Jesucristo quiere que en nuestras aflicciones acudamos a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Levanta la vista ¡oh cristiano! y contempla a la Virgen del Perpetuo Socorro. Mira al Niño Jesús, que con sus manecitas temblorosas toma y estrecha la mano de su tierna Madre. ¿Qué ha sucedido? Que dos ángeles le presentan los instrumentos de su futura Pasión, y que al verlos el adorable infante teme, y busca en su dulce Madre protección y amparo. Con lo cual quiere decirte que, a imitación suya, debes tú también buscar siempre en María el socorro perpetuo en medio de las aflicciones de la vida presente.
Pedir la gracia
que se desea conseguir.
Rezar 3 Avemarías
y la oración correspondiente
Oración
¡Oh Salvador mío, Jesucristo! Al contemplaros en brazos de Vuestra Madre, veo que en medio de vuestro santo temor os abrazáis con Ella y me decís que os imite, recurriendo yo también a la que es mi perpetuo socorro. Inspiradme ¡oh Madre del Perpetuo Socorro! una confianza ilimitada en vuestra poderosa bondad.
Fuente - Texto tomado del Libro "Acudamos a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro" - Heraldos del Evangelio (Caballeros de la Virgen)
(La Brújula Cotidiana/Nico Spuntoni) - Hay unos seiscientos documentos aprobados por diversos Papas que condenan la masonería en cualquiera de sus formas. La masonería “niega por principio el valor de la verdad revelada” rechazando toda fe en los dogmas enseñados por la Iglesia. El indiferentismo religioso de los masones se caracteriza por “una concepción deísta” incompatible con la concepción católica. La Brújula Cotidiana entrevista al padre Zbigniew Suchecki, uno de los mayores expertos en la compleja relación entre la Iglesia y la masonería.
El juicio de la Iglesia sobre la masonería siempre ha tenido en cuenta no sólo si la organización opera o no contra la Esposa de Cristo, sino, más en general, su contradicción filosófica y moral con la doctrina católica. Estas van desde la bula de excomunión de Clemente XII In eminenti apostolatus specula (1738) hasta la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 26 de noviembre de 1983, redactada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger y aprobada por san Juan Pablo II. Los pronunciamientos de la Iglesia contra la masonería se han repetido a lo largo de los siglos y han confirmado que hasta ahora nada ha cambiado en la legislación sobre el tema.
La Brújula Cotidiana ha hablado sobre la compleja relación entre la masonería y la Iglesia católica con el padre Zbigniew Suchecki, profesor de la Facultad Pontificia de San Buenaventura – Seraphicum y uno de los mayores expertos en el tema. Suchecki ha escrito los volúmenes La Massoneria nelle disposizioni del «Codex Iuris Canonici del 1917 e del 1983 y también Chiesa e Massoneria. En dichas obras se ha inspirado para responder a nuestras preguntas.
Padre Suchecki, ¿qué documentos son dignos de mención sobre la relación entre la Iglesia y la masonería?
El canon 2335 del Código de Derecho Canónico de 1917 declara que los que se adhieren a la masonería o a otras asociaciones del mismo tipo que conspiran contra la Iglesia, incurren ipso facto en la excomunión reservada a la Sede Apostólica. En los últimos siglos, la masonería, ya sea regular, legítima, irregular o “desviada”, sin distinción, ha sido condenada por varios Papas en unos seiscientos documentos. Sin embargo, el tema es de gran actualidad porque muchos católicos pertenecen a la masonería libre.
¿Cuáles fueron las posiciones que surgieron sobre la masonería durante el Concilio Vaticano II?
La Comisión preparatoria del Concilio Vaticano II había recogido en seis puntos las propuestas y documentos de los obispos que se referían explícitamente a la masonería, De secta Francomurariorum. Los obispos exigieron explícitamente que se confirmara la condena de la masonería. Durante el Concilio Vaticano II hubo quienes intentaron presentar la masonería bajo una luz diferente, presionando para que se revisara la posición adoptada por la Iglesia en el pasado. Por ejemplo, el tema de la masonería fue planteado por el cardenal Ernesto Ruffini durante la 89ª Congregación General y tres veces por el obispo de Cuernavaca, México, monseñor Sergio Méndez Arceo que, durante la 35ª Congregación General, señaló que en la masonería hay muchos cristianos no católicos, que, si conocieran mejor la Iglesia, podrían ser un fermento para eliminar de la masonería todo lo que es anticristiano y anticatólico. Durante la 71ª Congregación General, monseñor Méndez Arceo, refiriéndose a la masonería, dijo que debían “revocar las leyes que la Iglesia ha decretado no pocas veces contra tales asociaciones, para que no se produzca la separación del bien y del mal en la Iglesia, yendo en contra de la doctrina de Cristo, que enseñó que hay que guardar la cizaña para no arrancarla con el trigo”.
¿En qué sentido la masonería libre cuestiona a la Iglesia? ¿Ha cambiado esta posición con el tiempo?
El hecho de que la masonería libre cuestione a la Iglesia de manera fundamental no ha cambiado. Esto resulta especialmente claro cuando consideramos qué “autocomprensión” concreta, qué base cultural, qué concepción del presente y qué perspectiva de futuro se han dado los masones libres como programa combativo en el documento Tesis para el año 2000 publicado hace 22 años. En ella se niega en principio el valor de la verdad revelada, y con este indiferentismo se excluye de entrada una religión revelada.
¿Por qué el concepto de “verdad” propio de la masonería libre está entre las razones de incompatibilidad?
En 1974-1980, la Conferencia Episcopal Alemana creó una Comisión encargada oficialmente de examinar la compatibilidad de la pertenencia simultánea a la Iglesia católica y la masonería libre. Como resultado de las conversaciones oficiales entre la Iglesia católica y la masonería libre, se elaboraron declaraciones finales en las que se exponían las razones de la incompatibilidad. En ellos, leemos que “los masones libres niegan la posibilidad del conocimiento objetivo de la verdad. La relatividad de toda verdad es la base de la masonería libre. Como el masón libre rechaza toda fe en el dogma, también rechaza cualquier dogma en su logia. Tal concepto de verdad no es compatible con el concepto católico de verdad, ni desde el punto de vista de la teología natural, ni desde el de la teología de la revelación”.
En 1983, la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida entonces por el cardenal Ratzinger, sintió la necesidad de publicar un documento sobre la irreconciliabilidad entre la Iglesia y la masonería, escribiendo que “existía la posibilidad de que se extendiera entre los fieles la opinión errónea de que la pertenencia a una logia masónica era ahora lícita”. ¿Se puede seguir diciendo que la iniciación de los rituales masónicos está en contradicción explícita con la de los sacramentos cristianos?
En el corazón de los rituales masónicos está el concepto del “Gran Arquitecto del Universo”. A pesar de la manifestación de buena voluntad en el intento de abarcar todas las religiones, se trata de un concepto deísta. Esta representación de un Arquitecto universal que se eleva en una distancia deísta socava los fundamentos de la concepción de Dios de los católicos y su respuesta al Dios que les interpela como Padre y Señor. Por lo tanto, como se señala en la declaración final de la citada Declaración de la Conferencia Episcopal Alemana de 1980 sobre la pertenencia de los católicos a la masonería, “las oposiciones indicadas tocan los fundamentos de la existencia cristiana. Un examen minucioso de los rituales masónicos y del mundo espiritual deja claro que la pertenencia simultánea a la Iglesia católica y a la masonería está excluida”.
Durante años circuló una teoría extrema sobre una gran señal en los cielos capaz de sacudir la fe y preparar a la humanidad para aceptar una nueva autoridad mundial. Una gran señal desde arriba, pero que no viene de Dios.
¿Casualidad o estamos viendo cómo se construye el escenario mental del gran engaño?
En este video veremos por qué esta narrativa podría ser mucho más que ciencia ficción y quédate hasta el final porque si esta advertencia es cierta, el mayor engaño no vendrá desde otros planetas, sino desde los ángeles caídos disfrazados de salvadores extraterrestres.
Y todo esto genera angustia, da la sensación de que no hay salida y doblega la voluntad.
Y en este escenario de angustia de la civilización es que San Gabriel Urgebadze profetizó que la humanidad al sentirse asfixiada por el sistema, terminará depositando su confianza en supuestos seres extraterrestres.
Y precisamente hoy, muchos indicios culturales parecen apuntar en esa dirección. Nos comienzan a presentar el fenómeno OVNI como relacionado con extraterrestres, no con ángeles caídos.
Es el escenario que hace décadas ya planteó Serge Monast cuando dijo que existía un proyecto llamado Blue Beam.
¿Y cómo se fue armando el terreno para que se materializara este proyecto? El trayecto fue largo y paso a paso.
Cuando la confusión, las guerras y la crisis económica se vuelven la norma, el horizonte del ser humano se reduce drásticamente.
La mente comienza a priorizar la supervivencia inmediata por encima de cualquier reflexión trascendente.
Y este estrechamiento nos hace vulnerables porque dejamos de cuestionar el origen real de los problemas que nos rodean.
El miedo se convierte en el lenguaje cotidiano que satura los medios y las conversaciones.
Y al sentir que ninguna institución puede ofrecer soluciones reales, la voluntad humana sufre un desgaste que erosiona la esperanza.
Y esta desesperanza es la herramienta silenciosa que nos despoja de nuestra defensa espiritual más importante, la fe.
Y es en este estado de vulnerabilidad emocional donde una cultura sin fe encuentra el vacío necesario para aceptar nuevas certezas.
La sensación de asfixia se transforma en una expectativa por algo nuevo, algo que venga de afuera, capaz de traer el orden que tanto se anhela.
Y este vacío se llena con la promesa de seres más evolucionados, capaces de ofrecer la respuesta que la humanidad ya no encuentra en sí misma. Y que ha estado en el ambiente desde hace décadas.
El hombre sintiéndose huérfano comienza a desear una intervención externa. Una presencia superior que prometa resolver lo que la política, la economía y la ciencia no logran resolver.
Y el riesgo es que el hombre termine sustituyendo la esperanza en Dios por la esperanza en esos seres supuestamente más evolucionados.
El entretenimiento masivo y cierta divulgación científica han ayudado a construir esta narrativa. Los aliens poco a poco han ido perdiendo la imagen de invasores amenazantes, y han comenzado a ser vistos como hermanos mayores o civilizaciones avanzadas que vienen a rescatarnos y ofrecer tecnología salvadora y paz.
Mientras que la ciencia se ha alzado para muchos como el nuevo oráculo, desplazando la autoridad de la revelación de Dios por la autoridad del experto.
Cualquier fenómeno que antes habríamos atribuido a lo sobrenatural, hoy es filtrado a través de un lente puramente materialista y tecnológico.
Hay una revelación hecha a San Gabriel Urgebadze, un monje asceta georgiano reconocido por su vida de profunda penitencia y sus dones proféticos. Él vivió bajo el régimen soviético, soportando persecuciones y demostrando una fe inquebrantable. Murió en 1995.
Le fue advertido al santo que los tiempos finales estarían marcados por un engaño sin precedentes.
En el momento de desesperación producida por el sistema del anticristo, los hombres recurrirían a los extraterrestres, creyendo erróneamente que son seres avanzados que vienen a salvarlos, pero aclaró que en realidad no habrá una visita de civilizaciones lejanas, sino la manifestación de los ángeles caídos bajo una apariencia tecnológica.
La fuerza de este posible engaño estaría en presentarlo como seres capaces de traer orden, tecnología y soluciones a una humanidad cansada de crisis.
Pero como la humanidad al haber perdido la fe ya no tendrá discernimiento para distinguir entre lo sobrenatural divino y lo demoníaco disfrazado, caerá en la trampa de esta narrativa.
¿Y cómo se refuerza la aceptación de esta narrativa? Por el miedo. Al estar la humanidad en un estado de emergencia perpetua, el ser humano entiende que los gobiernos son impotentes ante la crisis.
Entonces, el pánico puede convertirse en una herramienta que anula la capacidad de análisis crítico, dejando a la mente abierta a cualquier solución externa. La narrativa que se va conformando es la de urgencia.
O aceptamos una intervención externa si algún día se presenta como real o la civilización quedará supuestamente condenada al colapso.
La angustia puede llevar a muchos a entregar libertad y discernimiento a cambio de una seguridad aparentemente salvadora.
Así podría estar funcionando este proceso cultural. La desclasificación de archivos OVNI de Estados Unidos puede leerse no solo como transparencia, sino también como un fenómeno que acostumbra gradualmente a la opinión pública a una nueva posibilidad.
La información aparece de manera gradual y eso puede producir el efecto de que la opinión pública asimile cada vez más la posibilidad de una presencia no humana.
Una realidad que antes pertenecía al terreno de la ciencia ficción queda legitimada eliminando las resistencias.
Y el riesgo espiritual es que esta normalización lleve a muchos a mirar hacia arriba, no en busca de Dios, sino esperando la intervención de seres supuestamente avanzados.
Spielberg dijo que la película tiene más verdad que ficción y que está inspirada en informes reales sobre ovnis, especialmente los reportes militares divulgados en los últimos años.
La trama sigue a Daniel Kelner, un experto en ciberseguridad que sustrae archivos secretos que prueban el contacto extraterrestre, mientras que Margaret Ferchall, una meteoróloga, comience a actuar como un canal de comunicación para estas entidades.
Y el conflicto escala cuando intenta romper el silencio, enfrentándose a la corporación, cuyo líder advierte que la verdad trastornará el orden establecido en todo el mundo.
Y para corolario, Spielberg sugirió que una revelación extraterrestre podría provocar una disrupción social y afectar muchos sistemas de creencias, incluidas las religiosas.
Presenta sutilmente a los alenígenas como portadores de una verdad superior distinta o sustitutiva de la fe cristiana.
La película parece alejarse del esquema clásico de invasión alienígena y acercarse más a una revelación de alienígenas buenos.
Y el riesgo de esta alternativa es que termine desplazando simbólicamente la necesidad de Dios, posicionando la tecnología y la benevolencia extraterrestre como el nuevo centro de gravedad de la evolución humana.
Estamos viendo una narrativa que recuerda demasiado al proyecto Blue Beam, ¿no?
No podemos afirmarlo como hecho, pero las piezas se encajan demasiado bien como para ignorarlas. Fenómenos aéreos no identificados, archivos ovnis desclasificados, gobiernos hablando de naves que no pueden explicar. Y ahora Spielberg, uno de los grandes arquitectos del imaginario extraterrestre moderno, presenta una película donde una revelación no humana podría sacudir la sociedad, la política y las creencias religiosas.
Según Serge Monast, el proyecto Blue Beam no comenzaría necesariamente con una invasión militar, comenzaría con una saturación psicológica, con señales en los cielos, con miedo, con fascinación, con la sensación de que algo superior está a punto de intervenir en la historia humana. Y ahí aparece la pregunta incómoda.
Si mañana, una presencia extraterrestre se presenta como amenaza o como salvación, ¿quién va a interpretar este fenómeno? ¿La iglesia, los gobiernos, las corporaciones tecnológicas o los grandes centros de poder cultural, mediático y tecnológico que llevan años instalando la idea de una verdad venida desde afuera de la tierra?
La película de Spielberg encaja muy bien con el clima espiritual que esa teoría imaginaba. Una humanidad cansada, confundida y lista para creer que la salvación ya no viene de Dios, sino de una inteligencia superior que aparece en los cielos.
Hasta aquí todo parecería estar creando un clima cultural favorable a legitimar la existencia de los extraterrestres y preparando psicológicamente a muchos para aceptar una posible aparición e intervención en el planeta.
¿Será el mayor engaño de nuestra existencia?
¿Y tú qué opinas?
¿Estamos ante verdaderos extraterrestres?
¿Ante un engaño espiritual o ante una manipulación cultural?