jueves, 2 de julio de 2026

Santo Tomás - Apóstol - Siglo I - Fiesta Julio 3

    



Desde el siglo VI se celebra el día 3 de julio el traslado de su cuerpo a Edesa. Santo Tomás era judío, y probablemente galileo, humilde pescador de oficio. Tuvo la felicidad de seguir a Cristo que lo hizo apóstol en el año 31. Tomás es conocido entre los demás apóstoles por su incredulidad, que se desvaneció en presencia de Cristo resucitado; él proclamó la fe pascual de la Iglesia con estas palabras:


"¡Señor mío y Dios mío!"


La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio. De este apóstol narra el Santo Evangelio tres episodios:

Primer episodio: Sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalén, donde según lo anunciado, será atormentado y lo matarán. En este momento los discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que pueden suceder y dicen a Jesús:


"Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?"


Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (el gemelo) (Jn. 11,16): "Tomás, llamado Dídimo dijo a los demás:




"Vayamos también nosotros y muramos con Él"


Aquí el Apóstol demuestra su admirable valor. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores, y sin embargo, arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Él estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús. Nadie tiene por qué sentirse avergonzado de tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente, es el que a causa del temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer, Santo Tomás nos sirva de ejemplo.

Segundo episodio: Sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los Apóstoles:


"A donde Yo voy, ya sabéis el camino"


Y Tomás le respondió:


"Señor: no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn. 14,15)


Los Apóstoles no lograban entender el camino por el cual debía transitar Jesús, porque ese camino era el de la Cruz. En ese momento ellos eran incapaces de comprender esto tan doloroso. Y entre los Apóstoles había uno que jamás podía decir que entendía algo que no lograba comprender. Ese hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en serio, para decir externamente aquello que en su interior no aceptaba. Tenía que estar seguro. De manera que le expresó a Jesús sus dudas y su incapacidad para entender aquello que Él les estaba diciendo. Y lo maravilloso es que la pregunta de un hombre que dudaba obtuvo una de las respuestas más formidables del Hijo de Dios. Le dijo Jesús:




"Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mí"


En esta respuesta Jesús habla de tres cosas supremamente importantes para todo israelita: El Camino, la Verdad y la Vida. Para ellos el encontrar el verdadero camino para llegar a la santidad, y lograr tener la verdad y conseguir la vida verdadera, eran cosas extraordinariamente importantes. En sus viajes por el desierto sabían muy bien que si equivocaban el camino estaban irremediablemente perdidos, pero que si lograban viajar por el camino seguro, llegarían a su destino. Pero Jesús no sólo anuncia que les mostrará a sus discípulos cuál es el camino a seguir, sino que declara que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida. No sólo nos dijo cuál era el camino para llegar a la Eternidad Feliz, sino que afirma solemnemente:




"Yo voy para allá, síganme, que yo soy el Camino para llegar con toda seguridad"


Y añade:




"Nadie viene al Padre sino por Mí"


O sea, que para no equivocarnos, lo mejor será siempre ser amigos de Jesús y seguir sus santos ejemplos y obedecer sus mandatos. Ése será nuestro camino, y la verdad nos conseguirá la Vida Eterna.

Tercer episodio: El hecho más famoso de Tomás:

Los creyentes recordamos siempre al Apóstol Santo Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso. Dice San Juan (Jn. 20,24):


"En la primera aparición de Jesús resucitado a sus Apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían:

"Hemos visto al Señor"




Él les contestó:

"Si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros de sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré"

Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presentó Jesús y dijo a Tomás:

"Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente"

Tomás le contestó:

"Señor mío y Dios mío"

Jesús le dijo:

"Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver"




Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su Pasión y Muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás Apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta. Tomás cometió un error al apartarse del grupo. Nadie está peor informado que el que está ausente. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe.

Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo esa bellísima profesión de fe: "Señor mío y Dios mío", y por eso se fue después a propagar el Evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia:


"Dichosos serán
los que crean sin ver"



Fuente - Texto tomado de CATOLICO.ORG:
http://www.catolico.org/santos/tomas_apostol.htm


Fuente - Texto tomado de EWTN:
https://www.ewtn.com/es/catolicismo/santos/tomas-apostol-15095

VIDEO - Jesucristo reveló el Sello de Dios para resistir al Anticristo



¿Puede la Sangre de Cristo sellar sobrenaturalmente a los fieles?


En Nigeria, Jesucristo explicó cómo recibir el Gran Sello de Dios.

Una marca que los ángeles están colocando para preservar a los fieles durante la tribulación.

Quédate aquí, porque veremos qué es este sello, qué protección da frente a la marca de la bestia, el 666, y cuáles son las oraciones para recibirlo y conservarlo.

La idea de un sello de protección aparece en el Antiguo Testamento.

En el capítulo 9 de Ezequiel, Jerusalén está corrompida por la idolatría, y por actos que el profeta describe como abominaciones.

Entonces Dios ordena que un hombre vestido de lino recorra la ciudad y marque la frente de quienes sufren y lloran por esos pecados.

Entonces, los ejecutores del castigo recorrerían Jerusalén, pero no podrían tocar a nadie que tuviera aquella marca.

La marca separa a quienes lamentan el mal, de quienes lo aceptan, lo justifican o participan de él.

Y así, los marcados quedan preservados cuando comienza el juicio sobre la ciudad.

La señal no se da entonces por una práctica exterior. Se da a quienes rechazan el mal y sufren al verlo instalado en su pueblo.

Y siglos después, el Apocalipsis retoma la misma imagen.

En el capítulo 7, antes de que comiencen los daños sobre la tierra, cuatro ángeles reciben la orden de contener los vientos.

Otro ángel sube desde oriente con el sello de Dios vivo.

Y ordena que no se dañe la tierra, el mar ni los árboles, hasta que los siervos de Dios sean sellados en la frente.

El orden es claro: primero el sellado y después la prueba.

Más adelante, en el capítulo 13, aparece la marca de la bestia. El texto dice que sin ella nadie puede comprar ni vender.

Y que quien la recibe queda incorporado al poder de la bestia.

Y el capítulo 14 muestra al Cordero con quienes llevan en la frente su nombre y el nombre de su Padre.

En resumen: unos quedan identificados con la bestia y otros con el Cordero, a través de sus sellos.

Y añade un dato decisivo: los fieles vencen al acusador por la Sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio, capítulo 12.


Y en 1995, en la aldea de Olo, en el estado de Enugu, Nigeria, comenzaron los mensajes de Jesucristo a un adolescente llamado Bernabé Nwoye (Barnabas Nwoye).

El núcleo inicial fue la adoración de la Preciosa Sangre de Cristo, la reparación por los pecados, y la consolación a Jesús por los ultrajes recibidos durante su Pasión.

Jesús también le habló de una futura tribulación.

Y dentro de esa tribulación le hizo una promesa, para los devotos de la Preciosa Sangre: el Gran Sello de Dios.

El sello es como una marca espiritual concedida contra el sello del enemigo, identificado con el número 666.


De modo que esto significa que ciertos devotos recibirían un sello sobrenatural, pero real, de Dios, para protección en los tiempos de prueba.

Esta devoción recibió el respaldo eclesiástico en Nigeria y su libro de oraciones obtuvo el imprimatur de un obispo nigeriano.

Los mensajes vinculan el Gran Sello con la consagración a la Preciosa Sangre.

Los ángeles de Dios recorrerían la tierra para colocar el sello en los devotos preparados.

Y ese sello es el mismo mencionado en Apocalipsis 7 y 14.

Los mensajes dicen que los devotos de la Preciosa Sangre recibirían una marca sobrenatural, para no aceptar el sello de la bestia. Una marca real. E insisten en que no basta con rezar una oración.

El sello tendría que conservarse, permaneciendo en estado de gracia.

Por eso lo describen como una marca real ante Dios, ligada a la fidelidad del alma, y a su resistencia frente al poder del anticristo.

En uno de los mensajes:


Jesucristo afirmó, que quienes reciban el sello crecerán en la fe, y vencerán al “dragón rojo”.


Se presenta la Sangre de Cristo como protección frente a las trampas del demonio.

Y se afirma que, durante los 3 días de oscuridad, los ángeles derrotarán al enemigo, mediante el poder de esa Preciosa Sangre.

La protección, se relaciona especialmente con conservar la fe, y resistir la seducción del mal; no aceptar la marca de la bestia, y permanecer del lado de Cristo cuando llegue la persecución.

Pero los mismos mensajes incluyen promesas mucho más amplias sobre la preservación personal.

Hablan de defensa frente a enemigos, de ayuda angélica, y de una preservación especial durante el castigo anunciado.

Esas promesas son una de las razones por las que el tema del sello ocupa un lugar central dentro de esta devoción a la Preciosa Sangre.

¿Y quienes recibirán el sello?

Los mensajes recibidos por Bernabé Nwoye, no presentan el sello como una gracia, dada indistintamente a cualquiera que la pida.

Lo vinculan con quienes permanecen en estado de gracia. Con quienes rechazan el pecado, y buscan reparar las ofensas cometidas contra la Sangre de Cristo.

Los mensajes insisten en la conversión, mantenerse fieles a los mandamientos de Dios, y a la obediencia a Cristo.

Y no basta con repetir las oraciones de la devoción, el devoto tiene que vivir de acuerdo con aquello que reza.

Y luego la reparación ocupa un lugar central.

Los seguidores son llamados a ofrecer oraciones, sacrificios y vigilias, para consolar a Jesús por los pecados del mundo.

Y aparece una condición más: la fidelidad a la propia devoción de la Preciosa Sangre.

Según esos mensajes, quienes se consagran y perseveran en las prácticas indicadas por la devoción, serían los que recibirían y conservarían el sello.

La devoción propone varias prácticas para prepararse, para obtener el sello, y perseverar para mantenerlo.

La primera es la consagración a la Preciosa Sangre.

Según los textos de la devoción, allí se recibe el Gran Sello de Dios y se pide conservar la gracia santificante.

Después aparecen la Coronilla de la Preciosa Sangre, la Hora de Getsemaní y los actos de reparación.

En sus oraciones se invocan las llagas, los dolores y la Sangre derramada por Cristo.

Una de las fórmulas pide expresamente: “Por tu flagelación, sella a tus hijos”.

Es fundamental entender que el sellado está dentro de un escenario de tribulación.

De una purificación del mundo, una persecución contra los fieles, y un combate final entre el reino de Dios y el poder del enemigo.

En ese contexto, la devoción a la Preciosa Sangre es presentada como un “arca”, que recuerda al arca de Noé.

No se trataría sólo de escapar físicamente, sino de atravesar la prueba sin perder la fe.

Los textos afirman que la devoción protegería a un remanente durante el castigo y lo conduciría hacia una futura Era de Paz.

Sería la marca que distinguiría, a quienes permanecen unidos a Cristo, cuando la presión del mundo exija aceptar el poder de la bestia.

Hasta aquí cómo es la devoción a la Preciosa Sangre de Cristo recibida por Bernabé Nwoye, especialmente el Gran Sello de Dios.

Y tú, ¿Crees que el Gran Sello de Dios puede proteger a los fieles de la marca de la bestia o no?

¡Que Dios te bendiga y te proteja contra toda marca del enemigo!


Fuente - Imagen, video y texto tomado de YOUTUBE: