
Transcripción de YouTube
La guerra en Irán, la de Ucrania, los disturbios civiles en el mundo, el crecimiento del narcotráfico, los desastres que están sucediendo, son parte de la purificación profetizada, el fin de la paciencia divina de la que habló La Salette.
En este video veremos cómo hubo una revolución en la década de los 60 en el mundo y la iglesia. El signo maligno que nos llevó a una situación peor que en la época del diluvio.
Y quédate hasta el final porque también verás como Dios ya está produciendo florecimientos que son la semilla de los apóstoles de los últimos tiempos.
El mundo observó con estupor como la guerra en Irán y en especial el estrecho de Ormuz se ha convertido en el epicentro de una tensión sin precedentes.
Los analistas militares advirtieron que un solo error de cálculo podría desatar un incendio global.
Mientras al norte vemos en la guerra en Ucrania un conflicto que se ha enquistado profundamente.
Lo que comenzaron como operaciones rápidas se han transformado en una herida abierta que drena los recursos y la paz del mundo.
Y al mismo tiempo las sociedades del primer mundo están implosionando desde adentro.
Vemos un aumento alarmante de conflictos civiles y una polarización extrema que divide a familias y naciones enteras.
El orden social en Occidente se ha desmoronado entre protestas violentas y una pérdida total de respeto por la autoridad.
Y a esto se suma el avance imparable del narcotráfico a escala mundial, que ya no es solo un problema de seguridad.
El crimen organizado ha penetrado en las instituciones y corrompe la estructura moral de las nuevas generaciones.
Estos no son hechos aislados, sino señales de una purificación en marcha que se está manifestando progresivamente.
Estamos ante el despliegue físico de lo que las revelaciones marianas llamaron el fin de la paciencia divina.
La apostasía generalizada ha dejado un vacío espiritual que ahora se llena con el estruendo de los misiles y el caos en las calles.
Las naciones que antes se llamaban cristianas hoy han retirado su escudo de oración y han abrazado una vida sin Dios.
Y esta ausencia de fe ha permitido que el brazo de la justicia comience a descender sobre una humanidad que se cree autosuficiente.
El panorama mundial confirma que el tiempo de las advertencias silenciosas ha terminado.
Y para comprender el fin de la paciencia divina debemos volver la mirada hacia la montaña de La Salette.
La Virgen lloró en la montaña por los pecados de los hombres y por la indiferencia de quienes deberían guiar las almas.
Ella anunció que si el pueblo no se sometía, el brazo de su hijo caería con todo su peso para purificar la tierra.
Este brazo representa la justicia divina que se manifiesta cuando la misericordia ha sido rechazada sistemáticamente por las naciones.
La profecía señala que este peso se vuelve insoportable cuando la apostasía deja de ser un error individual para convertirse en una ley generalizada.
¿Y cuándo fue el momento central en que esto estalló?
Los investigadores Lorentén y Corteville lograron entrar en los archivos del Vaticano y rescatar los manuscritos originales de los videntes de La Salette.
Y en esos documentos aparece una frase misteriosa de la Virgen.
En el año guat, Lucifer, con un gran número de demonios será desatado del infierno. Y especificó que estos demonios abolirán la fe poco a poco, incluso en las personas consagradas, y que la cegarán de tal manera que, salvo una gracia particular, estas personas adoptarán el espíritu de esos ángeles malos.
Siempre se pensó que se refería al año 1864, pero hoy viendo la historia reciente podemos entender finalmente que se refería el año 1964.
A partir de ese año, el mundo entró en una aceleración del pecado. Fue el punto de quiebre donde las estructuras que sostenían la cristiandad empezaron a agrietarse desde su base. ¿Qué pasó en la década de los 60?
La Virgen advirtió que la abominación entraría en los lugares más santos.
Este momento coincide en la Iglesia con el Concilio Vaticano Segundo y el nacimiento o interpretación sesgada llamada el espíritu del concilio, que tuvo mucho predicamento.
Bajo esta bandera se impuso una visión del mundo que comenzó a vaciar la iglesia de su contenido sagrado y sobrenatural. Fue una rebelión total contra la autoridad y la tradición que penetró profundamente las estructuras eclesiásticas. Y a partir de ahí, los indicadores de la salud de la iglesia entraron en un colapso sin precedentes.
Vimos la renuncia masiva de miles de sacerdotes y monjas que abandonaron sus votos. Los seminarios que antes estaban llenos empezaron a vaciarse en apenas unos pocos años.
La asistencia a la misa dominical cayó en picada y el sacramento de la confesión prácticamente desapareció de la vida de los fieles y además esta década de los 60 trajo consigo una revolución en el mundo a partir de los eventos como el mayo de París, los hippies, el amor libre, la guerra de Vietnam, la construcción del muro de Berlín, la crisis de los misiles de Cuba, etcétera.
La Virgen en La Salette utilizó además una expresión durísima sobre la Iglesia al decir que Roma perdería la fe y se convertiría en la sede del anticristo.
Este proceso no ocurrió por generación espontánea, sino a través de lo que la doctora Marian Horvat define como una triple infiltración.
El primer eje fue la infiltración política en el mundo mediante el comunismo, que buscaba destruir la preocupación por la salvación del alma y los valores trascendentes y que luego penetró en la Iglesia. Bajo la apariencia de justicia social se introdujeron errores en la iglesia que vaciaron el mensaje del evangelio de su sentido eterno.
El segundo eje fue la infiltración religiosa a través del modernismo masónico que actuó como un cáncer silencioso. Este movimiento buscaba cambiar la fe desde adentro, utilizando el lenguaje de la iglesia, pero dándole un significado completamente humano y terrenal.
Y el tercer eje y quizás el más devastador fue la infiltración psicológica dentro de los seminarios. Se buscó cambiar la mentalidad de los futuros sacerdotes para que dejaron de ser hombres de oración y se convirtieran en agentes de cambio social.
Quizás esto también explica por qué la Virgen llamó al clero como una cloaca de impurezas.
Y al observar la degradación actual del mundo, fruto también en que entró la prédica de la iglesia, es imposible no recordar las palabras del evangelio sobre los últimos tiempos.
Jesús advirtió que el final de una era sería igual a los días de Noé. En aquel entonces, la humanidad vivía sumergida en una soberbia que la llevaba a ignorar por completo las advertencias del cielo.
Y hoy nos encontramos en una situación que, según las visiones de la Virgen en Angüera, es incluso más grave que la del diluvio.
Vivimos en una civilización que ha convertido el pecado en un derecho y la rebelión contra el creador en una virtud.
Y la tecnología moderna y el poder nuclear son la nueva torre de Babel con la que el hombre pretende desafiar las leyes de la naturaleza.
Y la Iglesia Católica es en este escenario el arca que Dios ha puesto a disposición de los hombres para atravesar la tormenta.
Sin embargo, el arca hoy parece estar rodeada de burlas y de ataques, tanto externos como internos.
Y la humanidad, por tanto, está preparando su propio castigo al alejarse de la única fuente de vida y de orden, que es Dios.
Quien se queda fuera del arca por soberbia o por indiferencia, quedará a merced de los eventos que ya parece que no pueden ser detenidos por manos humanas.
Pero en medio de este panorama de sombras están apareciendo brotes de una primavera espiritual inesperada.
Mientras las estructuras burocráticas de la iglesia parecen languidecer, surge una fuerza nueva desde la base.
Estamos siendo testigos de un fenómeno que los sociólogos no logran explicar racionalmente.
En países como Francia, Estados Unidos y otros, el número de bautismos de adultos ha alcanzado récords.
Miles de jóvenes que crecieron en el vacío del secularismo están llamando a las puertas de los templos buscando la verdad.
Hay un renovado y vigoroso interés por la misa tradicional y por la profundidad de la ortodoxia católica.
Los jóvenes están redescubriendo el valor del silencio, del latín y de la liturgia que conecta con lo sagrado.
Estos sucesos los hemos venido siguiendo en nuestras redes sociales, Telegram, WhatsApp, Facebook. El caldo para el surgimiento de los que San Luis María Grignon de Monfort llamó los apóstoles de los últimos tiempos, que son almas que se están forjando en la resistencia espiritual frente al colapso de los valores de Occidente.
Mientras los gobiernos se arman para un conflicto bélico, estos jóvenes se arman con el rosario y la vida de gracia.
Este florecimiento es la prueba de que el Espíritu Santo está preparando un remanente fiel de entre las ruinas del viejo mundo.
Hasta aquí como la guerra de Irán, la de Ucrania, los disturbios civiles, el narcotráfico, etcétera, son señales de la purificación en marcha en el mundo y la iglesia y que tuvieron inicio de su revolución en los años 60.
Y hoy vemos señales de un cierto despertar. ¿Y tú qué opinas?
En la parroquia a la que concurres, ¿ves algunas señales promisorias del despertar o no?
Y que Dios te bendiga y te haga sensible para ver las señales de los tiempos.
Fuente - Video tomado de YOUTUBE:
Favor leer estos artículos relacionados: