jueves, 23 de julio de 2026

Santa Cristina de Toscana - Virgen y Mártir - Fiesta Julio 24

     



Los grandes nombres son irresistibles. Por eso ni los hombres han querido renunciar a los grandes nombres femeninos (el caso más singular es el de María, que forma parte de nombres masculinos compuestos), ni las mujeres se han resignado a prescindir de los grandes nombres masculinos. Uno de ellos es el de CRISTO. La forma femenina Cristina se ha convertido en un nombre con mucha fuerza.

Del griego criw (jrío), que significa ungir, se forma cristoV (jristós), que significa "el ungido". La unción era el rito de consagración de los reyes. Decir de alguien que era "el ungido", significaba que había llegado a lo más alto, y que contaba con la protección de Dios. Llamarse Cristina, "la ungida", es proclamar que se ha sido elegida y consagrada para grandes cosas. Ése es el significado del nombre. Un nombre cargado de promesas.

Tanto por su significado como por las grandes Cristinas que han hecho honor a su nombre, las afortunadas que lo llevan pueden estar satisfechas y seguras de que su virtud ejercerá sobre ellas una influencia positiva que irradiará en todos los que forman parte de su entorno. Es una suerte llamarse Cristina y como tal estar protegida de cualquier mal por el aceite sagrado. ¡Felicidades!

Santa Cristina de Toscana nació a mediados del siglo III en Tur, pueblo situado cerca del lago de Bolsena, desaparecido en una de las inundaciones del lago. Cristina era la hija de Urbano, gobernador pagano de la región y presentado por los libros antiguos como enemigo acérrimo de los cristianos. La niña se ha aficionado desde pequeña a aquello que cuentan de ese Cristo tan perseguido y maltratado; la curiosidad primera se cambia en pensamiento cuando descubre que son muchos los cristianos juzgados por su padre, y condenados porque son fieles dispuestos a dar la vida por su ideal. Crece más y más la simpatía y a escondidas busca datos de unas señoras cristianas; la instruyen y la forman; se bautiza en secreto y toma el nombre de Cristiana.

Entre juego y travesura formal ha hecho algo que saca de quicio a su padre, y será el motivo que la lleve al martirio; no se le ha ocurrido otra cosa que apañar las estatuillas de ídolos que su padre siempre ha conservado con esmero, casi como un patrimonio familiar, las ha tomado por suyas, las ha destrozado y ha dado el rico material de que estaban hechas a los pobres para remedio de su necesidad. El padre ha descubierto su condición y lleno de ira, al notar la rebeldía de la niña, la trata con peores modos que a los demás cristianos.


"No se ha de decir en el mundo que una niña me dio la ley, ni que estos hechiceros de cristianos triunfan de nuestros dioses en medio de mi propia familia. Yo veré si sus hechizos pueden más que mis tormentos y si la paciencia de una hija ha de hacer burla de la cólera de un padre"


El gobernador manda usar con ella azotes y garfios, admirándose de que Cristina persista en su actitud. Manda el desnaturalizado padre preparar un brasero ardiente, para quemarla poco a poco; mas el brasero se hizo una hoguera que abrasó a los verdugos y a los curiosos cercanos. Puesta en la cárcel para que cambie por la lobreguez de la mazmorra, la oscuridad y el hambre; pero allí es consolada con luminosas apariciones de ángeles, que le curan sus heridas y le prometen protección. El padre, a los pocos días, manda atarle al cuello una pesada piedra y arrojarla al lago; sin embargo, un ángel la transporta a la orilla. Esa noche muere Urbano de un sofoco en su cama.




Mandan las autoridades un nuevo gobernador que se siente estimulado a proseguir el asunto Cristina, presumiendo que su padre, por padre, no pudo solventarlo. Se llama Dion y ya piensa en nuevas crueldades: estanque de aceite hirviendo mezclado con pez, del que la niña Cristina es liberada. Luego la manda llevar al templo de Apolo, para obligarle a ofrecer sacrificio, pero, ante el asombro de todos, el ídolo se derrumba y se hace polvo ante el mismísimo gobernador, que muere en el acto ¡claro que los verdugos y miles de testigos presenciales proclaman espantados, proclaman a gritos que es el de Cristina el único Dios!

El tercero de los gobernadores poderosos se llama Juliano quien, preocupado por el caso pendiente, lo ha estudiado con detenimiento llegando a la conclusión de que se trata de artificios, encantamientos y magia que todos los cristianos profesan. Por ello maquina nuevos procedimientos para hacer desistir a la niña Cristina de sus pertinaces rebeldías y conseguir que el poder romano y los dioses propicios terminen con la situación, que ha puesto al borde del caos a la región.

Mandó preparar un horno encendido donde mete a la niña para que el fuego la consuma; siete días la tiene allí sin conseguir que le suceda daño alguno. Luego será una habitación oscura plagada de serpientes, víboras y escorpiones venenosos de la que sale indemne y sin ningún picotazo, cantando alabanzas a Dios; la desesperación del mandatario llegó entonces al extremo de decretar cortarle la lengua, pero ¡oh prodigio! ahora canta más fuerte y mejor.




Y acude, arremolinándose, toda la comarca ante la contemplación evidente del triunfo que se comenta por todas partes, de la debilidad cristiana ante la fortaleza y brutalidad romana. Basta un tronco caído en donde atan a la delicada niña, para que las saetas atraviesen su cuerpo y ella decida, suplicándole al buen Dios, rendirle su espíritu con el martirio. Murió Cristina en el año 300, durante el reinado de Diocleciano, que desató una de las mayores persecuciones de los cristianos. Dicen que sus restos se trasladaron de Toscana a Palermo de Sicilia donde es reverenciada.

¿Verosímil? Parece más bien como si la vida y la muerte martirial de Cristina hubiera servido de modelo para expresar la confrontación entre el bien y el mal, o lo que es lo mismo, entre fe cristiana y paganismo, entre la frágil niña Cristina y la personalidad experimentada y abrumadora de tres hombres de gobierno sucesivos -el primero su propio padre- con el mismo común empeño de demostrar que ellos pueden más.

Parece como si se tratara de exaltar en Cristina aquello que debe ser real en todo cristiano -la fe en su Cristo y la confianza sin límite en su ayuda constante-, mientras que los gobernadores representan la obstinación ciega, que rechaza el poder cada vez más evidente, como in crescendo, de Dios. Los verdugos y el pueblo serían los testigos que en la narración van a testificar con sus reacciones -esas que se intuyen llenas de emoción compasiva- dónde está la verdad y lo grande que es el poder de Dios.




Da la sensación de que la Passio que narra la muerte de Cristina, intenta también cargar motivos veterotestamentarios en donde parecen inspirarse algunos hechos que se narran. El hecho histórico del martirio sería la ocasión que motiva la amplia catequesis. De todos modos, estas consideraciones más parecen próximas a la labor pasada de los bolandistas; pero, en el caso de que hubieran sido los hechos tal como expresa la Passio, nos quedaría el regusto de disfrutar el aroma extraño que desprende la fidelidad del débil a las exigencias amorosas divinas, que no entienden de edades y que perduran más allá de la muerte.




La niña mártir Santa Cristina está enterrada en Bolsena (Italia), en la Basílica de Santa Cristina, que fue construida sobre el lóculo original donde fue depositado y venerado su cuerpo después del martirio.


Feliz día del santo onomástico:

#SantaCristina




Fuente - Texto tomado de ES.CATHOLIC.NET:

Fuente - Texto tomado de ELALMANAQUE.COM:

Foto tomada de PREGUNTASANTORAL.ES:
http://www.preguntasantoral.es/tag/cristina-bolsena/

VIDEO: ¡Prepárate! El Padre Pío reveló el inicio de la Tribulación



Diez años después de morir, el Padre Pío dio a Mons. Ottavio Michelini un mensaje sobre la 
crisis de la Iglesia, la gran tribulación y el nuevo mundo que vendría después.

Este mensaje explica el proceso que estamos viviendo, en el Final de los Tiempos, anunciado por la Virgen.

Quédate para ver cómo será el itinerario de la purificación de la Iglesia y el mundo, y a donde llegaremos, explicado por el Padre Pío.

El 16 de junio de 1978, Mons. Ottavio Michelini recibió un mensaje extraordinario del Padre Pío, sobre la crisis de la Iglesia y su futura purificación.

Michelini fue un sacerdote italiano que recibió mensajes de Jesús, la Virgen María, ángeles y santos desde 1975 a 1979.

La fecha del mensaje llama la atención, porque habían pasado casi diez años desde la muerte de San Pío de Pietrelcina.

Eran años de confusión, discusiones internas y cansancio espiritual entre muchos católicos, debido a las remodelaciones y consecuencias concretas del Concilio Vaticano II.

Y la rebelión contra la moral de Dios que se extendía por el mundo.

Pero el mensaje de aquel 16 de junio tuvo algo excepcional, porque describe el proceso en que estamos ahora: ofreció una secuencia por la que pasaría la Iglesia y el mundo en el Final de los Tiempos.

Primero, niebla y confusión.

Luego, el comienzo de un viento de purificación.

Después, una tormenta capaz de trastornar todo, la tribulación.

Y finalmente, un sol nuevo, asociado a la paz, la justicia y una fecundidad espiritual nunca antes conocida en la Tierra.

El santo le dijo a Don Ottavio:

“Escribe, hijo, soy el Padre Pío. No podía faltar mi voz…” Y el mensaje comienza revelando la confusión.

Dice, “La actual situación de la Iglesia es como la de una nublada y neblinosa jornada otoñal”.

La niebla impide ver el camino, los puntos de referencia desaparecen y cada paso se vuelve incierto.

Y añade: “Aire estancado, visibilidad nula, muchos accidentes y mucho malestar”.

El aire estancado habla de una fe que pierde impulso. La visibilidad nula muestra una dificultad para distinguir la verdad de la confusión.

Y los “accidentes” expresan las consecuencias: almas desorientadas, comunidades divididas y fieles cansados.

La imagen describe una crisis.

Y recordemos que estamos en medio de las consecuencias del Concilio Vaticano II, y del comienzo de la escalada de la rebelión del mundo contra Dios.

Y después el mensaje habla de una intervención.

Dice, “Luego se levanta el viento que barre el frío y la densa y pesada niebla”.

El viento mueve lo que estaba inmóvil. Barre el frío de una fe debilitada y despeja la niebla de la confusión.

Y el texto añade: “Y he aquí que el sol brilla de nuevo para infundir confianza a los ánimos cansados y desilusionados”.

Está hablando del comienzo de la purificación, de las expectativas de cambio. 

¿Pero cómo comenzaría?

Lo dice directamente.


“El viento de la purificación ya sopla e hincha ya el cielo de nubes cada vez más oscuras”.


El mensaje describe el proceso de un agravamiento dentro de la Iglesia.


Las crisis, las contradicciones y las debilidades ocultas, comenzarían a aparecer con mayor claridad.


Las nubes oscuras anunciaban pruebas más profundas. Pero hay un viento reparador que está soplando en medio de la tempestad.

Ese viento impulsa a los que han despertado, y ven la destrucción que está comenzando y lo comunican hasta dónde y cómo pueden.

El remanente denuncia la situación y el mensaje anuncia una cirugía de raíz.


La Gran Tribulación. Dice, “Luego la tormenta, el temporal que trastornará todo”.


Significa que lo que parecía estable va a ser sacudido.


Las falsas seguridades, los errores acumulados y las estructuras debilitadas ya no podrán sostenerse.

La tormenta no sería destrucción sin sentido. La idea no es simplemente que habrá “más problemas” y sufriremos en la tribulación.

Sino que la purificación va a llegar a un nivel, que cambiará profundamente la situación de la Iglesia y también del mundo.

Que el mejoramiento final implica necesariamente un proceso doloroso.

El mensaje revela el sentido de la tormenta.


Dice que “Destruirá las necias y locas esperanzas del enemigo”.


El enemigo espera consolidar la confusión, apagar la fe, y hacer creer que la Iglesia ha perdido.


La sacudida derribará las falsas seguridades construidas sobre el error, la tibieza y el alejamiento de Cristo.

Pero el mal sólo puede avanzar por un tiempo. Puede ocupar espacios, sembrar confusión y presentar su triunfo como definitivo.

Pero sus esperanzas, advierte el Padre Pío que son “necias y locas” porque se levantan contra Dios.

Porque Cristo sigue siendo la roca. Y el mensaje termina de la misma forma que la Santísima Virgen está diciendo en sus apariciones.


Dice, “Después, el sol de una nueva era, de paz y de justicia”.


La imagen del sol anuncia el regreso de la claridad.

Después del aire estancado, de la niebla y del temporal, aparece una luz capaz de devolver confianza a las almas.


Y el padre Pío añade, “El sol iluminará la tierra con una nueva luz, nunca vista ni conocida”.


La frase habla de una renovación profunda. La Iglesia volverá a irradiar con mayor fuerza la verdad de Cristo.

Y el mensaje concluye con una promesa todavía más amplia. “El calor del sol hará fecunda la tierra como nunca lo fue”.

Está hablando de que llegaremos a una renovación que nunca se ha visto en la Tierra.

Ese es el sentido del Final de los Tiempos que estamos transitando, y que según la Virgen dijo en Garabandal, es un proceso que comenzó luego del pontificado de Benedicto XVI.

De modo que el mensaje del Padre Pío a Mons. Ottavio Michelini describe la secuencia por la que estamos pasando.


Primero, una Iglesia y el mundo cubierto por la niebla de confusión. Luego, viene un viento de purificación que remueve lo estancado.


Después, se producirá una tormenta, que frustrará el intento del enemigo de aprovechar la crisis para alejar a las almas de Dios.


Y que a su vez purificará la Iglesia y el Mundo. Es la gran tribulación.


Y finalmente, el sol de una nueva era de paz, justicia y fecundidad espiritual, que la humanidad nunca ha vivido.


Hasta aquí la explicación que dio el Padre Pío a don Ottavio Michelini, sobre el proceso de purificación de la Iglesia, y del mundo, que estamos viviendo.

¿Y tú crees que ya estamos en la etapa de la tribulación o no?

¡Y que Dios te bendiga y te de firmeza en la fe!




Video tomado de YOUTUBE:
https://www.youtube.com/watch?v=OWpmRdFOvBk