miércoles, 26 de agosto de 2026

Santa Mónica - Viuda - Madre de San Agustín - Fiesta Agosto 27

     



Nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km. de la ciudad de Cartago en el año 331, de familia cristiana. Fue un modelo de madres; alimentó su fe con la oración y la embelleció con sus virtudes. Murió en Ostia el año 387.


Su esposo


Santa Mónica deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad, pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio. Éste era un buen trabajador, pero de genio terrible, además mujeriego, jugador y pagano, que no tenía gusto alguno por lo espiritual. La hizo sufrir muchísimo y por treinta años ella tuvo que aguantar sus estallidos de ira, ya que gritaba por el menor disgusto, pero éste jamás se atrevió a levantar su mano contra ella. Tuvieron tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por varias décadas, cuya conversión le costó muchas lágrimas y oraciones.

Mónica le perdonó muchas cosas a su esposo Patricio y lo soportó con la paciencia de un carácter fuerte y bien disciplinado. Por su parte, Patricio aunque criticaba la piedad de su esposa y su liberalidad para con los pobres, la respetó y, ni en sus peores explosiones de cólera, levantó la mano contra ella. Mónica explicó su sabiduría sobre la convivencia en el hogar:


"Es que cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos, y yo no acepto la pelea, pues... no peleamos"


Esta fórmula se ha hecho célebre en el mundo y ha servido a millones de mujeres para mantener la paz en casa. Mónica recomendaba a otras mujeres casadas, que se quejaban de la conducta de sus maridos, que cuidasen de dominar la lengua por ser ésta causante en gran parte de los problemas en la casa. Mónica, por su parte, con su ejemplo y oraciones, logró convertir al cristianismo, no sólo a su esposo, sino también a su suegra, mujer de carácter difícil, cuya presencia constante en el hogar de su hijo había dificultado aún más la vida de Mónica. Patricio murió santamente en 371, al año siguiente de su bautismo.

Tres de sus hijos habían sobrevivido, Agustín, Navigio, y una hija cuyo nombre ignoramos.


Viuda, y con un hijo rebelde


Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande hacia los pobres, nunca se opuso a que dedicara de su tiempo a estos buenos oficios y quizás, el ejemplo de vida de su esposa logró su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año 370 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo hiciera su suegra, mujer terriblemente colérica, que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado grandemente la vida a la pobre Mónica. Un año después de su bautizo, Patricio murió, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.


El muchacho difícil




Patricio y Mónica se habían dado cuenta de que Agustín era extraordinariamente inteligente, y por eso decidieron darle la mejor educación posible y lo enviaron a la capital del estado, a Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero a Patricio, en aquella época, sólo le interesaba que Agustín sobresaliera en los estudios, fuera reconocido y celebrado socialmente y sobresaliese en los ejercicios físicos. Nada le importaba la vida espiritual o la falta de ella de su hijo, y Agustín, ni corto ni perezoso, fue alejándose cada vez más de la fe y cayendo en mayores y peores pecados y errores, porque poseía un carácter caprichoso, egoísta e indolente, con lo cual había hecho sufrir mucho a su madre.


Una madre con carácter


Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez más preocupantes del comportamiento de su hijo. En una enfermedad, ante el temor de la muerte, se hizo instruir acerca de la religión y propuso hacerse católico, pero al ser sanado de la enfermedad abandonó su propósito de hacerlo. Adoptó las creencias y prácticas de una secta Maniquea, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el diablo.

Cuando Agustín volvió de las vacaciones a Tagaste, Mónica que era bondadosa pero no cobarde, ni débil de carácter, al escucharle argumentar falsedades contra la verdadera religión, para no oír las blasfemias del joven, lo echó sin más de la casa y cerró las puertas, porque bajo su techo no albergaba a enemigos de Dios. 


La visión esperanzadora


Pero una consoladora visión que tuvo, la hizo tratar menos severamente a su hijo:




"Soñó, en efecto, que se hallaba en el bosque, llorando la caída de Agustín, cuando se le acercó un personaje resplandeciente y le preguntó la causa de su pena. Después de escucharla, le dijo que secase sus lágrimas y añadió: 'Tu hijo está contigo'. Mónica volvió los ojos hacia el sitio que le señalaba y vio a Agustín a su lado". Cuando Mónica contó a Agustín el sueño, el joven respondió con desenvoltura que Mónica no tenía más que renunciar al cristianismo para estar con él; pero la santa respondió al punto: 

"No me dijo que yo estaba contigo, sino que tú estabas conmigo"


Le narró a su hijo el sueño y él le dijo lleno de orgullo, que eso significaba que se iba a volver maniquea, como él. A eso ella respondió:


"En el sueño no me dijeron, la madre irá a donde el hijo, sino el hijo volverá a la madre"


Su respuesta tan hábil impresionó mucho a su hijo Agustín, quien más tarde consideró la visión como una inspiración del cielo. Ésto sucedió en el año 337. Aún faltaban 9 años para que Agustín se convirtiera.


La célebre respuesta de un Obispo


San Agustín


En cierta ocasión Mónica contó a un Obispo que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El Obispo le respondió:


"Esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas"


Esta admirable respuesta y lo que oyó decir en el sueño, le daban consuelo y llenaban de esperanza, a pesar de que Agustín no daba la más mínima señal de arrepentimiento.


El hijo se fuga,
y la madre va tras de él


A los 29 años, Agustín decide irse a Roma a dar clases. Ya era todo un maestro. Mónica se decide a seguirle para intentar alejarlo de las malas influencias pero su hijo Agustín al llegar al puerto de embarque, por medio de un engaño se embarcó sin ella y se va a Roma sin ella. Pero Mónica, no dejándose derrotar tan fácilmente toma otro barco y va tras de él.


Un personaje influyente


En Milán; Mónica conoce al santo más famoso de la época en Italia, el célebre San Ambrosio, Arzobispo de la ciudad. En él encontró un verdadero padre, lleno de bondad y sabiduría que le impartió sabios consejos. Además de Mónica, San Ambrosio también tuvo un gran impacto sobre Agustín, a quien atrajo inicialmente por su gran conocimiento y poderosa personalidad. Poco a poco comenzó a operarse un cambio notable en Agustín, escuchaba con gran atención y respeto a San Ambrosio, desarrolló por él un profundo cariño y abrió finalmente su mente y corazón a las verdades de la fe católica.


La conversión tan esperada


En el año 387, ocurrió la conversión de Agustín, se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.

Agustín ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba en esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, mientras madre e hijo admiraban el cielo estrellado y platicaban sobre las alegrías venideras cuando llegaran al cielo, Mónica exclamó entusiasmada:


"¿Y a mí que más me amarra a la tierra? Ya he obtenido de Dios mi gran deseo, el verte cristiano"


Poco después le invadió una fiebre, que en pocos días se agravó y le ocasionaron la muerte. Murió a los 55 años de edad del año 387. Agustín le cerró los ojos y contuvo sus lágrimas. Pero, en cuanto se halló solo y se puso a reflexionar sobre el cariño de su madre, lloró amargamente. Se cree que las reliquias de la santa se conservan en la Iglesia de S. Agostino. 

Mónica había querido que la enterrasen junto a su esposo. Por eso, un día en que hablaba con entusiasmo de la felicidad de acercarse a la muerte, alguien le preguntó si no le daba pena pensar que sería sepultada tan lejos de su patria. La santa replicó:


"No hay sitio que esté lejos de Dios, de suerte que no tengo por qué temer que Dios no encuentre mi cuerpo para resucitarlo"


A lo largo de los siglos, miles han encomendado a Santa Mónica a sus familiares más queridos y han conseguido conversiones admirables.

En algunas pinturas, está vestida con traje de monja; ya que por costumbre así se vestían en aquel tiempo las mujeres que se dedicaban a la vida espiritual, despreciando adornos y vestimentas vanidosas. También la vemos con un bastón de caminante, por sus muchos viajes tras del hijo de sus lágrimas. Otros la han pintado con un libro en la mano, para rememorar el momento por ella tan deseado, la conversión definitiva de su hijo, cuando por inspiración divina abrió y leyó al azar una página de la Biblia.


Oración de Súplica




Oh Dios, que observaste
las devotas lágrimas
y ruegos de Santa Mónica
y le concediste por escuchar
sus rezos la conversión
de su marido
y el regreso penitente
de su hijo Agustín,
concédenos la gracia
de implorarte también
con verdadero celo,
para que así podamos
obtener como ella,
la salvación de nuestra alma
y las almas de nuestros allegados.
Por Cristo Nuestro Señor.
Amén.


Oraciones a Santa Mónica




Querida Santa Mónica,
esposa y madre preocupada,
muchas tristezas se clavaron
en tu corazón durante tu vida.
Sin embargo, nunca te desesperaste
o perdiste la fe. Con confianza,
persistencia y profunda fe
rezaste diariamente por la conversión
de tu amado esposo, Patricio,
y tu hijo amado, Agustín.
Concédeme la misma fortaleza,
paciencia y confianza en el Señor.
Intercede por mí,
querida Santa Mónica,
para que Dios pueda escuchar
favorablemente mi súplica
(mencione aquí su petición)
y me conceda la gracia de aceptar
su voluntad en todas las cosas,
por medio de Jesucristo,
Nuestro Señor,
en la unidad del Espíritu Santo,
un sólo Dios
por los siglos de los siglos.
Amén.




Gloriosa Santa Mónica,
modelo de madres.
Tu vida la admiramos
en los vaivenes de tu hogar
y sobre todo, siguiendo
a tu hijo Agustín.
Supiste atraer a tu esposo
hacia Dios e igualmente a aquel hijo
que había perdido la fe.
Le seguías llamándole,
orando, llorando... 
Consíguenos que comprendamos
el papel sagrado de las madres
y su influencia en el hogar.
Confiamos nuestra familia
a tu protección
Amén.


Excelente consejo de Santa Mónica para todos los momentos y circunstancias de nuestras vidas...




Fuente - Texto tomado de CATOLICO.ORG:
http://www.catolico.org/santos/monica.htm

Fuente - Texto tomado de DEVOCIONARIO.COM:
http://www.devocionario.com/santos/monica_1.html

Fuente - Texto tomado de EWTN:

VIDEO: ¡Padre Manjackal vio la 3ª Guerra Mundial y lo que Vendrá después!



El mundialmente conocido predicador padre James Manjackal acaba de tener una visión estremecedora.

Vio que las guerras actuales cambiarán de forma, surgirán dos grandes bloques impensables hoy, vendrá una enorme explosión, la persecución de los cristianos.

Y sobre esto Jesús le dio toda una explicación. ¿Qué vio Manjackal en la Tercera Guerra Mundial?

Aquí te quiero mostrar qué le mostró Jesús en esa visión, cómo se desencadenaría la guerra, y por qué Manjackal la relaciona con la purificación que conduciría hasta el 2033.

Quédate porque en esta visión el Señor le mostró también, qué sucedería después de la guerra

James Manjackal es un sacerdote católico indio, de Kerala, conocido internacionalmente por su ministerio de evangelización y sanación.

Cuando todavía era un sacerdote joven sufrió una grave enfermedad.

Y mientras estaba enfermo, un joven laico oró por él y Manjackal asegura haber experimentado una sanación física inmediata, y una profunda conversión interior.

Y poco después, Jesús se le apareció y le dio una orden que él está cumpliendo: 


“Ve y predica”.


Entonces dejó la enseñanza académica, y comenzó un ministerio de evangelización, que lo llevó durante décadas por numerosos países.

Y junto con esto Manjackal ha tenido numerosas experiencias místicas.

Durante un período en que estuvo en coma, fue llevado a contemplar la luz del cielo, y también el sufrimiento de las almas en el purgatorio y el infierno.

Y a lo largo de los años ha tenido visiones y mensajes sobre los temas del mundo y la Iglesia.

Y en agosto de 2026, cuando celebró 52 años predicando la Palabra de Dios por todo el mundo, tuvo una visión muy especial sobre la guerra mundial, y recibió el mandato de comunicarlo públicamente.

Meses antes de esta nueva visión, Manjackal había tenido una visión de siete años de grandes calamidades, que conducirían hasta el 2033.

Según aquella profecía, el detonante sería una guerra en Oriente Medio.

Cuando los combates alcanzaran un punto crítico, comenzaría una reacción en cadena que alteraría el funcionamiento normal del mundo.

Y después del colapso bélico vendrían siete años de hambre y enfermedades.

El hambre surgiría por la destrucción de las rutas comerciales y del transporte mundial.

Los barcos tendrían dificultades para navegar, faltarían combustibles y fertilizantes, aumentarían los precios, y muchos productos básicos dejarían de llegar a las ciudades.

Manjackal también habló de enfermedades relacionadas con guerras biológicas y manipulaciones realizadas en laboratorios.

Todo este período tendría un sentido de purificación.

Y relacionó el final de estos siete años con el 2033, cuando se cumplirán dos mil años de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Y ahora, en la visión de agosto de 2026, vio cómo se desarrollaría concretamente una gran guerra, la tercera guerra mundial, que estaría dentro de ese período.

El 7 de agosto de 2026, James Manjackal estaba pasando un largo tiempo en oración ante Jesús presente en la Eucaristía.

Rezaba por la situación del mundo.

Tenía presentes los incendios y el fuerte calor en Europa, pero sobre todo las guerras que se desarrollaban en distintos lugares.

La guerra entre Rusia y Ucrania, y la de Israel, Estados Unidos, Irán y los países islámicos.

Y mientras presentaba todos estos acontecimientos al Señor, tuvo repentinamente una visión.

Primero vio a la Virgen María sosteniendo en su regazo a Jesús herido.

Después vio también en el regazo de María a los cristianos y a la Iglesia.

La Virgen lloraba por la situación de la Iglesia, especialmente por sus divisiones, la apostasía, la inmoralidad y el avance del ateísmo.

Y entonces Manjackal escuchó claramente la voz del Señor.

Jesús le dijo:


“Este es un tiempo terrible”.


Y agregó que todas estas guerras, el desorden y el caos que vive actualmente el mundo producirán pronto una transformación profunda.


Y comenzó a ver humo, fuego, personas combatiendo, derramamiento de sangre, muertos, bombardeos, drones y misiles cayendo.

Y en medio de esa guerra vio que la humanidad comenzaba a agruparse en dos grandes bloques.

En el primer gran bloque apareció un cartel que decía:


“La Encarnación es falsa”.


Inmediatamente comprendió que representaba el espíritu del anticristo, porque San Juan identifica ese espíritu, con quienes niegan que Jesucristo haya venido en la carne.


En ese grupo vio musulmanes y también una parte de los judíos.


Y observó un cambio sorprendente: los enfrentamientos actuales entre ellos habían terminado.

Los antiguos enemigos se habían convertido en aliados.

Incluso vio una embajada de Israel en Irán, y a Irán reconstruido económica y financieramente con ayuda de otros países otrora enemigos.

Y el segundo bloque aparecía bajo otro cartel:


“No necesitamos a Dios”.

Manjackal lo relacionó con el ateísmo, la apostasía y el rechazo de Dios.

Dentro de ese grupo vio personas procedentes de China, de la antigua Unión Soviética y de Corea del Norte, entre otros.

Esta división sería principalmente ideológica, porque habría personas de distintas naciones dentro de ambos bandos.


Y después de ver cómo se formaban estos dos grandes bloques, Manjackal los vio enfrentarse entre sí.

Había personas combatiendo, armas por todas partes y una gran cantidad de muertos.

Y en medio de esa guerra apareció una enorme explosión. Manjackal dijo: “Vi una gran explosión, quizá una bomba nuclear, no lo sé”.

Y después de la explosión, Manjackal volvió la mirada y vio una gran cantidad de cadáveres.

Eran personas pertenecientes a los dos grandes grupos, que continuaban luchando y muriendo.

Y recordó la advertencia del Señor:


“Vienen tiempos terribles”.


Por lo tanto, la visión le mostró una guerra mucho más amplia que los conflictos actuales.

Lo que hoy llamaríamos 3ª guerra mundial, eventualmente atómica. Y esto sucedería porque primero cambiarán las alianzas.

Los enemigos de hoy dejarán de ser enemigos y se formarán dos grandes fuerzas mundiales.

Y después esas fuerzas entrarán en combate entre sí. Y habrá una guerra capaz de producir una devastación enorme.

Y esa transformación del escenario mundial que Manjackal vio, alcanzará especialmente a Europa.

Dijo que la llamada Europa cristiana llegará a su fin definitivo.

Según Manjackal, este proceso viene avanzando desde hace tiempo, mediante la globalización, las políticas de la Unión Europea, y lo que él llama el ingreso de la fraternidad de la media luna.

Y ha tenido como consecuencia una profunda pérdida de identidad.

Dice que las personas han ido dejando de amar su propio país, su religión y su cultura.

Y atribuye esta confusión a una acción de satanás, destinada a debilitar las raíces cristianas de Europa.

De modo que, mientras el mundo atravesará la gran guerra, y cambiará profundamente,


Y en ese escenario comenzará una de las partes más duras de la visión: la persecución de los cristianos.

Después de la gran explosión, presumiblemente nuclear, Manjackal vio a un pequeño grupo de cristianos.

Eran pocos y pertenecían a distintas denominaciones, pero vivían unidos a Cristo como verdaderos discípulos.

Estaban heridos, perseguidos y sin hogar. Algunos vivían en pequeñas tiendas.

Otros estaban al borde de los caminos, sin dinero y pidiendo ayuda. Habían perdido prácticamente todo.

Sin embargo, Manjackal los vio felices y llenos de luz.


También vio un cartel sobre aquel pequeño grupo que decía:


“Mis verdaderos discípulos”.


Manjackal había visto que los enemigos actuales terminarán unidos contra Cristo y contra los cristianos.

Pero aquellos cristianos perseguidos permanecían aferrados a Jesús.

Decían que podían perder sus bienes e incluso su vida, pero nadie podía destruir la vida espiritual que habían recibido de Dios.

Y precisamente de ese pequeño resto comenzará a surgir la Iglesia purificada, que Manjackal vio después de las grandes pruebas.

Y finalmente, Manjackal comprendió el sentido de toda la visión.


“Viene una Nueva Jerusalén. Este tiempo es un tiempo de purificación”.


Las guerras, la gran devastación y la persecución serán parte de una prueba, que separará a quienes permanecen con Cristo de quienes lo rechazan.

Porque Jesús le dijo:


“Estoy buscando personas que me pertenezcan”.


La finalidad de estas pruebas será purificar a la humanidad y también a la Iglesia.

Y esto completa lo que Manjackal había anunciado meses antes, sobre los siete años que conducirán hasta 2033.

Serán años de un proceso de purificación que terminará dejando una Iglesia más pequeña y fiel.

Y después de ese período comenzará lo que Manjackal llama la Nueva Jerusalén.

Un nuevo tiempo para la humanidad después de las grandes pruebas.

Manjackal vio cómo se desarrollaría una gran guerra, incluso nuclear dentro de ese período, los bandos que se enfrentarían, la persecución de los cristianos y la etapa final de una purificación del mundo y la Iglesia.

Y tú, ¿crees que los conflictos actuales terminarán formando esos dos grandes bloques?

¡Y que Dios te bendiga y te halle preparado espiritualmente!




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