jueves, 9 de julio de 2026

San Cristóbal - Mártir - Siglo III - Fiesta Julio 10

     



Cristóbal significa
"El que carga o portador de Cristo"


Su martirio es colocado en la persecución de Decio, entre los años 249 y 251. Cristóbal es conocido como "Mártir de Cristo", bajo el reinado del emperador Decio. Dan fe las numerosas reliquias desperdigadas por el orbe cristiano, veneradas desde tiempos muy remotos. Algunas fueron llevadas a España, al parecer poco después del martirio. Un brazo se conserva en Compostela, una mandíbula en Astorga, y poseen varias otras: Toledo y Valencia.

Según la tradición, fue Cristóbal el primogénito y unigénito de un rey cananeo, y nació en Sidón o en Tiro. Antes de ser bautizado se llamaba Relicto. Tenía gran porte, verdadero gigante por su estatura, de cabellera rubia, ojos claros y mirada penetrante; y despertaba en todos excepcional simpatía. Mientras fue pagano, pensó sólo en aventuras. Su sed de gloria le impulsó a poner su espada al servicio de un gran rey. Dejó su patria, se puso en camino y fue a parar a las huestes de Giordano, emperador de Roma. Relicto era ducho en las armas; y tal valor mostraba y tanta destreza en el combate, que el emperador quería tenerlo junto a sí en los momentos de peligro.

Pero un día Relicto oyó hablar de Cristo, como el más poderoso de los reyes. Y comenzó a preguntar:




"¿Dónde he de encontrar a ese Cristo, Monarca más poderoso que todos los otros?"


La Divina Providencia le deparó un buen maestro; un ermitaño cristiano, por el cual se dejó instruir en el conocimiento de los misterios de la fe verdadera. No tardó en abandonar la milicia terrena y adscribirse al servicio del "Rey Inmortal de los siglos".

Y pregunta entonces Relicto al ermitaño:


"¿Cómo he de servir a mi nuevo Señor?"


Le responde éste:


"Con la oración y el ayuno"

"No sé rezar"

"Ayuna, pues"

"¿No ves mi corpulenta estatura? He de comer más que los otros para sostenerme"

"Sírvele entonces con tu estatura y tu fuerza. Ayuda a vadear el río a los caminantes que lo necesiten"


Obedeció exactamente al ermitaño. Su cuerpo gigantesco empezó a transportar sobre sus hombros a los que no se atrevían a vadear la corriente. Y así una temporada; hasta que un día vio un niño en la ribera; y habiéndole preguntado qué deseaba, el pequeño le respondió que le pasase a la otra orilla. Tomóle Relicto y se lo puso al hombro, creyendo que el peso sería insignificante. Se equivocó. Cuenta uno de sus biógrafos que "Cristóbal entró animoso al río con su báculo (una recia y alta vara con la que solía ir a todas partes), como jugueteando con las ondas; pero a los pocos instantes conoció que el alto bajel se iba a pique, arrebatado de la furia de las aguas. Crecían éstas; hinchábanse las olas, procuraba él cortarlas valientemente, haciendo pie firme en la arena; pero nada le valía, porque el Niño que llevaba en sus hombros le abrumaba tanto con el peso, que si Él mismo no le diera la mano, en ellas hubiera hallado su sepultura. Rendido, sudando y gimiendo, salió a la orilla y admirado puso al Niño en la arena y le dijo:


"¿Quién eres Niño? En gran peligro me has puesto. Jamás me vi en riesgo de perder la vida, sino hoy, que te llevé sobre mi espalda. Las coléricas aguas aumentaban su enojo, y Tú ibas multiplicando tu peso. No pesabas tanto al principio. ¿Quién eres Niño, que tan en la mano tienes hacerte ligero o pesado? Creo que más pesas Tú que el Mundo"


Y entonces oyó Relicto la respuesta, en la cual se le señalaba, precisamente, el nombre que habría de adoptar en el Bautismo:


"Te llamarás Cristóforo, porque has llevado a Cristo sobre tus hombros. No te admires de que Yo te pese más que el mundo, aunque me veas tan niño; porque, realmente, peso Yo más que el mundo entero. Yo Soy de este mundo, que dices, el único Creador; y así, no sólo al mundo, sino al Creador del mundo, has tenido sobre ti. Bien puedes gloriarte con el peso: Yo Soy ese Señor que buscas: Hallaste ya lo que deseas y a quien has servido tanto en esas obras piadosas. Y aunque sobra mi palabra para crédito de mi verdad, pues sólo porque Yo lo digo tiene su firmeza la fe, ejecutaré un prodigio para que conozcas la grandeza de este Niño pequeño. Vuélvete a tu casa, no tienes ya que temer las olas. Fija en la tierra ese árido tronco que te sirve de báculo, que mañana lo verás, no sólo florido, sino coronado de frutos"


Cristóbal significa
"El que carga o portador de Cristo"


En efecto, a la mañana siguiente la estaca seca plantada en el suelo se había trocado en esbelta palmera, con incontables frutos. Otra vez, según la tradición, se realizó el mismo prodigio, y entonces, instantáneamente, y ante los ojos de todo el pueblo, a petición del Santo, que lo impetró de Dios para ofrecer un testimonio de la verdad que estaba predicando.

Fue después del episodio del divino Niño cuando Relicto recibió el Bautismo, que le administró el Patriarca Babilas en su Basílica de Antioquía. Desde aquel momento, se llamó ya siempre CRISTÓFORO, es decir, PORTADOR DE CRISTO.




De cuatro maneras -dice un escritor tan leído como es Tihamer Toth- llevó Cristóbal a Cristo: sobre sus hombros; en los labios, por la confesión y predicación de su Nombre; en el corazón, por el amor; y en todo el cuerpo, por el martirio.

Provisto él de su gran bastón en la mano, y caminando majestuosamente, no cesó de evangelizar a las gentes de Samos, maravilladas de su elocuencia. Por aquel entonces salió un edicto de persecución del emperador Decio, mandando que fuesen ofrecidos sacrificios a los dioses paganos y amenazando con las más graves penas a cuantos se resistiesen a ofrecerlos. Dagón, prefecto de la Licia, se afanó en cumplir rigurosamente el decreto. Y así, después de ordenar a sus soldados la profanación de todas las iglesias o lugares donde era adorado el Dios Verdadero, les incitó a que se lanzasen como lobos rapaces sobre todos los cristianos que no quisiesen enseguida claudicar. Nuestro Santo fue uno de los primeros en incurrir en esas iras.

Al ver que se aproximaba su hora, imploró el auxilio divino, postrándose en el suelo. Jesucristo se le apareció y, levantándolo, alentó sobre él, dándole el espíritu de sabiduría, y le dijo:




"No temas, que Estoy contigo"


Cristóbal, al saber, primero, y ver, después, cómo eran torturados los que confesaban públicamente la fe de Cristo, en vez de desfallecer, en medio de una multitud inmensa clamó:


"También yo soy cristiano y tampoco quiero sacrificar a los falsos dioses"


Inmediatamente fue detenido y conducido hacia el tribunal del prefecto.

En diálogo con Dagón se mostró Cristóbal investido de una serenidad imponente, proclamando su fe con palabras de profundidad celestial y manteniéndose inconmovible lo mismo ante las promesas seductoras que ante las más feroces amenazas.

Prolija resultaría también la reseña de los tormentos a que fue sometido. Flagelación con varillas de hierro, durante la cual no cesaba Cristóbal de cantar himnos a Dios. Prueba de un casco de hierro al rojo vivo sobre su cabeza, de la cual sale indemne. Parrilla enorme sobre la que es tendido para que sea quemado en fuego lento, y que es derretida por las llamas, mientras éstas respetan su cuerpo. Saetas innumerables arrojadas sobre Cristóbal atado a un árbol, sin que ni una sola dé en el blanco, pero sí una en un ojo del prefecto... Y entonces, la voz del Mártir, que resuena vibrante:


"El Señor prepara ya mi corona... Cuando la espada separe mi cabeza de mi cuerpo, unge tu ojo con mi sangre, mezclada con el polvo, y al punto quedarás sano. Entonces reconocerás Quién te creó y Quién te ha curado"


A la mañana siguiente Cristóbal es decapitado, y el prefecto hace lo que le indicara. Al punto recobra la visión, abraza la verdadera fe, ordena a sus súbditos que adoren a Cristo y abandonen el culto de los falsos dioses.


Fuente - texto tomado de la Biblioteca Electrónica Cristiana:

Fuente - Texto tomado de EWTN:
https://www.ewtn.com/es/catolicismo/santos/cristobal-14826

Novena a Nuestra Señora Virgen del Carmen - Día Cuarto - Julio 10 de 2026

     



Acto de Contrición
para todos los días


Dios mío y Señor mío, postrado delante de vuestra Majestad Soberana, con todo mi ser, con toda mi alma y todo mi corazón te adoro, confieso, bendigo, alabo y glorifico. A Ti te reconozco por mi Dios y mi Señor; en Ti creo, en Ti espero y en Ti confío me has de perdonar mis culpas, y dar tu gracia y perseverancia en ella, y la gloria que tienes ofrecida a los que perseveran en tu amor. A Ti amo sobre todas las cosas. A Ti confieso mi suma ingratitud y todas mis culpas y pecados, de todo lo cual me arrepiento y te pido me concedas benignamente el perdón. Pésame, Dios mío, de haberos ofendido, por ser Vos quien sois. Propongo firmemente, ayudado con vuestra divina gracia, nunca más pecar, apartarme de las ocasiones de ofenderos, confesarme, satisfacer por mis culpas y procurar en todo serviros y agradaros. Perdóname, Señor, para que con alma limpia y pura alabe a la Santísima Virgen, Madre vuestra y Señora mía, y alcance por su poderosa intercesión la gracia especial que en esta Novena pido, si ha de ser para mayor honra y gloria vuestra, y provecho de mi alma. Amén.


Oración para todos los días


Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:


(Rezar tres Avemarías)


Rezar a continuación
la oración del día que corresponda:





DÍA CUARTO


¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para mostrar tu especialísimo amor a los Carmelitas les honraste con el dulce nombre de hijos y hermanos tuyos, alentando con tan singular favor su confianza, para buscar en Ti, como en amorosa Madre, el remedio, el consuelo y el amparo en todas sus necesidades y aflicciones, moviéndoles a la imitación de tus excelsas virtudes. Te ruego, Señora, me mires como amorosa Madre y me alcances la gracia de imitarte, de modo que dignamente pueda yo ser llamado también hijo tuyo, y que mi nombre sea inscrito en el libro de la predestinación de los hijos de Dios y hermanos de mi Señor Jesucristo. Así Señora, te lo suplico humildemente, diciendo:


Dios te Salve, Reina y Madre 
de misericordia, etc.


Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena


Oración final para todos los días


Virgen Santísima del Carmen; yo deseo que todos sin excepción se cobijen bajo la sombra protectora de tu santo Escapulario, que todos estén unidos a Ti, Madre mía, por los estrechos y amorosos lazos de ésta tu querida Insignia. ¡Oh hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante tu sagrada imagen, y concédenos benigna tu amorosa protección.

Te recomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre, el Papa, y las de la Iglesia Católica, nuestra Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo, las mías propias y las de mis parientes y amigos. Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores, herejes y cismáticos cómo ofenden a tu divino Hijo, y a tantos infieles cómo gimen en las tinieblas del paganismo. Que todos se conviertan y te amen, Madre mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad. Así sea.


Fuente - Texto tomado de DEVOCIONARIO.COM:

¡ESCÁNDALO DOCTRINAL! León XIV rechaza abiertamente el reinado de Cristo Rey sobre los estados y las naciones



En la encíclica Magnifica Humanitas de León XIV se encuentran errores a lo largo de la misma, en la que afirma que la sociedad civil posee "autonomía" respecto de la religión y que el Estado tiene "plena autonomía" respecto de la Iglesia Católica.


Matthew McCusker


Miércoles 8 de julio de 2026 - 15:54 EDT


Ahora bien, esta autoridad, perfecta en sí misma y claramente destinada a ser ilimitada, atacada durante tanto tiempo por una filosofía sumisa al Estado, la Iglesia nunca ha dejado de reivindicarla y ejercerla abiertamente. Los apóstoles mismos fueron los primeros en defenderla cuando, al serles prohibido por los dirigentes de la sinagoga predicar el Evangelio, respondieron con valentía: «Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres».

— Papa León XIII, Immortale Dei , “Sobre la constitución cristiana de los Estados”

( LifeSiteNews ) — En su reciente “carta encíclica” Magnifica Humanitas, León XIV rechazó públicamente el reinado de Cristo Rey sobre los estados y las naciones.

En este documento, afirma que la sociedad civil posee “autonomía” respecto de la religión, incluso en sus “valores” y “leyes”, y que el Estado tiene “plena autonomía” respecto de la Iglesia Católica.


En Magnifica Humanitas se encuentran errores en lo que respecta a la relación entre la Iglesia y el Estado, y la autoridad de Cristo y su Iglesia sobre el mundo que Él creó.


En dos artículos anteriores, he explorado los temas principales de la encíclica y he analizado la forma en que contradice la enseñanza católica sobre la autoridad de la Iglesia.

En este tercer artículo, me centraré en la afirmación de la “autonomía” de la sociedad civil respecto de la Iglesia, analizando específicamente el tratamiento de esta cuestión en la sección del Capítulo 1 titulada “Una iglesia que recorre la historia de la humanidad”.


La misión de la Iglesia Católica


León XIV abre la sección con estas palabras:

La vocación y el deber de la Iglesia de acompañar a la humanidad en los detalles de la historia la llevan a reconocer que las realidades terrenales poseen su propio carácter y orden. [1]

El tratamiento que León da a este tema comienza con una explicación insuficiente de la misión de la Iglesia.

El Concilio Vaticano I enseñó que:

El eterno Pastor y Obispo de nuestras almas decidió fundar una Iglesia santa para extender la obra salvífica de la redención por todas las épocas. [2]

Esta es la misión o “vocación” de la Iglesia Católica.

El teólogo reverendo E. Sylvester Berry explicó:

Para que la Verdad divina llegara a todos los hombres, Jesucristo estableció una Iglesia, una organización de enseñanza, para hablar al mundo en su nombre y con su propia autoridad. A esa Iglesia le dio una misión muy clara e inequívoca: enseñar a los hombres todo lo que Él había enseñado, ni más ni menos. Cristo impuso a todos los hombres la obligación de escuchar a su Iglesia como ellos lo escucharían a Él. [3]

Todo ser humano «debe someterse a la autoridad de su Iglesia, ser instruido y gobernado por ella, y recibir a través de ella todos los medios de salvación. Esto es evidente por la comisión que Cristo dio a sus apóstoles cuando los envió a enseñar a todas las naciones». [4]

Es voluntad de Jesucristo que toda la humanidad esté sujeta a su autoridad, ejercida a través de la jerarquía de su Iglesia.

Esta autoridad es triple:

  1. Por su poder de enseñanza, enseña infaliblemente la totalidad de la Revelación Divina a cada generación.
  2. Por su poder santificador, Él santifica las almas mediante sus sacramentos y otros ritos sagrados.
  3. Mediante su poder rector, dirige las almas hacia la unión eterna consigo mismo a través de santas disciplinas, leyes y mandamientos.

He analizado con más detalle la naturaleza de esta autoridad en un artículo anterior.

Aquí bastará con señalar la diferencia entre presentar a la Iglesia como la maestra, gobernadora y santificadora autorizada de la humanidad y presentarla como un cuerpo que no hace más que «acompañar a la humanidad», o como lo expresó León XIV en un párrafo anterior del texto, «una Iglesia que camina al lado de la humanidad, reconociendo la autonomía de las realidades terrenales». [5]

La Iglesia Católica no se limita a «acompañar a la humanidad». La Iglesia Católica es el Cuerpo Místico del cual Jesucristo es la Cabeza Divina. Es su voluntad que toda la humanidad se una como miembro de este cuerpo y se someta a su jurisdicción.

La Iglesia enseña y gobierna a los hombres en todo lo que concierne a la salvación eterna. Tiene el derecho de emitir mandamientos, y sus miembros tienen la obligación de recibir sus enseñanzas y obedecer sus leyes.

La Iglesia enseña con autoridad incluso a los no bautizados, quienes están estrictamente obligados a recibir el bautismo al oír la predicación de la Iglesia, según el mandato de su Creador:


Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, será salvo; mas el que no crea, será condenado. (Mc 16:15-16)


Como enseñó el Papa León XIII:

Su imperio incluye no solo a las naciones católicas, no solo a las personas bautizadas que, aunque legítimamente pertenecen a la Iglesia, han sido extraviadas por el error o se han separado de ella por el cisma, sino también a todos aquellos que están fuera de la fe cristiana; de modo que verdaderamente toda la humanidad está sujeta al poder de Jesucristo. [6]


La sociedad civil no tiene autonomía respecto de la religión


En la siguiente frase del párrafo 20, León XIV escribe:

El Concilio Vaticano II expresó este principio con particular precisión en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, cuyo 60 aniversario recordamos y celebramos con gratitud el 7 de diciembre de 2025: «Si por autonomía de los asuntos terrenales se entiende que las cosas creadas y las sociedades mismas gozan de sus propias leyes y valores… entonces la demanda de autonomía es perfectamente procedente». [7]

El párrafo número 36 de Gaudium et Spes, que cita León XIV, se refiere específicamente a la autonomía respecto de la «religión» que, según afirma, es «necesaria para el hombre moderno». Este texto es típico de Gaudium et Spes y de los documentos del Concilio Vaticano II en general. En primer lugar, afirma una doctrina falsa: que las «sociedades» humanas tienen «autonomía» respecto de la «religión». Posteriormente, introduce matices y aclaraciones que parecen modificar el error original para permitir que se interprete la afirmación original de manera ortodoxa.

Esta fue una estrategia deliberada. El padre Edward Schillebeeckx, OP, un teólogo heterodoxo, reveló que un miembro de la comisión doctrinal del Concilio le dijo:

Lo decimos diplomáticamente, pero después del consejo sacaremos las conclusiones implícitas. [8]

En Magnifica Humanitas, vemos un claro ejemplo de cómo se extraen las "conclusiones implícitas". León no cita ninguna de las salvedades y advertencias de Gaudium et Spes; simplemente cita el error fundamental.

Parece claro que la intención de León XIV es afirmar que las sociedades tienen autonomía respecto de la religión y gozan de leyes y valores propios. Incluso modifica la cita de Gaudium et Spes para resaltar aún más la falsa doctrina. Y luego, como veremos, la desarrolla aún más para afirmar que el Estado tiene plena autonomía respecto de la Iglesia.

La afirmación de la “autonomía” de la humanidad respecto a la religión es puro liberalismo.

La esencia del liberalismo radica en la afirmación de la independencia del intelecto y la voluntad humanos individuales respecto a la necesaria conformidad con cualquier realidad externa. [9] El liberalismo considera que la «libertad» frente a las restricciones externas es el factor determinante del florecimiento humano. Cuanto mayor sea la libertad de pensamiento y acción de las personas, más se acercarán al ideal liberal de la vida humana.

La verdad es otra.

El ser humano es un ser dependiente, cuya dependencia última reside en el Dios que lo creó y que lo sostiene en cada instante de su existencia. El intelecto humano fue creado para conocer la verdad, y nuestra voluntad fue creada para que pudiera elegir actuar de acuerdo con la verdad que conoce. Cuanto más conocemos la verdad y más conformamos nuestro intelecto y voluntad a ella, más nos acercamos a cumplir nuestro propósito. Nuestra mayor felicidad se encuentra cuando nuestro intelecto ve a Dios y nuestra voluntad descansa en Él por toda la eternidad en la visión beatífica del cielo.

La dependencia del hombre respecto a Dios es el fundamento de la religión, tanto en el orden natural como en el sobrenatural. Como escribió el filósofo Austin M. Woodbury, SM: «La religión se basa en la dependencia esencial del hombre respecto a Dios, de cuya comprensión proceden las diversas obligaciones religiosas». [10]

Estas obligaciones incluyen reconocer nuestra dependencia de Dios, rendirle culto y obedecer su Ley Eterna, la cual encontramos escrita en nuestros corazones (Rm 2:15). Esta ley natural debe ser observada, incluyendo las obligaciones religiosas que prescribe. (Para un análisis más detallado de la ley natural, consulte aquí).

La afirmación de que las "sociedades" humanas son autónomas de la "religión" y "gozan de sus propias leyes y valores" es simplemente falsa, incluso en el orden natural.

En Libertas, el Papa León XIII enseñó que:

Rechazar cualquier vínculo de unión entre el hombre y la sociedad civil, por un lado, y Dios Creador y, por consiguiente, el Legislador supremo, por otro, es claramente repugnante a la naturaleza, no solo del hombre, sino de todas las cosas creadas. [11]

Esto se debe a que “necesariamente, todos los efectos deben estar conectados de alguna manera apropiada con su causa”. [12] Esta es la conexión que la doctrina de León XIV, de ser cierta, rompería.


Las sociedades humanas están obligadas a reconocer a Dios


En Immortale Dei, el Papa León XIII escribió:

La naturaleza y la razón, que mandan a cada individuo a adorar devotamente a Dios en santidad, porque le pertenecemos y a Él debemos regresar, puesto que de Él venimos, obligan también a la comunidad civil por una ley semejante. [13]

Esto se debe a que:

Los hombres que viven juntos en sociedad están bajo el poder de Dios tanto como los individuos, y la sociedad, tanto como los individuos, debe gratitud a Dios, quien le dio la existencia y la mantiene, y cuya bondad siempre abundante la enriquece con innumerables bendiciones. [14]

Lo que es cierto para la religión natural, también lo es para la religión sobrenatural que practica la Iglesia Católica.

El Papa León XIII continuó:

A nadie se le permite descuidar el servicio debido a Dios, y puesto que el deber principal de todos los hombres es aferrarse a la religión tanto en su enseñanza como en su práctica, no a la religión que puedan preferir, sino a la religión que Dios ordena, y que ciertas y más claras señales muestran como la única religión verdadera, es un crimen público actuar como si no existiera Dios.

Así también, ¿es pecado que el Estado no se preocupe por la religión como algo que está fuera de su alcance, o como algo sin beneficio práctico, o que de entre muchas formas de religión adopte aquella que le resulte más atractiva? Pues estamos obligados absolutamente a adorar a Dios de la manera que Él ha manifestado como su voluntad. [15]

Y solo hay una religión que Dios ha demostrado que es verdadera, como deja claro el Papa:

Ahora bien, no debería ser difícil discernir cuál es la verdadera religión, si se busca con una mente sincera e imparcial; pues las pruebas son abundantes e impactantes. Tenemos, por ejemplo, el cumplimiento de profecías, numerosos milagros, la rápida propagación de la fe en medio de los enemigos y frente a obstáculos abrumadores, el testimonio de los mártires, y otros ejemplos similares. De todo esto se desprende que la única religión verdadera es la establecida por Jesucristo mismo, quien la encomendó a su Iglesia para protegerla y propagarla. [16]

Por lo tanto, León XIV comete un grave error al sugerir que las "sociedades", sus "leyes" y sus "valores" pueden tener "autonomía" respecto de la religión.


La sociedad civil no tiene "plena autonomía" respecto de la Iglesia


León XIV comienza el párrafo 21 de la siguiente manera:

Reconociendo que Dios defiende la libertad de hombres y mujeres en el devenir de la historia, el Concilio Vaticano II afirmó la distinción entre la comunidad eclesial y la comunidad política, haciendo hincapié en que cada una debe operar con plena autonomía. [17]

La Iglesia y el Estado son, sin duda, sociedades distintas, pero es falso afirmar que el Estado tiene “plena autonomía” respecto de la Iglesia.

Sobre la distinción adecuada entre estas dos sociedades, el Papa León XIII enseñó:

Cada una en su género es suprema, cada una tiene límites fijos dentro de los cuales se encuentra contenida, límites que están definidos por la naturaleza y el objeto especial de la provincia de cada una, de modo que existe, podemos decir, una órbita trazada, dentro de la cual la acción de cada una se pone en juego por su propio derecho intrínseco. [18]

Como hemos visto anteriormente, la Iglesia Católica trabaja por la salvación y la santificación de la humanidad.

El Estado, por otro lado, busca el bien temporal de aquellos sobre quienes ejerce autoridad. Esto significa que trabaja para el pleno desarrollo de la vida física, intelectual y moral de sus súbditos y busca brindar paz y prosperidad a todo su pueblo. [19]

Estas dos esferas son distintas entre sí, y ni la Iglesia ni el Estado deben usurpar el papel que le corresponde a la otra. Son sociedades distintas y, en un sentido muy real, separadas entre sí.

Por otro lado, la pertenencia a cada cuerpo se superpone. Todo miembro de la Iglesia Católica es también miembro de un Estado. Por lo tanto, es posible estar sujeto simultáneamente tanto a la Iglesia como al Estado.

Dado que la pertenencia a la Iglesia y al Estado se superpone, también es posible que se produzca un conflicto entre sus respectivos mandatos. En Libertas, el Papa León XIII señala:

Hemos señalado en más de una ocasión que, si bien la autoridad civil no tiene el mismo fin inmediato que la espiritual, ni procede por los mismos caminos, no obstante, en el ejercicio de sus poderes distintos deben coincidir ocasionalmente. Pues sus sujetos son los mismos, y con frecuencia tratan los mismos asuntos, aunque de maneras diferentes. [20]

Continúa:

Siempre que esto ocurre, puesto que un estado de conflicto es absurdo y manifiestamente repugnante a la más sabia ordenanza de Dios, debe existir necesariamente algún orden o procedimiento para eliminar las ocasiones de diferencia y contienda, y para asegurar la armonía en todas las cosas. Esta armonía se ha comparado acertadamente con la que existe entre el cuerpo y el alma para el bienestar de ambos, cuya separación causa un daño irreparable al cuerpo, ya que extingue su propia vida. [21]

En los casos en que el Estado ordena algo contrario a la ley o a la doctrina de la Iglesia, es a la Iglesia a quien se debe obedecer. Esto se debe a que el fin de la Iglesia —la felicidad eterna— es superior al fin del Estado —la felicidad temporal—.

El Papa León XIII explica:

Esta sociedad está formada por hombres, al igual que la sociedad civil, y sin embargo es sobrenatural y espiritual, debido al fin para el que fue fundada y a los medios por los que pretende alcanzar ese fin.

Por lo tanto, se distingue y difiere de la sociedad civil, y, lo que es de suma importancia, es una sociedad constituida como de derecho divino, perfecta en su naturaleza y en su título, para poseer en sí misma y por sí misma, mediante la voluntad y la bondad amorosa de su Fundador, todas las provisiones necesarias para su mantenimiento y funcionamiento.

Y así como el fin al que se dirige la Iglesia es, con mucho, el más noble de los fines, así también su autoridad es la más excelsa de todas las autoridades, y no puede considerarse inferior al poder civil, ni dependiente de él de ninguna manera. [22]

Continúa:

En verdad, Jesucristo otorgó a sus apóstoles autoridad ilimitada en lo que respecta a las cosas sagradas, junto con el poder genuino y verdadero de legislar, así como el doble derecho de juzgar y castigar, que emanan de ese poder. «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra; por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones… enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado». Y en otro lugar: «Si no los escucha, díselo a la Iglesia». Y de nuevo: «Para estar dispuestos a castigar toda desobediencia». Y una vez más: «Para que… no actúe con mayor severidad, conforme al poder que el Señor me ha dado, para edificación y no para destrucción». [23]

Es necesario que la Iglesia de Cristo posea esta autoridad sin restricciones porque:

Es la Iglesia, y no el Estado, la que ha de guiar al hombre hacia el cielo. A la Iglesia Dios le ha encomendado la tarea de velar por todo lo que concierne a la religión y legislar al respecto; de enseñar a todas las naciones; de difundir la fe cristiana lo más ampliamente posible; en resumen, de administrar libremente y sin impedimentos, según su propio criterio, todos los asuntos que caen dentro de su competencia. [24]

El Estado jamás podrá ejercer autoridad alguna sobre la Iglesia como tal, aunque sí la tenga sobre sus miembros en asuntos civiles. El Estado no tiene derecho a interferir en el correcto funcionamiento de la Iglesia ni a obstaculizarlo de ninguna manera.

La Iglesia, por otro lado, tiene autoridad suprema en todo lo que atañe a la salvación eterna del hombre, lo cual incluye cada precepto de la ley moral. El Papa León XIII enseña:

Ahora bien, esta autoridad, perfecta en sí misma y claramente destinada a ser ilimitada, atacada durante tanto tiempo por una filosofía que se doblega ante el Estado, la Iglesia nunca ha dejado de reivindicarla y ejercerla abiertamente. Los propios apóstoles fueron los primeros en defenderla cuando, al serles prohibido por los dirigentes de la sinagoga predicar el Evangelio, respondieron con valentía: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres». [25]

Esta autoridad, señaló el papa, se ha mantenido gracias a los “contundentes argumentos” de los “santos Padres de la Iglesia” y “los Romanos Pontífices nunca han rehuido defenderla con inquebrantable constancia”. [26]

También ha sido reconocido con frecuencia por los propios gobernantes:

Es más, los príncipes y todos los investidos de poder para gobernar lo han aprobado, tanto en teoría como en la práctica. No cabe duda de que, al celebrar tratados, al realizar transacciones comerciales, al enviar y recibir embajadores y al realizar otros tratos oficiales, han tratado a la Iglesia como a un poder supremo y legítimo. [27]


La enseñanza del Papa León XIII destruye la afirmación de León XIV de que el Estado tiene “plena autonomía” respecto de la Iglesia Católica.


La Iglesia Católica es un poder supremo y legítimo, con autoridad plena e ilimitada en todos los asuntos que le competen. Las autoridades civiles deben someterse a las autoridades eclesiásticas en todo lo que sea de su competencia.


Cristo es rey sobre todos
los estados y naciones


Jesucristo es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, por quien todas las cosas fueron hechas. Él es nuestro Redentor y nuestro Señor. Gobierna sobre la Iglesia, de la cual es la Cabeza Divina y Sumo Sacerdote, y gobierna sobre el Estado, del cual es Rey y Soberano Supremo. Toda autoridad legítima, tanto en la Iglesia como en el Estado, emana de Él.

León XIV, al afirmar la autonomía de la sociedad civil respecto de la religión y la autoridad eclesiástica, niega la dependencia que la sociedad civil tiene de Dios, su Creador. Expulsa a Jesucristo de la vida política y cívica y limita a su Iglesia al papel de mera consejera sin autoridad.

León admite abiertamente que esa es su intención. Nos dice que ofrece esta explicación porque «de no hacerlo, la Doctrina Social correría el riesgo de ser percibida como una injerencia indebida en asuntos “mundanos” o como un código ético externo impuesto desde arriba». [28]

Él cree que la Iglesia no tiene derecho a “interferir” en los asuntos “mundanos” de los hombres ni a imponer la ley moral.


Esto puede ser cierto en el caso de la «Iglesia sinodal», de la cual León es el líder. Pero sin duda no lo es en el caso de la Iglesia católica fundada por Jesucristo.


Esta Iglesia, infalible e indefectible, permanece siempre fiel a la misión que le fue encomendada: enseñar a las naciones con autoridad y guiar a los hombres hacia la vida eterna. Aunque temporalmente se vea ensombrecida por las acciones de hombres malvados, solo espera el momento preparado por la Divina Providencia en el que su voz será escuchada con claridad por todos, proclamando el Imperio de Nuestro Señor.


Fuente - Texto tomado de LIFESITENEWS.COM: