo, recitamos:

“Levántate, oh Señor, y que tus enemigos se dispersen, y que aquéllos que te odian huyan ante tu rostro”. (Se repite 10 veces)


◆ Tercera cuenta grande:


“Padre eterno, te ofrezco el Rostro de tu Hijo Jesús, con todos sus sufrimientos en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero”. “Jesús mío, Misericordia”.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


🟠 En las 10 cuentas chicas


En honor al sentido de la vista de nuestro Señor Jesucristo, recitamos:

“Levántate, oh Señor, y que tus enemigos se dispersen, y que aquéllos que te odian huyan ante tu rostro”. (Se repite 10 veces)


◆ Cuarta cuenta grande:


“Padre eterno, te ofrezco el Rostro de tu Hijo Jesús, con todos sus sufrimientos en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero”. “Jesús mío, Misericordia”.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


🟠 En las 10 cuentas chicas


En honor al sentido del olfato de nuestro Señor Jesucristo, recitamos:

“Levántate, oh Señor, y que tus enemigos se dispersen, y que aquéllos que te odian huyan ante tu rostro”. (Se repite 10 veces)


◆ Quinta cuenta grande:


“Padre eterno, te ofrezco el Rostro de tu Hijo Jesús, con todos sus sufrimientos en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero”. “Jesús mío, Misericordia”.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


🟠 En las 10 cuentas chicas


En honor al sentido del gusto de nuestro Señor Jesucristo, recitamos:

“Levántate, oh Señor, y que tus enemigos se dispersen, y que aquéllos que te odian huyan ante tu rostro”. (Se repite 10 veces)


◆ Sexta cuenta grande:


“Padre eterno, te ofrezco el Rostro de tu Hijo Jesús, con todos sus sufrimientos en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero”. “Jesús mío, Misericordia”.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


🟠 En las 3 cuentas chicas


En honor a la vida pública de nuestro Señor Jesucristo, recitamos:

“Levántate, oh Señor, y que tus enemigos se dispersen, y que aquéllos que te odian huyan ante tu rostro”. (Se repite 3 veces)


Medalla del Santo Rostro / oración final:


“Dios, nuestro Protector, míranos, y fija Tus ojos en el Rostro de Tu Cristo”.

¡Muéstranos Señor tu Santa Faz y seremos salvos!

“Oh María, sin pecado concebida, patrona del mundo entero, ruega por nosotros que recurrimos a Ti”.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Fuente - Texto tomado del Video:





Por qué la Santa Faz será nuestro Auxilio en los Tiempos Finales


Cómo nos protegerá,
nos dará sabiduría y firmeza.


La devoción al Santo Rostro de Jesús, a Su Santa Faz, se fue desarrollando desde que el Señor caminó sobre la Tierra, en base a una serie de milagros y apariciones.

Y podemos comprender, por los mensajes que nos ha dado, que lo que Nuestro Señor ha querido desarrollar es la contemplación de Su rostro.

Que nuestra mirada se encuentre con Su mirada.

Porque cuando lo hagamos recibiremos consuelo, sabiduría y firmeza como sus testigos.

Hoy esas tres virtudes son muy importantes, porque parece que hemos ingresado en el tiempo del cumplimiento de las profecías del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Y sus frutos serán la paz, la comprensión de lo que sucede realmente y la fortaleza para seguir atados a Él y no abdicar por las presiones del mundo.

Aquí hablaremos sobre cuáles fueron las manifestaciones del Rostro de Jesús, que fueron dando forma a esta devoción, cómo nos pide Él que la practiquemos y para qué quiere que lo hagamos.

Cuando la segunda persona de la Santísima Trinidad se hizo hombre, Dios tomó un rostro humano en Jesús.

Y es por eso, que cuando miramos el Santo Rostro de Jesús, la Santa Faz, obtenemos un consuelo sobrenatural, porque sabemos que Él está con nosotros para protegernos.

Sabiduría que viene de lo alto, porque comprendemos quién es Él, para qué vino a la Tierra y qué nos pide.

Y firmeza para mantener Su testimonio y luchar por la verdad, en momentos difíciles cuando nos quieren esclavizar, porque nos consuela lo que sufrió el Maestro por proclamarla.

Y también es una gran fuente de conversiones de los pecadores, tan necesaria en el momento de hoy.

Un día San Vicente de Paul buscaba en vano convertir a un joven pecador de vida disoluta y no lo lograba.

Entonces le pidió que mirara una imagen de la Santa Faz de Jesús, todos los días antes de acostarse, sólo eso.

Pasaron los días y el joven se mofaba, pero el día 13 fue a buscar al santo y le dijo que quería confesarse, porque no podía soportar más el rostro derramando sangre y lágrimas reprochándole.


Hay muchas manifestaciones de la Santa Faz a través de la historia:


Una de las primeras que se conocen es el Mandylion de Edesa, que se veneró en esa ciudad desde el primer siglo, pero que desapareció cuando Constantinopla fue saqueada por los musulmanes en 1204.

El rey abgar le escribió a Jesús invitándolo a la ciudad para que lo curara, pero Jesús le contestó, según la tradición, diciendo que enviaría a Judas Tadeo.

Y éste le llevó una imagen de su rostro, que luego hizo milagros hasta su desaparición.

De esa época también es el Velo de la Verónica, que es el lienzo con que la Verónica limpió la sangre y el sudor del rostro del Señor con su velo, en la Vía Dolorosa, y su imagen quedó impresa en la tela.

Ese velo que poseía la gracia de Dios, pudo luego saciar la sed, curar la ceguera e incluso resucitar a los muertos.

Santa Verónica confió más tarde el velo a San Clemente, que se convirtió en el tercer obispo de Roma y durante los siguientes tres siglos se mantuvo en las catacumbas romanas, hasta que se colocó en la Basílica de San Pedro, hasta el día de hoy.

Pero sin duda la manifestación más popular es el rostro impreso de Jesús en la Sábana Santa de Turín.

Según la tradición, fue el lienzo que usaron los discípulos de Jesús para cubrir su cuerpo sin vida en el sepulcro.

Contiene huellas de sangre del cuerpo muerto de Cristo en ambos lados, incluido Su rostro.

El que se descubrió cuando en 1898 el fotógrafo Secondo Pia tomó su primera fotografía y su negativo fotográfico mostró el Santo Rostro que había quedado impreso.

Otra imagen importante es el Santo Rostro de Manoppello.

Que según la tradición, un peregrino anónimo llevó a Manopello en 1508 y lo entregó al Dr. Giacomo Antonio Leonelli, quien estaba sentado en un banco frente a la iglesia.

Pasó por varias manos y hoy se encuentra en la ciudad con ese nombre, en el Santuario de la Santa Faz.

Algunos investigadores sostienen que sería el sudario que cubría la cara del Señor, encontrado por los apóstoles en Su tumba, pero es algo discutido, porque hay otro lienzo con manchas de sangre que se conserva en Oviedo y que reclama ser el sudario original.

También está la Santa Faz de Alicante, cuya existencia se remonta al siglo XV.

Cuando el cura de San Juan de Alicante viaja a Roma se le obsequia un venerado lienzo de la faz de Cristo que había salvado a Venecia de la peste.

El sacerdote lo deposita en el fondo de un arcón pero siempre aparece en la parte superior y entonces decide sacar el lienzo en rogativa un 17 de marzo de 1489 para pedir la lluvia.

Y al llegar a un barranco brota una lágrima del lienzo, y a partir de allí se registran los milagros.

Pero no fue hasta el siglo XVIII que se desarrollará la devoción popular al Santo Rostro.

En 1844, la Carmelita Sor María de San Pedro registró una locución interior en la que Jesús le decía:


«Aquellos que contemplan las heridas de Mi rostro aquí en la tierra, lo contemplarán radiante en el cielo».


Y le dictó una oración al Santo Rostro, más tarde conocida como la Flecha de Oro o Dorada.

Y a raíz de esta aparición surge la adoración nocturna a la Santa Faz en Francia, organizada por el Venerable Leo Dupont, lo que le valió el título de «Apóstol de la Santa Faz».

León XII entonces estableció la devoción como Archicofradía para el mundo entero, a la que adhirió la familia de otra monja carmelita descalza francesa, Santa Teresa de Lisieux.

Quien 5 décadas después de Dupont, escribió varios poemas, oraciones y realizó hermosas obras de arte que ayudaron a difundir la devoción al Santo Rostro.

Y 5 décadas más adelante, la Beata Sor María Pierina de Micheli recibe la visita del Señor quien le dijo:


«Quiero que Mi Rostro, que refleja los dolores íntimos de Mi Espíritu, el sufrimiento y el amor de Mi Corazón, sea más honrado. El que medita en Mí, Me consuela».


Y luego le agregaría:


«Cada vez que mi Rostro sea contemplado derramaré mi amor en el corazón de esas personas, y por medio de mi Santo Rostro se obtendrá la salvación de muchas almas»


Y en 1958, el Papa Pío XII aprobó formalmente la devoción al Santo Rostro en su forma actual para todo el mundo, y declaró la Fiesta del Santo Rostro de Jesús para el Martes de Carnaval, o sea el martes anterior al Miércoles de Ceniza.

Pero también han habido varias manifestaciones del santo rostro en nuestra ventana de tiempo.

El 4 de febrero de 1988, a las 13 hs., un vidente de las apariciones de Gimigliano, había recibido exhortaciones de Nuestra Señora de observar las señales del cielo, y sigue un misterioso impulso que le mueve a tomar imágenes con una Polaroid, a un palpitante punto luminoso en el cielo en dirección de la montaña Ascensión.

Entonces captura la imagen del Santo Rostro de Jesús.

Y unos días más tarde, la Virgen le diría:


«No tengas dudas acerca de esta foto. Este es el verdadero rostro de mi Hijo Jesús, y nadie debería tener dudas»


Y el 17 de febrero de 1996 una imagen de la Santa Faz sangró dos veces en Benin, África y los presentes recibieron el mensaje:


«¿Todavía me escuchan?».


Un mes después, el 15 de marzo, llegó un médico para recoger la sangre en un tubo de ensayo.

El tubo de ensayo se llenó hasta un cuarto y el médico escuchó una voz que le dijo:


«Ya es suficiente, Yo lo llenaré».


El resultado del análisis de sangre dio grupo AB positivo, como la sangre de la Sábana Santa de Turín y varios milagros eucarísticos en que se analizó la sangre.

Y el 3 de julio de 1998, Bernabé Nwoye, un joven nigeriano, tuvo visiones de Cristo agonizante con una corona de espinas, un corazón coronado de espinas en el lado derecho, y en el izquierdo, un corazón traspasado por una espada.

Jesús le ordenó a Bernabé que hiciera duplicar el retrato y prometió paz y serenidad en las almas de las personas que lo adoraran, y también numerosos milagros.

Esta advocación es aprobada por varios obispos de Nigeria.

Y es especialmente importante en este momento de tanta confusión, incertidumbre y miedo que busquemos refugio en ella, contemplándola y rezando en busca de consuelo, sabiduría y firmeza.

Es por eso que llamamos a que consigas una imagen del Santo Rostro de Jesús, de alguna de estas manifestaciones, y ores la Coronilla a la Santa Faz.

Y me gustaría preguntarte si conoces alguna otra manifestación del rostro de Jesús y si tienes devoción a Él.


Fuente - Texto tomado de FOROSDELAVIRGEN.ORG:
https://forosdelavirgen.org/santa-faz-tiempos-finales/




Video tomado de YOUTUBE:




¿Quién fue María de San Pedro?




María de San Pedro (en francés: Marie de Saint-Pierre) (4 de octubre de 1816 - 8 de julio de 1848). Fue una carmelita descalza que vivió en Tours, Francia. Es conocida por haber iniciado la devoción al Santo Rostro de Jesús, que ahora es una de las devociones católicas aprobadas, y por la Oración de la Flecha de Oro.


Vida


Marie nació el 4 de octubre de 1816 en Rennes, región de Bretaña, hija de Pedro y Frances Portier Eluere, y fue bautizada en la iglesia de San Germán. De niña se llamaba Perrine. Su madre murió a los doce años y fue enviada a aprender corte y confección con dos de sus tías paternas. El 13 de noviembre de 1839 ingresó en el Carmelo de Tours, un monasterio carmelita que tenía una especial devoción al Sagrado Corazón. Perrine tenía una especial devoción a la Santa Infancia de Jesús. Profesó como monja carmelita descalza con el nombre de María de San Pedro y de la Sagrada Familia (en francés: Sœur Marie de Saint-Pierre et de la Sainte Famille) el 8 de junio de 1841.​

El 8 de agosto de 1843 el Papa Gregorio XVI promulgó un breve papal para la erección de una cofradía bajo el patrocinio de Luis IX de Francia para la reparación de la blasfemia contra el Santo Nombre de Dios. El 26 León Dupont, el "santo varón de Tours", distribuyó entre varias de las comunidades de Tours, una oración en honor al Santo Nombre de Dios. Las oraciones habían circulado entre todas las casas religiosas de la ciudad, pero a pesar de estar en términos amistosos con los carmelitas, León Dupont aparentemente las olvidó.​

María relató que dieciocho días después, al comenzar su oración vespertina, Jesús le hizo comprender que le daría una oración de reparación, un "puñal de oro" por la blasfemia contra su Santo Nombre. Le dijo que la devoción que le confiaba debía tener como objetivo no sólo la reparación por la blasfemia, sino también la reparación por la profanación del Día Santo del Señor.​ Ella declaraba invariablemente que estas locuciones interiores no eran ni visiones, ni apariciones; que las verdades que se le mostraban no se exhibían bajo una forma eterna, ni oía físicamente lo que se le encargaba relatar.​

De 1844 a 1847 María de San Pedro informó que tenía "comunicaciones" de Jesús sobre la difusión de la devoción a su Santa Faz.​ Informó que experimentó lo que su biógrafo, Janvier, denomina "una visión interior". En repetidas ocasiones describe que mientras estaba en meditación "El Señor me dio a entender" visiones particulares. Según María de San Pedro, Jesús le dijo que deseaba la devoción a su Santa Faz en reparación por el sacrilegio y la blasfemia, que describió como una "flecha envenenada". Ella escribió la «Devoción a la Santa Faz de la Flecha de Oro» que, según ella, le fue dictada por Jesús. Esta oración es ahora un conocido acto de reparación a Jesucristo.​

La devoción que inició fue promovida por León Dupont. Dupont rezó y promovió el caso de la devoción al Santo Rostro de Jesús durante unos 30 años. Los documentos relativos a la vida de María de San Pedro y la devoción fueron conservados por la Iglesia Católica. Finalmente, en 1874 Charles-Théodore Colet fue nombrado nuevo arzobispo de Tours. El arzobispo Colet examinó los documentos y en 1876 dio permiso para que se publicaran y se fomentara la devoción. La Devoción al Santo Rostro de Jesús fue finalmente aprobada por el Papa León XIII en 1885.

Casi 50 años más tarde, otra monja francesa carmelita descalza, Teresa de Lisieux escribió una serie de poemas y oraciones en la década de 1890 que también ayudaron a difundir la devoción al Santo Rostro. En la década de 1930, una monja italiana, Maria Pierina De Micheli asoció la imagen del Santo Rostro de Jesús de la Sábana Santa de Turín con la devoción e hizo la primera Medalla del Santo Rostro.

La primera Medalla de la Santa Faz fue ofrecida al Papa Pío XII que la aceptó y aprobó la devoción en 1958 y declaró la Fiesta de la Santa Faz de Jesús como Martes de Carnaval, el martes anterior al Miércoles de Ceniza, para todos los católicos.

María murió víctima de tuberculosis con fama de santidad. Enterrada en el cementerio de Saint-Jean des Corps, su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y varias personas relataron milagros obtenidos por su intercesión. El 13 de noviembre de 1857 su cuerpo es trasladado a la iglesia del convento carmelita (en la capilla a la derecha de la entrada) donde una losa de mármol indica el lugar de depósito de las reliquias.


Oración de la Flecha de Oro


"La oración de la Flecha de Oro" se basa en informes de conversaciones interiores de Jesús por María de San Pedro, del Carmelo de Tours, en 1843. Es una oración de reparación en alabanza del Santo Nombre de Jesús. También es una reparación por la profanación del domingo y de los días de precepto.

Se dice que el 16 de marzo de 1844, Jesús le dijo a María:


"Oh, si supieras el gran mérito que adquieres al decir aunque sea una vez, Admirable es el Nombre de Dios, en un espíritu de reparación por la blasfemia".


María declaró que Jesús le dijo que los dos pecados que más le ofenden son la blasfemia y la profanación del domingo. Llamó a esta oración la "Flecha de Oro", diciendo que los que la recitaran lo traspasarían deliciosamente, y también curarían aquellas otras heridas que le infligía la malicia de los pecadores. María de San Pedro vio:


"Brotar del Sagrado Corazón de Jesús, deliciosamente herido por esta 'Flecha de Oro', torrentes de gracias para la conversión de los pecadores".


En su libro escribió que en sus visiones Jesús le dijo que un acto de sacrilegio o blasfemia es como una "flecha envenenada", de ahí el nombre de "Flecha de Oro" para esta oración reparadora.​


La oración es la siguiente:


​Que el santísimo, sacratísimo, adorable, el incomprensible e inefable Nombre de Dios sea por siempre alabado, bendecido, amado, adorado y glorificado en el cielo, en la tierra y bajo la tierra, por todas las criaturas de Dios y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, en el Santísimo Sacramento del Altar.

Amén


Fuente - Texto tomado de ES.WIKIPEDIA.ORG:
https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_de_San_Pedro

Miércoles de Ceniza - Febrero 18 de 2026

    



"Acuérdate de que eres polvo
y al polvo volverás"


Arrepiéntete y cree
en el Evangelio”





El uso litúrgico de las cenizas se originó en tiempos del Antiguo Testamento. Las cenizas simbolizaban luto, mortandad y penitencia. En el Libro de Ester, Mardoqueo se viste de tela de saco y se cubre de cenizas cuando supo del edicto del Rey Asuro que ordenaba el exterminio por la espada de los judíos, en todas las provincias de su reino (Est. 4:1). Job hace penitencia con polvo y cenizas (Job 42:6). Daniel, profetizando el desierto babilonio de Jerusalén, escribe: "Volví mi rostro al Señor, Dios, buscándole en oración y plegaria, en ayuno, saco y ceniza" (Dan. 9:3). En el Evangelio de San Mateo leemos que Jesús menciona el uso de las cenizas: "Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en ti, muchos ha que en saco y ceniza hubieran hecho penitencia" (Mt. 11:21). En la Edad Media, los sacerdotes bendecían los moribundos con agua bendita, diciendo: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver".




La Iglesia adaptó el uso de las cenizas para señalar el comienzo de la temporada penitencial de Cuaresma, cuando recordamos nuestra mortandad y lamentamos nuestros pecados. En la presente liturgia para el Miércoles de Ceniza, utilizamos las cenizas sacadas de las palmas que habían servido el año anterior para la procesión del Domingo de Ramos. El sacerdote bendice las cenizas y las impone en la frente de los creyentes, haciendo la señal de la cruz y diciendo:


"Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás", o "Convertíos y creed en el Evangelio"


Al comenzar esta santa temporada de Cuaresma en preparación para la Pascua de Resurrección, debemos recordar el significado de las cenizas que hemos de recibir: Lamentamos y hacemos penitencia por nuestros pecados. Volvemos nuestros corazones nuevamente al Señor, que sufrió, murió y resucitó para nuestra salvación. Renovamos las promesas que hicimos en el bautismo, momento en el cual murió nuestra vida pasada y nacimos a una nueva vida en Cristo. Finalmente, conscientes que el reino de este mundo pasará, nos esforzamos en vivir el reino de Dios ahora y miramos con santa esperanza a su plenitud en el cielo. 


Tiempo de Cuaresma




"La penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social. Dispuso el Concilio Vaticano II que:


Ha de tenerse como sagrado el ayuno pascual; ha de celebrarse en todas partes el Viernes de la Pasión y Muerte del Señor y aún extenderse, según las circunstancias, al Sábado Santo, para que de este modo se llegue al gozo el Domingo de Resurrección, con elevación y apertura de espíritu" (Sacrosanctum Concilium n. 110)


Días de observancia del ayuno
y abstinencia penitencial
durante el tiempo de Cuaresma:


  • Abstinencia: Todos los viernes de Cuaresma a no ser que coincidan con una solemnidad. Debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal.
  • Ayuno y Abstinencia (se observan ambos): El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.


La ley eclesiástica obliga a guardar abstinencia a los que hayan cumplido 14 años de edad y a practicar el ayuno, a todos los mayores de edad (18 años), hasta que hayan cumplido 59 años.




La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:


  • “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”

  • “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

  • “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”


Origen de la costumbre


Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.

Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.


Significado del carnaval
al inicio de la Cuaresma


La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.).

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la Cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nueva Orleans.


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El ayuno y la abstinencia




El miércoles de ceniza y el Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.


La oración




La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:


  • La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean, llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
  • La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
  • La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.




El sacrificio




Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar.


“Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y Tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6,6)


 

Conclusión




Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a dónde vamos, de analizar cómo es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Esta Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.




  • El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.
  • La confesión de nuestros pecados. El arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.
  • La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación.
  • La oración que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.
  • Conversión que es ir hacia adelante, es el seguimiento a Jesús.


Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.