lunes, 31 de agosto de 2026

12 Razones por las que la Biblia es un lugar de encuentro con Jesús

    



No es un libro pasado de moda.


Por: Sebastián Campos | Fuente: Catholic-link.com 




Familiarizarnos con la Biblia es tremendamente importante para los que hacemos apostolado, pero no solo porque tengamos que usarla como un recurso para preparar nuestras actividades o encontrar lindos versículos que darán nombre a nuestros encuentros o serán el lema inspirador de alguna de las actividades que realizamos, sino porque es Dios mismo hablándonos de su amor quien está entre esas líneas.

Cómo acercarse a ella, cómo usarla en la oración y cómo profundizar en su estudio, no siempre es cosa fácil, por eso hemos querido compartir contigo esta galería en donde buscamos motivarte a su lectura pero sobre todo a que puedas abrir tu corazón para recibir a Dios que habita en su Palabra.


1. No es sólo información... Dios nos habla a través de ella


Si te has dado el tiempo de mirar programas en esos canales que dan documentales, seguro has visto cosas tituladas algo así como: "los misterios de la Biblia" o los "secretos de la Biblia". Aunque puede que los tenga, es mejor idea mirar a la Biblia como un texto escrito por amor, para acompañar a la humanidad de parte de Dios, no para contarnos hechos históricos y con la intención de tener un lenguaje oculto e indescifrable.

Si quieres información, para eso están los libros de historia, y de hecho hay muchos y muy buenos.


2. No la veas sólo como un instrumento apologético


Seguro te ha pasado que intentas defender la fe desde la Palabra de Dios y para eso te preparas, marcas los textos controversiales, buscas argumentos dentro de la misma Biblia para contra argumentar los que te dan.

Claro que la Biblia contiene todo lo necesario para defenderse por sí misma, está llena de verdad y si la estudiamos seriamente, vamos a encontrar elementos para defender nuestra fe, pero es mejor que te acerques a ella no solo para buscar buenas e ingeniosas respuestas para un debate, sino para encontrar la voz de Dios, tan necesaria para nuestras vidas.


3. Está escrita en clave de amor


No te quedes solo con los acontecimientos históricamente bélicos en donde una nación se ponía en guerra contra la otra. Tampoco te quedes con los castigos de parte de Dios para aquellos que no hicieron su Voluntad.

Jesús nos ha venido a explicar las escrituras con su propia vida. La Palabra de Dios fue escrita para decirnos que Él nos ama y nos quiere a su lado. Quizás el lenguaje no siempre nos ayuda tanto a comprender esa idea, pero con el corazón abierto y acercándote a ella con ternura, encontrarás pasajes como: "Con cuerdas de ternura, con lazos de amor los agraria; fui para ellos como quien alza a un niño hasta sus mejillas o se inclina hasta él para darle de comer" (Oseas 11, 4).


4. Se lee como una carta de amor, no como un libro de historia


Si te ha tocado recibir una carta escrita a mano por quien amas, esas que se escribe uno cuando el amor de la juventud te hace explotar de pasión; seguro que la leías con una actitud diferente a como leías el periódico.

Muchos de los acontecimientos que se relatan en la Biblia no son históricos, sino que están escritos en un lenguaje metafórico para darnos a entender una idea.

Muchas de las historias que aparecen ahí tienen como objetivo tocar nuestros corazones para que nos acerquemos a Dios y el Papa Benedicto XVI lo tiene muy claro cuando nos dice que: "en primer lugar, es preciso leer la Biblia no como un libro histórico o literario cualquiera, por importantes, hermosos o relevantes que sean sus contenidos y su autor. La Biblia hay que leerla como Palabra de Dios, es decir, entablando una conversación con Dios, que me habla y me llama a través de su Palabra. Hay que llamar a esta puerta, como afirmaba San Agustín, "he llamado a la puerta de la Palabra para encontrar finalmente lo que el Señor me quiere decir", con alma orante, con espíritu humilde, con disposición del corazón, con apertura de la mente".


5. Es el relato más apasionante de la historia... por eso lo contamos a todo el mundo


Imagina nada más que Dios se pone a crear todo por amor. Luego desarrolla un plan magistral, en donde el único objetivo es que a aquellos a los que creó para que fueran libres, libremente regresen a él y descubran por qué han sido creados. Todo eso, explicado a través de un pueblo escogido, matizado con incontables prodigios y asombrosos sucesos. Y de final para el infarto, el mismo Dios baja a la tierra para decirnos que nos ama y nos quiere de regreso. Y además la historia no se queda corta de signos milagrosos, prodigios y cosas sólo dignas de Dios. ¿Acaso no te apasiona una historia así?

Por eso, porque es una buena noticia, los cristianos amamos la Palabra de Dios.


6. Su estudio sí o sí debe ser espiritual, no sólo teórico


Es importante estudiarla y conocerla, pues nuestra fe tiene sus cimientos en ella, pero el que sea estudiada teóricamente no le quita lo espiritual. La Lectio Divina es una metodología que a muchos ayuda a poder acercarse a la Biblia de forma orante y sencilla.


Son 4 pasos:


1. Lectura
2. Meditación
3. Oración
4. Contemplación


Así como este método, hay muchos más, pero la CELAM (Conferencia Latinoamericana de Obispos) nos propone ésta.


7. No es un conjunto de buenas frases


Gracias a las populares tarjetas del tipo "pan de la Palabra" o "pan de vida", algunos han tomado el hábito de acercarse a la Biblia sólo como una buena frase para poner bajo una foto en nuestras redes sociales, aunque algunos más "espirituales" lo toman como una especie de predicción sobre el futuro o como una instrucción de parte de Dios para aplicarla en la vida.

De hecho hay quienes abren la Biblia azarosamente esperando encontrar alguna respuesta arbitrariamente poniendo el dedo sobre el primer versículo que ven.

Dios nos quiere hablar a través de su Palabra, pero no quiere que la usemos al azar. Imagina como sería que hoy Dios te muestre el siguiente versículo:


"Entonces Judas, arrojando en el templo las monedas, se retiró, luego fue y se ahorcó" (Mateo 27, 5)


¿Qué haces después de ese versículo? Mejor nos acercamos a ella sin el azar ni con versículos aislados. Si deseas saber que quiere decirte Dios hoy, revisa el Evangelio del Día, que son las lecturas que se utilizan en misa hoy en todo el mundo.


8. Familiarízate con ella... es para ti


Cuenta un relato que dos Obispos iban sentados en un avión de viaje a una reunión. Uno de ellos tenía una Biblia espectacular, bordes dorados, las tapas de cuero con motivos en relieve, una edición de verdad de lujo y muy bien cuidada, se notaba que para él era un tesoro. El otro tenía una Biblia Latinoamericana, muy a mal traer, con las hojas todas dobladas en las esquinas, las tapas con un poco de cinta adhesiva para mantenerlas en su lugar; estaba llena de marcadores, subrayada, con papeles saliendo de ella por todas partes... Realmente era lo que podemos llamar: "una Biblia de combate". El de la Biblia de lujo, mirando con desprecio y sorpresa le dice: "Monseñor, ¿Cómo puede tratar así a la Sagrada Biblia, acaso no le da vergüenza?" A lo que el otro responde: "Vergüenza me daría usar la Biblia como un adorno, seguro cuando el Señor inspiró a los autores, lo hizo para que la leyéramos, eso es lo que hago a diario y muchas veces".

¿Cómo está tu Biblia? ¿Es sólo un adorno en el velador o su lectura forma parte de tu vida?


9. El vicio de los que hacemos apostolado: usarla como una herramienta


Aquellos que hacemos apostolado, como tú y como yo, sin darnos cuenta, en ocasiones caemos en un hábito que, aunque no está mal, tampoco está para nada bien: tomamos la Biblia solo cuando tenemos que preparar algo, la usamos como una herramienta para nuestro apostolado y nada más.

Nos pasa sin querer, pero al estar sumergidos en muchas actividades pastorales, estamos siempre con la Biblia en la mochila, toda marcada y subrayada, pero todo lo que tenemos destacado son los textos que vamos a usar en nuestra próxima charla o reflexión en nuestra comunidad y de lo que menos hay, son aquellos textos en los que Dios nos ha hablado al corazón en nuestra oración íntima.

La Palabra de Dios también es para nosotros, no solo para que se la expliquemos a aquellos a quienes servimos. Léela también para ti.


10. Debemos interpretarla con ayuda


Es buena idea acercarse a ella con todas las ganas posibles, pero al mismo tiempo con prudencia, pues su interpretación no siempre es cosa fácil. De hecho el que sea interpretada de forma arbitraria, es lo que conduce a errores en la fe.

El Papa Benedicto XVI, un experto en asuntos relacionados a la Biblia nos dice que:

"La Sagrada Escritura nos introduce en la comunión con la familia de Dios. Por ello, no se puede leer a ráfagas y a ventoleras. No basta con una lectura individual, menos aún con una búsqueda y sensibilidad fundamentalista. Hay que dejarse ayudar por los grandes maestros de la Palabra de Dios que tienen experiencia de la fe, que han penetrado en el sentido de la Sagrada Escritura, y por los miembros de nuestras propias comunidades. Por supuesto, que es precisa una lectura personal de la Biblia. Pero lectura personal no significa hacerlo fuera de la comunión de la Iglesia".


11. Es una buena idea recordar que fue escrita por hombres en un contexto


Lo primero es que no debes olvidar que lo que nosotros leemos son "traducciones de la Biblia", habiendo unas más fieles que otras, por lo tanto, aunque el mensaje es el mismo, el lenguaje puede cambiar. Por eso es bueno tener más de una traducción e ir comparando. Considerando que es una traducción, es importante saber de qué lengua se tradujo y así comprender un poco del contexto en que fue escrita. Muchos libros fueron escritos en hebreo, otros tantos en griego, algunos en arameo.

Comprendiendo eso, es más fácil acercarse a aquellos pasajes que hablan del rol de la mujer o del culto y celebraciones religiosas. Todo lo que está escrito, aunque inspirado por Dios, también está bajo las costumbres y cultura de la época, por lo tanto averiguar sobre ese contexto, es importante para no equivocarse en la interpretación.


12. Recuerda siempre el mensaje principal que contiene: Dios te ama


Sobre la Biblia, hay una cosa que no debes olvidar nunca: el tema principal de toda la Sagrada Escritura es que Dios te ama, te quiere a su lado, hace todo lo posible porque experimentes ese amor y luego, tú mismo salgas a contarle a todo el mundo sobre cómo tu corazón es renovado por su misericordia.

Te invitamos a que guardes en tu corazón esta declaración de amor de parte de Dios para ti:


"Y es que tú vales mucho para mí, eres valioso y yo te amo" (Isaías 43, 4a)


Fuente - Texto tomado de ES.CATHOLIC.NET:
http://es.catholic.net/op/articulos/66606/12-razones-por-las-que-la-biblia-es-un-lugar-de-encuentro-con-jesus

7 poderosas razones del por qué los católicos somos devotos a la Virgen María

  



La verdadera devoción a María, no se queda en Ella, sino nos conduce hacia Dios.




Luego de haber realizado más de setenta mil exorcismos, el padre Gabrielle Amorth, fundador y presidente honorario de la Asociación Internacional de Exorcistas, exorcista oficial en Roma, afirma que el demonio le tiene odio feroz a la Virgen María.

El obispo de Nigeria declaró que Jesucristo le dejó ver que el rezo del Santo Rosario es un instrumento poderosísimo para terminar con la violencia de Boko Haram, un grupo islámico radical y sanguinario que se ha dedicado a perseguir, secuestrar, torturar, aterrorizar y asesinar a miles y miles de cristianos de ése y otros países.

Scott Hahn, ex-presbiteriano convertido al catolicismo, prolífico autor y actual profesor de teología en una universidad católica en EE.UU., cuenta que empezar a rezar el Rosario marcó una gran diferencia en su vida y lo ayudó en su conversión.




Tres testimonios muy distintos y una misma conclusión: A la Virgen María Dios le ha concedido un poder muy especial, capaz de vencer al demonio y de convertir los corazones. Los católicos lo sabemos y por ello nos acogemos confiados a su guía y protección. Pero hay muchas personas que no lo saben, y lamentablemente se pierden de su maternal intercesión.


7 razones de nuestra devoción
a la Virgen María


1.- María es Madre de Jesucristo.




Lo dice en la Biblia (Ver Mt 1,16.18; 2,11; Lc 1, 42-43).


2.- María vive en el cielo, al lado de su Hijo.




Los católicos creemos que fue asunta al cielo en cuerpo y alma, pero para quienes no aceptan lo que no está en la Biblia (aunque la propia Biblia no pide eso), hay un argumento bíblico: Jesús afirma que “para Dios todos viven, porque no es un Dios de muertos sino de vivos” (Lc 20,38), así que María está viva y en el cielo.


3.- María nos comprende y nos ayuda.




Como ser humano, como mujer, nos comprende perfectamente. Y los Evangelios la muestran siempre atenta a las necesidades de los demás y siempre dispuesta a ayudar: por ejemplo, en cuanto se entera de que su anciana prima está embarazada, va presurosa a apoyarla (ver Lc 1, 36.39-40), y en cuanto se da cuenta de que en cierta boda faltaba el vino, avisó a Jesús (ver Jn 2,3).


4.- María es nuestra Madre.




Desde la cruz, Jesús encomendó a María al discípulo amado (ver 19, 25-27), y en él, a todos nosotros.


5.- María intercede por nosotros.




No acudimos a Ella como si fuera diosa, nuestra devoción no es idolatría. Le pedimos, como en el Avemaría que ‘ruegue por nosotros’, a ¿quién? a Dios.




En revelaciones y apariciones como la de la Virgen de Guadalupe, María nos ha declarado su amor maternal y ofrecido su intercesión. En la Biblia dice que “hay un solo mediador entre Dios y los hombres: Cristo Jesús” (1 Tim 2,5), pero ello no quita que María pueda interceder por nosotros ante su Hijo, al igual que tú o yo podemos orar por otros, como pide la Biblia (ver St 5, 16; 1 Tim 2,1).


6.- María obtiene de Jesús cuanto le pide.




En el Antiguo Testamento vemos que la mujer más poderosa de un reino no era la esposa del rey (solían tener muchas), sino su madre (ver, por ejemplo, 1 Re 1). En el Evangelio vemos que también María, Madre del Rey, tiene el poder de obtener de su Hijo lo que le pide. En la boda de Caná, Jesús acepta intervenir, sólo porque Su Madre se lo pidió (ver Jn 2,6-11).

Hay quien dice que Jesús no tenía consideración a María porque en dos ocasiones la llamó ‘mujer’ en lugar de ‘mamá’, a lo que cabe responder que, como judío, Jesús sin duda cumplió el mandamiento de honrar al padre y a la madre (ver Ex 20,12). Llamar a María ‘mujer’ no era señal de desprecio, todo lo contrario, era encumbrarla a una posición universal, expresar que Ella es la nueva Eva, y que si por una mujer, Eva, nos vino el pecado y la muerte, por otra ‘mujer’, María, nos viene la redención, por medio de su Hijo.


7.- María nos lleva hacia Dios.




La verdadera devoción a María, no se queda en Ella, sino nos conduce hacia Dios. María no quiere nada para sí, Ella nos presenta a Jesús y siempre nos pide: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5). Acercarnos a Ella es acercarnos a Él, amarla para amarlo a Él.


Fuente - Texto tomado de ES.CATHOLIC.NET:

REFLEXIÓN - 5 Claves para seguir dando gloria a Dios cuando todo en tu vida sale mal

  



Hay ciertos momentos en nuestras vidas donde todas las puertas parecen cerrarse al mismo tiempo.


¿Qué hacer en esos momentos?


Por: Solange Paredes | Fuente: Catholic-link.com 


«Sé bien en quién he puesto mi confianza» (2 Tim 1, 12). Poderosa frase de san Pablo que aparece en la segunda carta que le envía a su amigo Timoteo desde la prisión. Por supuesto, esta no es una afirmación ligera, sino que tiene todo el peso y autoridad de un cristiano que está atravesando uno de los peores momentos de su vida, pues cuando escribe esto, Pablo está en Roma, aguardando su condena a muerte. Se encuentra solo, abandonado hasta por los creyentes. Aún así, le escribe a Timoteo para comunicarle su ánimo y total confianza en el Señor. 

¡Qué testimonio! ¡Qué fe! Cuánta razón tenía Pablo en señalar en esa misma carta: «He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe» (2 Tim 4, 7). Tal vez nosotros no estemos en prisión, esperando nuestra condena a muerte, pero solo Dios sabe de nuestros problemas y nuestro dolor, de su profundidad y complejidad, de la carga que cada uno lleva sobre los hombros… Probablemente (ojalá) la mayor parte del tiempo sea un dolor quieto, presente pero apenas perceptible. Sin embargo, hay ciertos momentos en nuestras vidas donde todas las puertas parecen cerrarse al mismo tiempo, donde distintas situaciones sofocan nuestra vida y parece que literalmente TODO sale mal y no hay salida. ¿Qué hacer en esos momentos?

Como sabemos, los santos no fueron extraños a este escenario. Su amor a Dios y su fe no los eximieron del sufrimiento, ni ellos tampoco pretendieron que así fuera. La diferencia entre ellos y nosotros es que los santos, a pesar de atravesar semejantes o peores vicisitudes, conocían a su Señor y confiaban en Él. Es por eso que, basados en ese testimonio, les ofrecemos 5 puntos de reflexión que pueden ayudarnos cuando nos sintamos abatidos o defraudados por la vida:


1. Un día a la vez




«No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le bastan sus propias preocupaciones» (Mateo 6,34)


De esta forma, nuestro Señor nos alienta a no vivir en el pasado (resentimientos) ni mortificarnos por cosas que todavía no suceden (preocupaciones). Como verdadero hombre, conoce nuestra naturaleza y sabe de qué pie cojeamos. Él nos insta a vivir en el presente, a enfocarnos en las herramientas que tenemos hoy para que con cabeza clara podamos trabajar en lo que nos compete. De lo contrario, seremos presa fácil de preocupaciones abrumadoras que nos llenan de desaliento y que en el peor de los casos pueden llevarnos a la desesperación.

Un buen antídoto frente a esto es la oración de Santa Teresa de Ávila, Doctora de la Iglesia. Ella misma fue atribulada por enfermedades, problemas, persecución y calumnias. Sin embargo, su fe, aplomo y sabiduría hizo que esta mujer revolucionara la sociedad de su tiempo y fuera un verdadero regalo de Dios a su Iglesia. Esta es pues una oración escrita en medio de esas contradicciones:




«Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Solo Dios basta. Eleva tu pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe. A Jesucristo sigue con pecho grande, y, venga lo que venga, nada te espante. ¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable, todo se pasa. Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel y rico en promesas, Dios no se muda. Ámala cual merece bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia. Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza. Del infierno, acosado, aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene. Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios tu tesoro nada te falta. Id, pues, bienes del mundo; id dichas vanas; aunque todo lo pierda, solo Dios basta» (Santa Teresa de Ávila, 1515-1582).


2. El sufrimiento/los problemas también son una oportunidad




«Bendita la crisis que te hizo crecer, la caída que te hizo mirar al cielo, el problema que te hizo buscar a Dios» (San Pío de Pietrelcina).


Con esta corta frase, este gran santo italiano encapsula la sabiduría profunda de saber reconocer a Dios y su amor en medio de los problemas.

Podemos estar de acuerdo en que a veces nuestra propia terquedad, egoísmo, soberbia o incluso ignorancia hace que vivamos de espaldas a Dios, llevando vidas no malas necesariamente, pero bastante lejanas de ser santas. Es así que, sin darnos cuenta, podemos volvernos indiferentes con respecto a Dios, los sacramentos, el servicio a los demás o cualquier aspecto de la fe. Vivir así pone en peligro nuestra eternidad y Dios, como Buen Padre, intenta de todos los modos llamar nuestra atención, romper el estado zombi y catatónico de nuestra existencia para al fin abrirnos a Él.

El gran santo español, Juan de Ávila, también Doctor de la Iglesia, se refería a la sensación de ausencia de Dios como “noche del alma”. En el caso de los santos, la noche del alma no se refiere a momentos de crisis para que vuelvan a Dios, sino al tiempo prolongado de sequedad espiritual por el cual las almas devotas purifican su amor a Dios, de tal forma que lo amen no por lo que obtienen de Él sino por Él mismo. Ya sea que, nuestro caso sea uno u otro, creo que podemos identificarnos con la oración que San Juan de Ávila escribió estando injustamente preso acusado por sus propios hermanos. Edifica mucho que él celebre esta “noche oscura” pues sabe que es a partir de ella que el alma (la amada) y Dios (el Amado) se encuentran con redoblado amor:




«En una noche oscura, con ansias de amores inflamada, ¡oh dichosa ventura! salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada, sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía. Aquella me guiaba, más cierta que la luz del mediodía, adonde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte donde nadie parecía. ¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche más amable que la alborada, Oh noche que juntaste amado con amada, amada en el Amado transformada!»


En medio de las dificultades y el desconcierto no hay otra luz que guíe sino la fe. Felices de nosotros si esa fe es como la que describe san Juan de Ávila: más cierta que la luz del mediodía.


3. Amar a Dios es confiar en Él




«Nos vienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos. Andamos con graves preocupaciones, pero no desesperados: perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aplastados» (2 Cor 4, 8).


Una vez más citamos al gran apóstol san Pablo. Por medio de sus escritos y enseñanzas, no nos queda duda que conocía a nuestro Señor, que había experimentado Su amor y que, por eso, confiaba en Él. Como señalaba el Padre Bernardo Hurault: «Con la firme esperanza de la fe, el testigo de Cristo ha de mostrarse valiente y fuerte como mensajero de Cristo Vencedor. Convencerá por su propia convicción». Esa convicción será verdadera si nosotros, en medio de los problemas, no nos alejamos de Dios, sino que recurrimos más fervientemente a los sacramentos y a su Palabra que salva. En ese momento, experimentaremos la certeza de sabernos hijos amados de Dios y aunque andemos con graves preocupaciones, no caeremos en la desesperación, pues mientras estemos en gracia de Dios, nuestras vidas estarán en Sus manos.


4. ¿Voluntad de Dios?




Aunque a veces en el lenguaje cotidiano se suela atribuir cualquier cosa buena o mala a la voluntad de Dios, se puede caer en el error de creer que asesinatos, robos o cualquier tragedia sean algo que Él haya deseado. Como explicaba Madre Angélica, dentro de la voluntad de Dios, hay cosas que Él ordena, es decir cosas que desea para nosotros, y otras cosas que permite. Dentro de esta última categoría estarían los males ocasionados no por el bien, sino por la ausencia de Dios en la vida de las personas que los cometen. Sabemos que Dios respeta nuestra libertad, pues no somos robots que Él controla a su antojo (así de grande es su amor). Por lo tanto, a pesar de que Él no desee la muerte de alguien a causa de un conductor ebrio, por ejemplo, puede permitirlo sabiendo que en su omnipotencia «todas las cosas obran para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito» (Romanos 8, 28). La frecuencia de los sacramentos nos dará esta paz y certeza.

Más aún, en el evangelio, nuestro mismo Señor nos conforta y nos pide que no tengamos miedo. Nos habla una y otra vez del amor del Padre y de cuánto le importamos. Esto debería bastarnos para no dejarnos abatir por el peso de los problemas, pues Dios está en control de la historia:




«¿Acaso un par de pajaritos no se venden por unos centavos? Pero ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a ustedes, hasta sus cabellos están todos contados. ¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto, no tengan miedo» (Mt 10, 29-31)


5. Mirar la Cruz




¿Quién puede reclamar genuinamente acerca de las injusticias de la vida si fue el propio Jesucristo que experimentó la injusticia más grande de la historia? ¿Cómo ese Dios no va a entender nuestro padecimiento? ¿Cómo no hallaremos en Sus brazos consuelo? Mirar a Cristo crucificado en medio de nuestro dolor, llorar con Él frente al Santísimo, puede darnos el más dulce de los consuelos y la gracia de entender un poquito más el sentido salvífico del dolor. Mientras tanto, comparto con ustedes un extracto de «La Imitación de Cristo» de Thomas de Kempis:




«Tengo ahora muchos amantes de mi reino; pero pocos se preocupan por mi cruz. Muchos desean mis consuelos, pocos mis tribulaciones. Encuentro muchos compañeros de mi mesa, pocos de mi abstinencia. Todos quieren alegrarse conmigo, pocos quieren sufrir algo por mí. Muchos me siguen hasta la fracción del pan; pocos hasta beber el cáliz de mi Pasión. Muchos reverencian mis milagros, pocos se apegan a la ignominia de mi cruz. Muchos me aman mientras la prueba no les llega. Muchos me alaban y me bendicen mientras reciben algunos favores. Pero si me escondo y los dejo un instante, se quejan y caen en el más completo abatimiento. Al contrario, los que me aman por mí mismo y no en vista de algún interés particular, me bendicen en las pruebas y en las angustias del corazón, como en medio de las grandes alegrías».


Que nuestro Señor nos dé la gracia de los santos y aprendamos a amarlo, ofrecer nuestro sufrimiento por el bien de las almas y finalmente descansar nuestros corazones en el de Él. Así sea.


Fuente - Texto tomado de ES.CATHOLIC.NET: