martes, 21 de julio de 2026

Santa María Magdalena - Discípula de Cristo - Fiesta Julio 22

   



"La historia de María de Magdala recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por Él, y le ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo de la potencia de su amor misericordioso, que es más fuerte que el pecado y la muerte" - Benedicto XVI (Julio 23 de 2006).

La historia de María Magdalena es una de las más conmovedoras del Evangelio y también de las más enigmáticas. Se debate si la mujer que relatan varios pasajes del Evangelio es una o tres mujeres:


  1. La pecadora: que unge los pies del Señor (Lc. VII, 37-50).
  2. María Magdalena: la posesa liberada por Jesús, que se integró a las mujeres que le asistían (Lc. VIII; Jn. XX, 10-18) hasta la crucifixión y resurrección.
  3. María de Betania: la hermana de Lázaro y Marta (Lc. X, 38-42).


La liturgia romana, siguiendo la tradición de los Padres Latinos (incluyendo a Gregorio Magno), identifican los tres pasajes del Evangelio como referentes a la misma mujer: María Magdalena. El santoral litúrgico actual celebra a una sola: María Magdalena utilizando las referencias a su encuentro con Jesús resucitado.


La pecadora que unge
los pies del Señor en Galilea




San Lucas hace notar que era una "pecadora pública", pero no especifica que haya sido una prostituta.

Cristo cenaba en la casa de un fariseo donde la pecadora se presentó y al momento se arrojó al suelo frente al Señor, se echó a llorar y le enjugó los pies con sus cabellos. Después le ungió con el perfume que llevaba en un vaso de alabastro. El fariseo interpretó el silencio y la quietud de Cristo como aprobación del pecado y murmuró en su corazón. Jesús le recriminó por sus pensamientos. Primero le preguntó en forma de parábola cuál de los dos deudores debe mayor agradecimiento a su acreedor: aquél a quien se perdona una deuda mayor, o al que se perdona una suma menor. Y descubriendo el sentido de la parábola, le dijo directamente:


"¿Ves a esta mujer? Al entrar en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies, pero ella me los ha lavado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; en cambio ella no ha cesado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza y ella me ha ungido los pies. Por ello, te digo que se le han perdonado muchos pecados, pues ha amado mucho. En cambio, aquél a quien se perdona menos, ama menos"


Y volviéndose a la mujer, le dijo:


"Perdonados te son tus pecados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz" (Lc. 7)


La discípula de Jesús,
liberada de siete demonios




En el capítulo siguiente, San Lucas, habla de los viajes de Cristo por Galilea, dice que le acompañaban los apóstoles "y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios" (Lucas 8:2). Lucas no especifica ni niega que sea la misma pecadora que unge a Jesús, pero ciertamente se trata de una pecadora y es la misma persona que en Marcos 16:9 es testigo de la Resurrección.


La hermana de Marta y Lázaro,
residentes de Betania




Más adelante Lucas narra que, en "cierta población", el Señor fue recibido por Marta y su hermana María. Probablemente las dos hermanas se habían ido a vivir a Betania con su hermano Lázaro, a quien el Señor había resucitado a petición de ellas. Dada la mala reputación que tenía María en Galilea no sería extraño que los tres hermanos se mudaran a Betania (Judea).

Marta se ocupaba con afán de atender al Señor y le pide que dijese a su hermana que le ayudase, pues María estaba a los pies de Cristo para escuchar cuánto decía. El Señor respondió:


"Marta, Marta, te preocupas por muchas cosas y sólo hay una necesaria. María ha escogido la mejor parte y no le será quitada" (Lc. 10:41)


Segunda unción con perfume




San Juan en el Cap. 12 (Cf. Mat., XXVI; Mc., XIV) identifica claramente a María de Betania como la mujer que, en la víspera de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, le ungió los pies y los enjugó con sus cabellos, de manera que "la casa se llenó del olor del perfume". Ésto ocurrió cuando Jesús cenaba con la familia de Lázaro en Betania. San Juan nos dice que Jesús los amaba.

¿Es María de Betania también la protagonista de la primera unción ocurrida en Galilea? Creemos que sí porque un capítulo antes de que ocurra la unción en Betania, es decir en Jn. 11,2, San Juan se refiere ya a esta María como "aquella que ungió los pies del Señor" (he aleipsasa).

Si es así, María la pecadora se había convertido en contemplativa a los pies del Señor, escogiendo la mejor parte. San Juan pone de relieve el poder transformador de Jesucristo sobre las almas. La que era posesa ahora es contemplativa. Una profunda enseñanza sobre la misión de Jesucristo quien ha venido a perdonar y salvar a los pecadores.

Tampoco faltaron críticas en la segunda unción. Judas se escandalizó, no por generosidad con los pobres, sino por avaricia, y aún los otros discípulos interpretaron la conducta de María como un exceso. Pero el Señor reivindicó esta unción como había hecho la anterior:


"¡Dejadla en paz! ¿Por qué la molestáis? Buena obra es la que ha hecho conmigo. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a Mí no me tendréis siempre. Esta mujer ha hecho lo que ha podido, adelantándose a ungir mi Cuerpo para la sepultura. En verdad os digo que dondequiera que se predique este Evangelio sobre la faz de la tierra, se dirá lo que ella ha hecho por Mí" (Mt. 26)


San Juan Crisóstomo comenta: "Y así ha sucedido en verdad. Por dondequiera que vayáis oiréis alabar a esta mujer... Los habitantes de Persia, de la India, ... de Europa, celebran lo que ella hizo con Cristo".


Al pié de la Cruz




En la hora del Calvario, mientras casi todos abandonan a Jesús allí estaba María Magdalena. ¡Cuánto se lo agradecería Jesús y la Virgen María!  "Junto a la Cruz de Jesús estaban Su Madre y la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena". Juan 19:25.


Entre las que siguieron
a Jesús en Galilea
ahora siguen a Jesús
al Calvario


"Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo". Mateo 27:55-56.


Sentada en el sepulcro




Después que José de Arimatea entierra a Jesús y se fue, María Magdalena quiso quedarse. "Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro". Mateo 27:61.

Es coherente pensar que quién tuvo el amor y la valentía de exponerse para lavarle al Señor los pies con su cabello, fuese capaz de estar con Él en la Cruz y después permanecer amorosamente ante su Cuerpo yacente.


Da testimonio de Cristo Resucitado




María Magdalena con la otra María fueron las primeras en ir al sepulcro el domingo de Resurrección: "Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro" (Mateo 28:1). Iban con los perfumes para embalsamarlo... Descubrieron así que alguien había apartado la pesada piedra del sepulcro del Señor.

"Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios" (Marcos 16:9).

María Magdalena, la pecadora convertida en contemplativa, fue la primera que vio, saludó y reconoció a Cristo Resucitado.

Jesús la llamó:




"¡María!"


Y ella, al volverse, exclamó:


"¡Maestro!"


Y Jesús añadió:


"No me toques, porque todavía no he subido a mi Padre. Pero ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Jn. 20:17)


El hijo de Dios quiso enseñarnos el alcance de su amor y de su poder redentor santificando a una pecadora, adentrándola en su infinita misericordia y enviándola a anunciar la Resurrección a los apóstoles. María Magdalena es un gran ejemplo para todos. No se dejó paralizar ni por sus pecados del pasado ni por las opiniones humanas. Creyó de todo corazón en las promesas del Señor y alcanzó la meta. Aquella de quien Jesús dijo que se adelantó para "ungir su Cuerpo para la sepultura", no puede ahora ungir Su cadáver porque ha Resucitado. Aquella de quien dijo que "dondequiera que se predique el Evangelio se dirá lo que ha hecho por Mí", no podía ahora ser excluida del Evangelio, porque es la primera persona testigo de su principal evento: La Resurrección del Señor. A la que mucho amó, mucho se le perdonó y mucho continuó amando hasta llegar a participar en la gloria del Señor.




Lectura del Santo Evangelio
Según San Juan 20, 1-2; 11-18


1. El primer día de la semana, al amanecer, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro, y vio quitada de él la piedra.

2. Y sorprendida echó a correr, y fue a estar con Simón Pedro y con aquél otro discípulo amado de Jesús, y les dijo:


"Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto"


11. Entretanto María Magdalena estaba fuera llorando, cerca del sepulcro. Con las lágrimas, pues, en los ojos se inclinó a mirar al sepulcro.

12. Y vio a dos ángeles, vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera, y otro a los pies, donde estuvo colocado el cuerpo de Jesús.

13. Dijéronle ellos:


"Mujer, ¿por qué lloras?"


Respondióles:


"Porque se han llevado de aquí a mi Señor; y no se dónde le han puesto"


14. Dicho ésto volviéndose hacia atrás, vio a Jesús en pie; mas no conocía que fuese Jesús.

15. Dícele Jesús:


"Mujer, ¿por qué lloras?;  ¿a quién buscas?"


Ella suponiendo que sería el hortelano, le dice:


"Señor, si tú le has quitado, dime dónde le pusiste; y yo me le llevaré"


16. Dícele Jesús:


"María"


Volvióse ella al instante, y le dijo:


"Rabboni" (que quiere decir, Maestro mío)


17. Dícele Jesús:


"No me toques, porque no he subido todavía a mi Padre; mas anda, ve a mis hermanos, y diles de mi parte:

Subo a mi Padre y vuestro Padre; a mi Dios y vuestro Dios"


18. Fue, pues, María Magdalena a dar parte a los discípulos, diciendo:


"He visto al Señor, y me ha dicho esto y esto"


Palabra de Dios.
Gloria a Ti, Señor Jesús


Fuente - Texto tomado de CORAZONES.ORG:

Cardenal de 97 años: "La castidad es la montaña de la victoria que conduce al Paraíso; sin ella, es el Infierno"



El cardenal Ernest Simoni recalcó que guardar los mandamientos de Cristo significa «condenar a la perdición la convivencia forzada y todas esas ofensas». «Jesús debe ocupar el primer lugar», añadió.


Emily Mangiaracina


Martes, 21 de julio de 2026 - 12:42 pm EDT


( LifeSiteNews ) — Un cardenal de 97 años, encarcelado bajo el régimen comunista de Albania, dijo en una entrevista reciente que "la castidad es la montaña de la victoria que lleva al paraíso" y la ausencia de castidad es "el infierno".

El cardenal Ernest Simoni fue arrestado a finales de 1963 y condenado a muerte por el gobierno comunista de Albania. «Me iban a ahorcar porque le había dicho al pueblo que debíamos morir por Cristo», declaró a Reuters hace casi una década. Su sentencia fue conmutada y pasó 18 años en prisión, hasta 1981.

El sacerdote pagó voluntariamente un alto precio por su voto de celibato por Cristo. Relató que los interrogadores intentaron persuadirlo para que renunciara a su fe ofreciéndole matrimonio con una "hermosa muchacha". Resistió y soportó torturas y duras condiciones en prisión hasta su liberación, pero incluso entonces fue considerado un "enemigo del pueblo" y obligado a trabajar en minas y alcantarillas. Ejerció su ministerio sacerdotal en secreto hasta la caída del régimen comunista en 1990.

En una entrevista con Edward Pentin del National Catholic Register, Simoni compartió lo que le dio la fuerza para soportar su encarcelamiento y ofreció consejos a los que sufren, a los jóvenes y a la Iglesia contemporánea.

Al preguntársele sobre sus preocupaciones respecto a la Iglesia actual, el cardenal Simoni respondió: «Jesús nos dijo: “Ustedes son la luz del mundo”. Nosotros, como pecadores, somos la sal de la tierra, pero ¿cuántos de nosotros somos verdaderamente la luz de Jesús? ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a sufrir para proclamar el Evangelio y estamos comprometidos con la proclamación del Evangelio de Jesús, el poder infinito del amor que salva a toda la humanidad?».

«Nosotros, los sacerdotes, vivimos únicamente para proclamar a Jesús, para salvar almas por su gracia, para estar cerca de todos los pobres, para ayudar a todos los jóvenes a apartarse de la promiscuidad y la inmoralidad. Como dice san Pablo, quienes son como Cristo han crucificado sus cuerpos y siguen la ley de la moral y la castidad».

“La castidad es la montaña de la victoria que conduce al paraíso; sin castidad, solo hay infierno”, añadió.

A los jóvenes que experimentan una sensación de "desesperanza", el cardenal Simoni les recordó las palabras de Jesucristo al joven que le preguntó qué debía hacer para alcanzar la vida eterna, y de manera similar los exhortó a la castidad.

«Jesús dijo: “Si guardáis mis mandamientos y obedecéis mis enseñanzas, permaneceréis en mi amor”. Guardar los mandamientos significa santificar el matrimonio y condenar a la perdición la cohabitación y todas esas ofensas. Jesús debe ocupar el primer lugar, como el sol en el horizonte, que brilla e ilumina el mundo entero», dijo el prelado.

“Por lo tanto, los jóvenes deben ser los primeros abanderados, llevando el estandarte de Jesús en sus hogares, en la oración, en la abnegación, en la Santa Misa, amando a sus padres y difundiendo al Jesús vivo y su amor infinito con buena fe, amando a todos: musulmanes, ateos, a todos”, continuó.

Simoni ofreció palabras de aliento a "la gente común que puede estar sufriendo mucho en estos días" para que "oren sin cesar".

Como dice Jesús: «Ustedes que no tienen hogar, ni dinero, ni ropa, ni zapatos, ni nada, vengan a mí. Vengan todos, como niños; vengan a mí ahora, y yo los llevaré al paraíso con gozo infinito. Busquen la justicia, la justicia y la gloria del Señor, y les será dado todo bien».

Esto significa, según Simoni, “orar sin cesar”.

“En otras palabras, mientras trabajas, cumples con tus deberes, con tus compromisos, en todo, nunca olvides la oración, porque la oración es la estrella que brilla y nos guía hacia Jesús, junto con la Santísima Virgen María”.


Fuente - Texto tomado de LIFESITENEWS.COM:




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10 hechos sobre la cohabitación o vivir juntos ¿Desastre?

 



Cohabitación


Se llama cohabitar a vivir juntos como pareja sin casarse. Es contrario al orden de Dios porque la intimidad sexual es su don exclusivamente para un hombre y una mujer que han unido sus vidas en el matrimonio. La unión sexual es signo del matrimonio: entrega total, fiel, para siempre y disponibilidad para formar una familia con hijos. La cohabitación es un pecado grave que atenta contra el Sexto Mandamiento


10 hechos sobre la cohabitación

Estudios demuestran que la cohabitación es un desastre


La cohabitación es mala para los hombres, peor para las mujeres y horrible para los hijos. Es una toxina mortífera para el matrimonio, la familia y la cultura, según un artículo del doctor A. Patrick Schneider II, publicado en la revista New Oxford Review, que se basa en las conclusiones de más de una docena de estudios a fondo sobre el tema.

El artículo expone el elevado riesgo de divorcio, inestabilidad, problemas psiquiátricos, enfermedades de transmisión sexual, pobreza o drogadicción para las parejas que cohabitan en vez de casarse. Y sus hijos sufren problemas emocionales y de conducta, expulsión escolar, abuso y delincuencia en una proporción muy superior a la de los niños de padres casados.

El Papa Benedicto XVI ha dicho en su Encíclica Sacramentum Caritatis (March 13, 2007) que entre los cuatro “valores fundamentales” que “no son negociables”, el segundo después del respeto a la vida es “la familia edificada sobre un matrimonio entre un hombre y una mujer”. 

“La cohabitación es un entrenamiento para el divorcio” Chuck Colson (1995).


10 hechos sobre la cohabitación


1. La cohabitación está aumentando


Hace 35 a 40 años apenas existía, era un tabú social. En la década del 60 creció un 19 por ciento; en los 70 se multiplicó un 204 por ciento; en la década del 80 aumentó un 80 por ciento; en los 90 subió un 66 por ciento. Sin embargo entre el año 2000 y el 2004 sólo creció un 7.7. En total, la cohabitación es en la actualidad once veces superior, de acuerdo al Buró del Censo ("Unmarried-Couple Households, by Presence of Children: 1960 to Present", June 12, 2003). 


2. Las relaciones son inestables


Una sexta parte de las parejas que cohabitan sólo permanecen unidas por tres años; una de cada diez sobrevive junta más de cinco años. Son datos extraídos del libro de Bennett, W.J., The Broken Hearth: Reversing the Moral Collapse of the American Family (2001).


3. El riesgo de divorcio es mayor


El porcentaje de divorcio entre quienes cohabitan antes del matrimonio es de casi el doble -39 por ciento frente a 21 por ciento- que el de las parejas que se casan sin haber vivido juntos.


4. Las mujeres sufren desproporcionadamente


Las mujeres que cohabitan con sus parejas acaban asumiendo las responsabilidades del matrimonio pero sin la protección legal, particularmente en lo referido al cuidado de los hijos, al tiempo que aportan más de 70 por ciento a la economía de la pareja (datos del estudio realizado por Crouse, J.C., "Cohabitation: Consequences for Mothers and Children," (Oct. 2004).


5. Mayor riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual o ETS (STD por sus siglas en inglés)


Los hombres en relaciones de cohabitación tienen cuatro veces más probabilidades de ser infieles que los casados. En 1960 había sólo tres tipos de ETS, mientras que ahora hay dos docenas que son además incurables. Los casos de ETS se han triplicado en los últimos seis años. El porcentaje de ETS entre las parejas que cohabitan es seis veces superior al de las mujeres casadas (Crouse, J.C., Gaining Ground: A Profile of American Women in the Twentieth Century, 2000).


6. Mayor riesgo de abuso de drogas y de problemas psiquiátricos


Una revisión de 130 estudios realizada por la universidad UCLA halló que los matrimonios precedidos por cohabitación eran más propensos a problemas de drogas y alcohol (Coombs, R.H., "Marital Status and Personal Well-Being: A Literature Review," Family Relations, 1991). La depresión es tres veces más probable entre parejas que cohabitan que entre matrimonios (Robbins, L., Rieger, D., Psychiatric Disorders in America, 1990).


7. Mayor índice de pobreza


La situación económica de las parejas que conviven pero nunca se casan es un 78 por ciento inferior que la de los casados (Cohabitation Facts website).


8. Los niños sufren


El índice de pobreza entre los niños de parejas que cohabitan es de cinco veces que el de los hogares de casados (Bennett, op. cit.). En comparación con los hijos de matrimonios, los adolescentes de 12 a 17 años de padres que cohabitan son seis veces más propensos a padecer problemas emocionales y de conducta (Booth, A., Crouter, A.C., eds., Just Living Together: Implications of Cohabitation on Families, Children and Social Policy, 2002).

Igualmente, los adolescentes de parejas no casadas tienen un 122 por ciento más de probabilidades de ser expulsados de la escuela (Manning, W.D., Lamb, K.A., "Adolescent Well-Being in Cohabiting, Married and Single-Parent Families," Journal of Marriage and Family, Nov. 2003).


9. La sociedad paga el precio


Estados Unidos tiene el índice más alto de encarcelamientos del mundo, con dos millones de presos. Un 70 por ciento de los jóvenes en las cárceles de los Estados son de hogares sin padre (Drake, T., "The Father Factor: Crime on Increase in ‘Dad Free' Zones" National Catholic Register, 2007). Y tres cuartas partes de los niños involucrados en actos delictivos son hijos de parejas que cohabitan (Crouse).


10. La cohabitación engendra abuso, violencia y asesinato


Datos sobre el abuso de niños:


Los porcentajes más bajos de abuso se registran entre hijos de matrimonios que viven en armonía; es seis veces superior en familias adoptivas; 14 veces superior en los hogares de madres solteras; 20 veces mayor en hijos biológicos de parejas que cohabitan; y 33 veces mayor cuando la madre cohabita con un novio que no es el padre biológico de los hijos (Crouse, op. cit.).


Datos de abuso de mujeres:


En comparación con las mujeres casadas, las que cohabitan tiene tres veces más probabilidades de sufrir agresiones físicas de su pareja (Salari, S.M., Baldwin, B.M., "Verbal, Physical, and Injurious Aggression Among Intimate Couples Over Time," Journal of Family Issues, May 2002): y nueve veces más probabilidades de ser asesinadas por ellos (Shackelford, T.K., "Cohabitation, Marriage, and Murder: Woman-Killing by Male Romantic Partners," Aggressive Behavior, vol. 27, 2001).


Fuente - Texto tomado de CORAZONES.ORG:
http://www.corazones.org/diccionario/cohabitacion.htm

Catecismo de la Iglesia Católica - 6° Mandamiento - No cometerás actos impuros

     



Castidad y homosexualidad


2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.


Fuente - Texto tomado de VATICAN.VA: