jueves, 23 de abril de 2026

Santa María de Cleofás - Discípula y Tía de Nuestro Señor Jesucristo - Fiesta Abril 24

 

María de Cleofás
Discípula y Tía
de Nuestro Señor Jesucristo


Madre de:
Judas Tadeo, Santiago el Menor,
Simón y José


Martirologio Romano


En Jerusalén, conmemoración de las santas mujeres María de Cleofás y Salomé, que, junto con María Magdalena, muy de mañana del día de Pascua se dirigieron al sepulcro del Señor para ungir su cuerpo y recibieron el primer anuncio de la Resurrección (s. I).

En los grandiosos acontecimientos de la Redención, durante el dramático epílogo sobre el Calvario, un coro silencioso y triste de “piadosas mujeres” espera un poco lejos que todo se haya terminado:

“Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre, la hermana de su Madre, María de Cleofás y María de Magdala” dice el evangelista San Juan.

Era el grupo de las que “lo seguían desde cuando estaba en Galilea para servirlo, y muchas otras que habían venido de Jerusalén junto con él”.

Entre las espectadoras se encuentra, pues, la santa que hoy se venera, cuya continua y vigilante presencia cerca del Salvador le ha merecido un puesto particular en la devoción de los cristianos, más que su parentela con la Santísima Virgen y San José

A María de Cleofás –así llamada por el marido Clopa o Cleofás— comúnmente se le considera la madre de los “hermanos del Señor” Santiago el Menor, apóstol y obispo de Jerusalén, y José. El historiador palestino Hegesipo dice que Cleofás era hermano de San José y padre de Judas Tadeo y de Simón. Este último fue elegido para suceder a Santiago el Menor en la sede episcopal de Jerusalén. 




La identificación de Alfeo con Cleofás llevó a algunos exegetas a considerar a María de Cleofás cuñada de la Virgen María, y madre de tres apóstoles. Cleofás (Alfeo) es, además, uno de los discípulos que el día de la resurrección de Jesús, mientras iban hacia Emaús, fueron alcanzados por Jesús a quien reconocieron en la “fracción del pan”.

Mientras el esposo se alejaba de Jerusalén, con el corazón lleno de melancolía y desilusión, la esposa María de Cleofás, siguiendo el impulso de su corazón, iba de prisa a la tumba del Redentor para rendirle el extremo homenaje de la unción ritual con varios ungüentos. En efecto, el viernes por la tarde se había quedado atrás con María Magdalena para ver “en dónde lo dejaban”. Dice el evangelista Marcos:




“María la Magdalena y María, la madre de Santiago el menor y de José miraban dónde lo ponían” 


Pasado el sábado, muy de mañana, mientras el marido regresaba a casa, María de Cleofás y las otras compañeras “compraron perfumes y fueron a hacerle las unciones”; pero el ángel les anunció:




“No está aquí, ha resucitado”


A las piadosas mujeres, que fueron al sepulcro con sus ungüentos y con su dolor, les correspondió el privilegio de conocer las primeras la noticia de la resurrección:


“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

“Si Cristo no resucitó -dirá San Pablo- nuestra fe no vale nada y nosotros seríamos unos mentirosos… Pero Cristo resucitó y es la primicia de los otros que ahora duermen y resucitarán”


Esta alegre noticia se la llevaron a los “Doce y a todos los otros” unas pocas mujeres, entre ellas María de Cleofás.


Fuente - Texto tomado de ES.CATHOLIC.NET:

¡ATENCIÓN - GRAVE ERROR DOCTRINAL Y LITÚRGICO! El obispo Schneider elogió el discurso de este arzobispo contra la concelebración en el Concilio Vaticano II



«La forma ritual de concelebración eucarística introducida después del Concilio Vaticano II es ciertamente contraria a toda la tradición tanto de la Iglesia oriental como de la occidental», dijo Schneider.


Jueves 23 de abril de 2026 - 3:56 pm EDT


( LifeSiteNews ) — La oposición de un arzobispo dominico a las ideas no tradicionales sobre cómo los sacerdotes deben concelebrar la Misa, un tema que se debatió en el Concilio Vaticano II, está circulando por Internet.

El obispo Athanasius Schneider, en su libro de 2022, La misa católica, se refirió a un discurso del arzobispo Paul-Pierre Philippe, OP, como "una de las contribuciones más sólidas desde el punto de vista doctrinal y litúrgico durante el debate conciliar sobre la concelebración".

«La forma ritual de la concelebración eucarística introducida después del Concilio Vaticano II, y su práctica en la vida de la Iglesia actual, es ciertamente contraria a toda la tradición tanto de la Iglesia oriental como de la occidental», escribió Schneider.

“La visión de los Padres conciliares se correspondía con la práctica constante de la Iglesia, donde la concelebración de la Eucaristía se realizaba según un orden jerárquico, es decir, los cardenales y obispos con el papa y los sacerdotes con el obispo”, añadió Schneider.

El Dr. Peter Kwasniewski, experto en liturgia, escribió en una reciente entrada de blog: «No se puede decir que el buen arzobispo se equivocara en absoluto, ni en su sinopsis teológica ni en su pronóstico de los efectos espirituales y litúrgicos de la concelebración rutinaria».


El discurso completo pronunciado por el arzobispo Pierre, tal como se cita en el libro de Schneider, puede leerse a continuación.


Discurso completo del arzobispo Paul-Pierre Philippe contra la concelebración

Estoy de acuerdo en que la facultad de concelebración sacramental debería extenderse en la Iglesia Latina a la Misa Crismal, el Jueves Santo, así como, por ejemplo, a la Misa celebrada por el obispo durante el sínodo diocesano o con ocasión de una visita pastoral o ejercicios espirituales de los sacerdotes diocesanos, porque de esta manera se manifiesta la unión de los sacerdotes con el obispo en el único sacerdocio de Cristo.

Sin embargo, este motivo no justifica extender la concelebración a la Misa Conventual diaria de los religiosos, como han propuesto algunos Padres de la Iglesia. La unión de muchos sacerdotes concelebrantes surge únicamente como consecuencia de la unión de cada sacerdote con Cristo Sacerdote, cuya sagrada persona representa en la Misa. Pues el sacerdote, como afirma el Papa Pío XII en la encíclica Mediator Dei, «en virtud de la consagración sacerdotal recibida, se hace semejante al Sumo Sacerdote y posee el poder de realizar acciones en virtud de la misma persona de Cristo. Por lo tanto, en su actividad sacerdotal, de cierto modo “presta su lengua y da su mano” a Cristo» ( AAS 1947:518). De hecho, la acción de Cristo que se sacrifica y se ofrece a sí mismo mediante la acción sacramental se manifiesta de manera más expresiva en la Misa celebrada por un solo sacerdote que en una Misa concelebrada, y es mejor percibida tanto por el celebrante mismo como por los fieles que ven en este único sacerdote “la imagen de Cristo” el Sacerdote (cf. ST III, Q. 83, art. 1, ad 3).

La espiritualidad sacerdotal se fundamenta principalmente en esta doctrina, y a través de ella se nutre la devoción eucarística de los sacerdotes. Sin embargo, si muchos sacerdotes concelebran habitualmente, es de temer que gradualmente se sientan menos como un «alter Christus» y que su piedad eucarística disminuya. Los religiosos que concelebran diariamente pueden correr este peligro de manera particular.

Ciertamente, se ha dicho que debe salvaguardarse la libertad de celebración individual, pero en realidad, la insistencia de los superiores y hermanos, así como las dificultades externas y la fuerza de la costumbre, obstaculizarán esa libertad. Además, la concelebración demasiado frecuente o diaria puede generar cierto desdén por la llamada Misa «privada». Pues toda Misa, según la doctrina del Concilio de Trento, es verdaderamente pública, ya que es celebrada por el ministro público de la Iglesia para todos los fieles que pertenecen al Cuerpo de Cristo.

Finalmente, cabe recordar la doctrina de Pío XII sobre los frutos de la Misa (cf. AAS 1954:669). En este sentido, no solo se debe considerar el fruto de una celebración devota y fraterna, sino ante todo la naturaleza de la acción que se lleva a cabo: el sacrificio sacramental de Cristo. En efecto, el fruto objetivo de la Misa, es decir, el fruto de la propiciación e imperación por los vivos y los difuntos, es el fruto principal. Y puesto que este fruto no es el mismo en una Misa concelebrada que en muchas Misas celebradas por muchos sacerdotes, si se generaliza el uso frecuente de la concelebración, es de temer que se oscurezca la recta doctrina y que los fieles dejen de preocuparse por que se celebren muchas Misas por los vivos y los difuntos.

Por lo tanto, la conveniencia práctica no es aceptable como razón o criterio a favor de extender la concelebración, sino únicamente la manifestación, a veces apropiada, de la unidad del sacerdocio mediante la concelebración con el obispo o el superior religioso.


Fuente - Texto e imagen tomados de LIFESITENEWS.COM:

Oraciones: Contra el maleficio y todo mal - Curación Interior - Liberación - Padre Gabrielle Amorth

    



Padre Gabriele Amorth
Exorcista de la Diócesis de Roma


De su libro
"Un Exorcista Cuenta Su Historia"


Oración contra el maleficio
(del ritual griego)


Kyrie eleison. Dios nuestro Señor, oh Soberano de los siglos, omnipotente y todopoderoso, tú que lo has hecho todo y que lo transformas todo con tu sola voluntad; tú que en Babilonia transformaste en rocío la llama del horno siete veces más ardiente y que protegiste y salvaste a tus tres santos jóvenes; tú que eres doctor y médico de nuestras almas; tú que eres la salvación de aquellos que se dirigen a ti, te pedimos y te invocamos, haz vana, expulsa y pon en fuga toda potencia diabólica, toda presencia y maquinación satánica, toda influencia maligna y todo maleficio o mal de ojo de personas maléficas y malvadas realizados sobre tu siervo...

Haz que, en cambio, de la envidia y el maleficio obtenga abundancia de bienes, fuerza, éxito y caridad; tú, Señor, que amas a los hombres, extiende tus manos poderosas y tus brazos altísimos y potentes y ven a socorrer y visita esta imagen tuya, mandando sobre ella el ángel de la paz, fuerte y protector del alma y el cuerpo, que mantendrá alejado y expulsará a cualquier fuerza malvada, todo envenenamiento y hechicería de personas corruptoras y envidiosas; de modo que debajo de ti tu suplicante protegido te cante con gratitud:


“El Señor es mi salvador y no tendré temor de lo que pueda hacerme el hombre”.

“No tendré temor del mal porque tú estás conmigo, tú eres mi Dios, mi fuerza, mi poderoso Señor, Señor de la paz, padre de los siglos futuros”.


Sí Señor Dios nuestro, ten compasión de tu imagen y salva a tu siervo... De todo daño o amenaza procedente de maleficio, y protégelo poniéndolo por encima de todo mal; por la intercesión de la más que bendita, gloriosa Señora, la madre de Dios y siempre Virgen María, de los resplandecientes arcángeles y de todos sus santos.

¡Amén!


Oración contra todo mal


Espíritu del Señor, Espíritu de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Santísima Trinidad, Virgen Inmaculada, ángeles, arcángeles y santos del paraíso descended sobre mí.

Fúndeme, Señor, modélame, lléname de ti, utilízame.

Expulsa de mí todas las fuerzas del mal, aniquílalas, destrúyelas, para que yo pueda estar bien y hacer el bien.

Expulsa de mí los maleficios, las brujerías, la magia negra, las misas negras, los hechizos, las ataduras, las maldiciones y el mal de ojo; la infestación diabólica, la posesión diabólica y la obsesión y perfidia; todo lo que es mal, pecado, envidia, celos y perfidia; la enfermedad física, psíquica, moral, espiritual y diabólica.

Quema todos estos males en el infierno, para que nunca más me toquen a mí ni a ninguna otra criatura en el mundo.

Ordeno y mando con la fuerza de Dios omnipotente, en nombre de Jesucristo Salvador, por intercesión de la Virgen Inmaculada, a todos los espíritus inmundos, a todas las presencias que me molestan, que me abandonen inmediatamente, que me abandonen definitivamente y que se vayan al infierno eterno, encadenados por San Miguel Arcángel, por San Gabriel, por San Rafael, por nuestros ángeles custodios, aplastados bajo el talón de la Virgen Santísima Inmaculada.


Oración por la curación interior


Señor Jesús, tu has venido a curar los corazones heridos y atribulados, te ruego que cures los traumas que provocan turbaciones en mi corazón; te ruego, en especial que cures aquellos que son causa de pecado. Te pido que entres en mi vida, que me cures de los traumas psíquicos que me han afectado en tierna edad y de aquellas heridas que me los han provocado a lo largo de toda la vida. Señor Jesús, tú conoces mis problemas, los pongo todos en tu corazón de Buen Pastor. Te ruego, en virtud de aquella gran llaga abierta en tu corazón, que cures las pequeñas heridas que hay en el mío. Cura las heridas de mis recuerdos, a fin de que nada de cuanto me ha acaecido me haga permanecer en el dolor, en la angustia, en la preocupación. Cura, Señor, todas esas heridas íntimas que son causa de enfermedades físicas. Yo te ofrezco mi corazón, acéptalo, Señor, purifícalo y dame los sentimientos de tu Corazón divino. Ayúdame a ser humilde y benigno.

Concédeme, Señor, la curación del dolor que me oprime por la muerte de las personas queridas. Haz que pueda recuperar la paz y la alegría por la certeza de que tú eres la Resurrección y la Vida. Hazme testigo auténtico de tu Resurrección, de tu victoria sobre el pecado y la muerte, de tu presencia Viviente entre nosotros.

¡Amén!


Plegaria de Liberación


Oh, Señor, tú eres grande, tú eres Dios, tú eres Padre, nosotros te rogamos, por la intercesión y con la ayuda de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, que nuestros hermanos y hermanas sean liberados del maligno que los ha esclavizado.

Oh, santos, venid todos en nuestra ayuda.
  • De la angustia, la tristeza y las obsesiones, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
  • Del odio, la fornicación y la envidia, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
  • De los pensamientos de celos, de rabia y de muerte, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
  • De todo pensamiento de suicidio y de aborto, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
  • De toda forma de desorden en la sexualidad, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
  • De la división de la familia, de toda amistad mala: Líbranos, oh Señor.
  • De toda forma de maleficio, de hechizo, de brujería y de cualquier mal oculto, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
Oh, Señor, que dijiste:


“La paz os dejo, mi paz os doy”


Por la intercesión de la Virgen María concédenos ser librados de toda maldición y gozar siempre de tu paz. Por Cristo Nuestro Señor.

¡Amén!


Fuente - Texto tomado de REINADELCIELO.ORG: