Son contadas las celebraciones en las que se añade una secuencia en la que se exalta el misterio que se conmemora durante la Santa Misa. Una de ellas es la Solemnidad de Corpus Christi, que se canta o recita antes de la lectura del Evangelio.
Esta en especial, compuesta por Santo Tomás de Aquino en 1264, tiene la capacidad de elevar el espíritu hasta la contemplación ante el misterio de la Eucaristía, en la que admirablemente describe cómo el Señor se transforma en pan y vino para darse en alimento a los creyentes.
Este es el texto completo de la secuencia de Corpus Christi
Al Salvador alabemos, que es nuestro pastor y guía. Alabémoslo con himnos y canciones de alegría. Alabémoslo sin límites y con nuestras fuerzas todas; Pues tan grande es el Señor, que nuestra alabanza es poca.
Gustosos hoy aclamamos a Cristo, que es nuestro pan, pues Él es el pan de vida, que nos da vida inmortal. Doce eran los que cenaban y les dio pan a los doce. Doce entonces lo comieron, y, después, todos los hombres.
Sea plena la alabanza y llena de alegres cantos; que nuestra alma se desborde en todo un concierto santo. Hoy celebramos con gozo la gloriosa institución de este banquete divino, el banquete del Señor.
Esta es la nueva Pascua, Pascua del único Rey, que termina con la alianza tan pesada de la ley. Esto nuevo, siempre nuevo, es la luz de la verdad, que sustituye a lo viejo con reciente claridad.
En aquella última cena Cristo hizo la maravilla de dejar a sus amigos el memorial de su vida. Enseñados por la Iglesia, consagramos pan y vino, que a los hombres nos redimen, y dan fuerza en el camino.
Es un dogma del cristiano que el pan se convierte en carne, y lo que antes era vino queda convertido en sangre. Hay cosas que no entendemos, pues no alcanza la razón; más si las vemos con fe, entrarán al corazón.
Bajo símbolos diversos y en diferentes figuras, se esconden ciertas verdades maravillosas, profundas. Su Sangre es nuestra bebida; su Carne, nuestro alimento; pero en el pan o en el vino Cristo está todo completo.
Quien lo come no lo rompe, no lo parte ni divide; él es el todo y la parte; vivo está en quien lo recibe. Puede ser tan sólo uno el que se acerca al altar, o pueden ser multitudes: Cristo no se acabará.
Lo comen buenos y malos, con provecho diferente; no es lo mismo tener vida que ser condenado a muerte. A los malos les da muerte y a los buenos les da vida. ¡Qué efecto tan diferente tiene la misma comida!
Si lo parten, no te apures; sólo parten lo exterior; en el mínimo fragmento entero late el Señor. Cuando parten lo exterior, sólo parten lo que has visto; no es una disminución de la persona de Cristo.
EI pan que del cielo baja es comida de viajeros. Es un pan para los hijos. ¡No hay que tirarlo a los perros! Isaac, el inocente, es figura de este pan, con el cordero de Pascua y el misterioso maná.
Ten compasión de nosotros, buen pastor, pan verdadero. Apaciéntanos y cuídanos y condúcenos al cielo. Todo lo puedes y sabes, pastor de ovejas, divino. Concédenos en el cielo gozar la herencia contigo.
Esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Presencia permanente y substancial más allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser adorada en la exposición solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la piedad católica. Éste es el día de la Eucaristía en sí misma, ocasión para creer y adorar, pero también para conocer mejor la riqueza de este misterio, a partir de las oraciones y de los textos bíblicos asignados en los tres ciclos de las lecturas.
Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa anuncia la muerte del Señor. Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz.
La Hostia Santa se convierte en"trigo que nutre nuestras almas". Como Cristo al ser hecho Hijo recibió la vida eterna del Padre, los cristianos participan de Su Eterna vida uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo más sublime, real y concreto de la unidad con la Víctima del Calvario. Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra por medio de la Eucaristía, es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el Cielo, porque"el Pan mismo de los Ángeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo conmemoraremos después en el Cielo ya sin velos" (Concilio de Trento). Veamos en la Santa Misa el centro de todo culto de la Iglesia a la Eucaristía, y en la Comunión el medio establecido por Jesús mismo, para que con mayor plenitud participemos de ese divino Sacrificio; y así, nuestra devoción al Cuerpo y Sangre del Salvador nos alcanzará los frutos perennes de su Redención.
La Presencia Real
Dios se hizo hombre para redimir al género humano. Antes de morir, quiso dejar a sus discípulos y a los hombres del mundo entero una muestra de su amor, dando a todas las almas su Cuerpo y Sangre, escondidos bajo las especies de pan y vino.
Jesucristo a nuestra espera
"Sabed que Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt. 28, 20)
Jesús está presente en cada Misa y en la Hostia consagrada, de modo milagroso en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad ininterrumpidamente, durante el día y también por la noche, cuando, a excepción de las instituciones de Adoración Perpetua, solamente los ángeles y santos del Cielo le dirigen fervorosas oraciones.
La Importancia de la Misa
"El Señor Jesús, en la noche en que fue entregado" (1 Cor. 11, 23), instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y Sangre. Las palabras del apóstol Pablo nos recuerdan las circunstancias dramáticas en que nació la Eucaristía. En ella está indeleblemente inscrita la pasión y muerte del Señor. No es sólo su evocación, sino la presencia sacramental. Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa a través de los siglos.
Cuando oímos la recitación de la Pasión de Cristo, no es extraño pensar: "¡Si yo hubiese estado al pie de la Cruz, cerca de la Santísima Virgen, con qué amor no habría abrazado, como la Magdalena, los pies del Salvador. Ver a Jesús sacrificarse, morir y darse por nosotros, qué gracia inestimable!" Y no pensamos que podemos asistir todos los días a la renovación incruenta de lo que pasó en el Monte Calvario, en la celebración de la Santa Misa.
Consideremos esto y, en la medida de lo posible, dirijámonos a la iglesia más próxima de nuestra casa o de nuestro trabajo y recojamos, para el bien de nuestra alma, los frutos de la misa. San Gregorio, en el libro de los Diálogos, dice que quien asiste a la Misa se verá libre de peligros y males imprevistos. Y San Jerónimo dice: "Sin duda, el Señor nos concede todas las gracias que le pidamos durante la Misa con la condición de que nos sean convenientes. Y más aún: algunas veces nos concede incluso lo que no pedimos y, sin embargo, necesitamos".
En cada Misa, el sacerdote renueva el milagro que Nuestro Señor operó en la víspera de su muerte en el Cenáculo, al transustanciar en el momento de la consagración, el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo.
Es un milagro de su omnipotencia. Jesús está ahí. Del pan Él ha separado la sustancia de las especies. Ha hecho desaparecer esa sustancia, tan sólo permitiendo que se conservase lo que se puede apreciar con los sentidos. Y ha despojado de su propio Cuerpo las especies humanas, guardando de Él tan sólo la sustancia que puso en lugar de la sustancia del pan, bajo cuyas especies se nos presenta.
Por lo tanto, en el altar después de la Consagración existe sólo la sustancia del Cuerpo de Jesucristo privada de las especies humanas y revestidas de las del pan; y las especies del pan privadas de su propia sustancia, pero conteniendo la sustancia del Cuerpo de Jesús.
Todos los días, en las Misas, Jesucristo se ofrece en sacrificio a Dios Padre por los hombres y por nuestras intenciones.
Santo Tomás de Aquino y los accidentes eucarísticos
Cuando Santo Tomás de Aquino vivía en París, surgió una cuestión en las escuelas con respecto de los accidentes eucarísticos:
¿Qué sucede con el pan y el vino después de la Consagración? ¿Continúan pan y vino?
Después de mucho discutir, los teólogos convinieron en consultar al gran maestro Tomás, que ya en otras cuestiones se había destacado por sus respuestas claras y seguras. El gran doctor y filósofo de la Iglesia buscó en la oración y el ayuno las luces de que carecía para responder. Hizo la distinción entre el ser natural del Cuerpo de Jesús y el ser sobrenatural del mismo, presente bajo las especies consagradas. Concluyó que la cantidad, forma, color y sabor del pan y del vino continúan los mismos, aunque toda sustancia del pan y del vino haya sido transformada en sustancia del Cuerpo y Sangre de Jesucristo. He aquí en qué consiste el Gran Milagro de la Transubstanciación, como lo llama y enseña la Iglesia.
Sin embargo, el Doctor Angélico no quiso proponer su doctrina como regla de enseñanza en la escuela, sin consultar primero a Aquél que es el propio objeto de la cuestión. Se aproximó al altar, puso allí su cuaderno, como un discípulo presenta su trabajo al maestro, levantó las manos ante el crucificado e hizo esta oración:
"Señor Jesús, que estás verdaderamente en este Sacramento admirable y eres autor de las maravillas que en Él se encierran, sólo de Vos espero el conocimiento de la verdad que a los otros debo enseñar. Por eso os suplico con mucha humildad, que, si mi sentir, contenido en estas hojas, es la expresión de la verdad, me concedáis la gracia de entenderlo así claramente. Si, por el contrario, escribo alguna cosa que esté en oposición con la fe y realidad de este adorable misterio, no me dejes avanzar e indicadme aquello que es perjudicial a la doctrina católica"
Mientras Santo Tomás rezaba así, su compañero y otros hermanos que le observaban, vieron, de repente, que Jesucristo se colocaba sobre las hojas escritas, delante del Santo Doctor, y le oyeron decir estas palabras:
"Sí, Tomás, has escrito bien con respecto del Sacramento de mi Cuerpo y de mi Sangre; has resuelto y tratado esta cuestión tanto como puede ser comprendida en esta vida, por una inteligencia humana"
La visión desapareció; pero el santo continuó en oración, entrando en un arrebatamiento, durante el cual fue elevado del suelo. Fueron corriendo a contárselo al Prior del convento y él junto con otros religiosos llegaron a ver con sus propios ojos el milagro y así pudieron dar testimonio de él. No dudó más de sus conclusiones. Tomás de Aquino las expuso en presencia de los maestros de la Universidad, que las acogieron con plena deferencia y entera satisfacción.
Corpus Christi... Es vivir de la riqueza de Dios
Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una gruta, escuchó una voz misteriosa que desde adentro le decía:
"Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo importante. Pero recuerda algo: después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, y no te olvides de lo principal..."
La mujer entró en la gruta y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso a su hijo en el suelo y empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal. La voz misteriosa habló nuevamente:
"Tienes sólo ocho minutos"
Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia afuera de la cueva y la puerta se cerró... Recordó, entonces, que el niño quedó adentro y la puerta estaba cerrada para siempre. La riqueza duró poco y la desesperación... ¡para el resto de su vida! Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos años para vivir, y una voz siempre nos advierte:
"Y no te olvides de lo principal"
Y lo principal son los valores espirituales, la Eucaristía, el compromiso cristiano, la oración, la vigilancia, la familia, los amigos, la vida. Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto que lo principal (a veces) queda en un plano secundario. Así agotamos nuestro tiempo aquí, y dejamos a un lado lo esencial "los tesoros del alma".
También nosotros, en este día del CORPUS CHRISTI, estamos llamados a entrar en un lugar donde el pan y el vino dejan de serlo para convertirse en permanente presencia de Cristo en la Eucaristía. Insertarnos en Cristo comporta siempre salir enriquecidos, no de bienes materiales, y sí llenos de su Espíritu en el corazón y en el alma. Treinta minutos, escasos, no son suficientes ni dan cuenta del valor que encierra la Eucaristía. Pero, toda una vida cristiana, sería difícil de llevarla adelante sin el aprovisionamiento del pan único y partido.
Javier Leoz - Sacerdote
Jesús le dijo a Santa Matilde (religiosa benedictina alemana del siglo XIII):
"He aquí lo que haré por aquel que asiste a Misa con celo y devoción: Le enviaré en la hora de la muerte, para consolarle, defenderle y para hacer un cortejo de honra a su alma, tantos nobles personajes de mi corte celestial como Misas haya asistido en la tierra"
La agitación de la vida moderna, la búsqueda desenfrenada de placeres y la pérdida del sentido de jerarquía, llevan muchas veces a los hombres a poner en un mismo plano la ida a Misa con los otros quehaceres e, incluso, en un plano inferior.
¿Cuánta gente no cambia la Misa por un programa de televisión, por un partido de fútbol o por una visita a un pariente o amigo? Si el hombre contemporáneo comprendiese el valor infinito de la celebración de la Eucaristía, las iglesias volverían a llenarse.
"Dile a los hombres que en la hora de la Santa Cena, no pudiendo contener el fuego que Me consume, inventé esa maravilla del Amor que es la Eucaristía. ¡Porque la Eucaristía es la invención del Amor!
Es por causa del amor a las almas que estoy Prisionero en la Eucaristía. Allí permanezco para que puedan venir con todas sus amarguras a consolarse con el más tierno y mejor de los padres y del Amigo que nunca las abandona. Y ese amor que nunca se agota y se consume por el bien de las almas, ¡no encuentra correspondencia...!
¡Ah, pobres pecadores, no os apartéis de Mí! Noche y día, os espero en el Sagrario... No os reprenderé por los crímenes que habéis cometido, no os los echaré en cara.
¡No os dejéis arrastrar por mil preocupaciones inútiles y reservad un momento para visitar y recibir al Prisionero de Amor!
Cuando vuestro cuerpo está débil o enfermo, ¿no encontráis tiempo para ir al médico que os ha de curar? ¡Venid, pues, en busca de Aquél que puede dar fuerza y salud a vuestra alma y dadle una limosna de amor a este Prisionero Divino que os espera, llama y desea! Habito entre los pecadores para serles Salvación y Vida; Médico y Medicina a la misma vez en todas las enfermedades generadas por la naturaleza corrompida. Como pago, ellos ¡se alejan, me ultrajan y me desprecian!
Y sin embargo, estoy en el Sagrario todo el día esperando. Deseo ardientemente que vengan a recibirme, que me pidan consejo y me soliciten las gracias que necesitan.
Oh, vosotras, almas queridas, ¿por qué sois tan frías e indiferentes a mi Amor? ¿No tendréis un momento, un instante para darme alguna prueba de amor y gratitud?
¡Tengo sed ardiente de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento, y no encuentro a casi nadie que se esfuerce por satisfacer ese deseo y que retribuya ese amor!"
Jesús dirige constantemente estas palabras a cada uno de nosotros:
¿No tienes un minuto al día para venir a visitarme?
Por la señal de la Santa Cruz, + de nuestros enemigos, + líbranos, Señor Dios nuestro. + En el nombre del Padre, + y del Hijo, + y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas, y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
Oración Preparatoria
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concededme un corazón semejante a vos mismo, y la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, vuestro sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
Rezar a continuación la oración del día que corresponda: Día Cuarto - Oración
Oración.¡Oh Corazón purísimo de Jesús, espejo cristalino en quien resplandece toda la perfección! Concededme que yo pueda contemplaros perfectamente, para que aspire a formar mi corazón a vuestra semejanza, en la oración, en la acción y en todos mis pensamientos, palabras y obras. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Rezar Tres Padrenuestros y tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque Rezar Oraciones Finales
Oraciones Finales
Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con Vos eternamente. Amén.
Hacer aquí la petición
que se desea obtener
con esta novena
Oración. ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.
Por la señal de la Santa Cruz, + de nuestros enemigos, + líbranos, Señor Dios nuestro. + En el nombre del Padre, + y del Hijo, + y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas, y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
Oración Preparatoria
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concededme un corazón semejante a vos mismo, y la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, vuestro sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
Rezar a continuación la oración del día que corresponda: Día Tercero - Oración
Oración.¡Oh Corazón santísimo de Jesús, camino para la mansión eterna y fuente de aguas vivas! Concededme que siga vuestras sendas rectísimas para la perfección y para el cielo, y que beba de Vos el agua dulce y saludable de la verdadera virtud y devoción, que apaga la sed de todas las cosas temporales. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos, ¡Oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Rezar Tres Padrenuestros y tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque Rezar Oraciones Finales
Oraciones Finales
Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con Vos eternamente. Amén.
Hacer aquí la petición
que se desea obtener
con esta novena
Oración. ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.
Por la señal de la Santa Cruz, + de nuestros enemigos, + líbranos, Señor Dios nuestro. + En el nombre del Padre, + y del Hijo, + y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas, y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
Oración Preparatoria
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concededme un corazón semejante a vos mismo, y la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, vuestro sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
Rezar a continuación la oración del día que corresponda: Día Segundo - Oración
Oración.¡Oh Corazón amabilísimo de Jesús, celestial puerta por donde nos llegamos a Dios y Dios viene a nosotros! Dignaos estar patente a nuestros deseos y amorosos suspiros, para que, entrando por Vos a vuestro Eterno Padre, recibamos sus celestiales bendiciones y copiosas gracias para amaros. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Rezar Tres Padrenuestros y tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque Rezar Oraciones Finales
Oraciones Finales
Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con Vos eternamente. Amén.
Hacer aquí la petición
que se desea obtener
con esta novena
Oración. ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.
Por la señal de la Santa Cruz, + de nuestros enemigos, + líbranos, Señor Dios nuestro. + En el nombre del Padre, + y del Hijo, + y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas, y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
Oración Preparatoria
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concededme un corazón semejante a vos mismo, y la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, vuestro sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
Rezar a continuación la oración del día que corresponda: Día Primero - Oración
Oración.¡Oh Corazón sacratísimo y melifluo de Jesús, que, con ferventísimos deseos y ardentísimo amor, deseáis corregir y desterrar la sequedad y tibieza de nuestros corazones! Inflamad y consumid las maldades e imperfecciones del mío, para que se abrase en vuestro amor; dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Rezar Tres Padrenuestros y tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque Rezar Oraciones Finales
Oraciones Finales
Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con Vos eternamente. Amén.
Hacer aquí la petición
que se desea obtener
con esta novena
Oración. ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.