domingo, 22 de marzo de 2026

Lectura del Antiguo Testamento del Profeta San Jeremías. ¿Por qué tienen suerte los malos? Jeremías 12, 1-17

   



01 Yavé, tú tienes siempre la razón cuando yo hablo contigo, y, sin embargo, hay un punto que quiero discutir:


¿Por qué tienen suerte los malos y son felices los traidores?


02 Los plantas en esta tierra y enseguida echan raíces, crecen y dan frutos, a pesar de que te honran con puras palabras y estás lejos de sus corazones.

03 En cambio, a mí me conoces, Yavé; me has visto y has comprobado que mi corazón está contigo. Llévatelos como ovejas al matadero y señálalos para el día de la matanza.

04 ¿Hasta cuándo estará de luto el país? ¿Permanecerá seco el pasto de los campos? Aves y bestias ya han perecido por causa de la maldad de los hombres, pues ellos dicen:


«Dios no ve nuestra conducta»


05 «Si te cansa correr con los de a pie, ¿cómo competirás con los de a caballo? Si en país tranquilo no te sientes seguro, ¿qué harás en los bosques del Jordán?».

07 Abandoné mi casa, dejé mi propiedad, he entregado lo que más quería en manos de mis enemigos.

08 Los míos se han portado conmigo como un león de la selva, que ha lanzado contra mí sus rugidos; por eso, les tengo rencor.

09 ¿Será acaso mi pueblo un buitre de plumaje feo, para que todos los demás se lancen contra él? ¡Ea, júntense ustedes, fieras salvajes, vayan a devorar!

10 Muchos pastores han saqueado mi viña, han pisoteado mi propiedad y han convertido mi campo, que tanto quería, en un potrero sin pasto. Lo han dejado hecho una lástima, sin nada de vegetación.

11 ¡El país está totalmente destruido y nadie se conmueve por eso!

12 Los saqueadores han subido a todas las alturas peladas del desierto, pues...


Yavé tiene una espada que devora de un extremo al otro del país y nadie se salvará.


13 Sembraron trigo, y cosecharon espinas: se han cansado inútilmente. Les da vergüenza lo poco que han cosechado, por la mucha ira de Yavé.

14 Así ha dicho Yavé:


«A todos mis malvados vecinos, que han invadido la propiedad que yo le había regalado a mi pueblo Israel, los voy a arrancar de su suelo. Y a la casa de Judá la arrancaré de en medio de ellos.


15 Pero después de haberlos arrancado, de nuevo me compadeceré de ellos y los haré volver a cada uno a su propiedad, a cada uno a su país.

16 Y si aprenden con cuidado los preceptos de mi pueblo, de tal modo que lleguen a jurar en nombre mío: ¿Por vida de Yavé?, así como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, entonces serán establecidos en medio de mi pueblo.


17 «Pero si se niegan a obedecerme, arrancaré a aquella gente y la haré desaparecer, dice Yavé».

Las puertas del infierno rugen, pero no prevalecen



Por Miguel Escrivá | 22 marzo de 2026


En 1850, Maximin Giraud, uno de los dos niños que afirmaron haber presenciado las apariciones de la Virgen en La Salette cuatro años antes, caminó durante dos días desde el pueblecito alpino de Corps hasta la aldea de Ars para entrevistarse con un viejo cura: San Juan María Vianney. Tenía quince años. Buscaba orientación sobre su vocación. Solo ellos dos saben lo que se habló en aquel encuentro, pero todo hace pensar que Maximin le contó al Cura de Ars el detalle de aquellas visiones que, por entonces, aún no habían sido fijadas por escrito ni remitidas formalmente a Roma.

Algo en esa conversación provocó una conmoción profunda en Vianney, suficiente para que evitara desde entonces respaldar públicamente las apariciones e incluso albergara dudas serias sobre su autenticidad. Ese desconcierto inicial pudo entenderse con más claridad más de un siglo después, cuando en 1999 salieron a la luz los textos íntegros que Pío IX había recibido de los niños videntes, Maximin y Mélanie. Allí aparecen, sin suavizados posteriores, afirmaciones directas de una dureza que rompe cualquier esquema cómodo.

El contenido exacto de aquella conversación entre Maximin y Vianney en 1850 no se conoce. No hay acta ni testimonio directo fiable que permita reconstruirla. Todo intento de explicación se mueve en el terreno de la especulación. Pero hay una hipótesis muy plausible: que el joven le transmitió el contenido más crudo de los secretos, y que eso fue lo que provocó la primera reacción de Vianney.


La crudeza de La Salette


Las palabras de la Virgen, que durante más de un siglo se prefirieron custodiar en archivo secreto vaticano, son muy duras:


Roma perderá la fe; Roma será la sede del Anticristo; los sacerdotes son cloacas de impureza; los obispos, perros silenciosos incapaces de defender la verdad. No son metáforas suaves ni advertencias ambiguas. Son un anuncio de la corrupción interna de la Iglesia.


El error es interpretar ese cuadro como una señal desmoralizante de derrumbe definitivo. No lo es. Las palabras de la Virgen solo describen el campo de batalla. Son prueba de que la lucha está donde siempre se nos ha anticipado. Cristo se queda prácticamente solo en el Calvario: la Virgen, Juan y unas pocas mujeres. El resto se esconde y deja solo al Señor agonizando. Si se mide en términos humanos, es una derrota. Más del noventa por ciento de los apóstoles se escondieron como ratas. ¿Qué esperamos de sus sucesores? Y, sin embargo, ahí comienza la victoria.

Todos los que se escondieron supieron después brillar hasta el martirio. Curiosamente, solo a Juan, que estuvo allí a sus pies, no le reservó el Señor ese destino.

El mundo no es neutro. Hay una lucha real entre el bien y el mal, y no en abstracto.


El demonio opera de verdad. Y lo que está en juego no es una idea, sino algo muy concreto: la salvación o la condenación de cada alma.


A partir de ahí, la lógica es directa: si lo que está en juego es la salvación y si los sacramentos son el canal principal, entonces el punto más sensible donde se disputa la batalla es el sacerdote y su estructura institucional. Si ese punto se corrompe, si el enemigo ocupa ese espacio, se contamina el propio lugar por el que pasa la gracia.

Leído con calma, el mensaje de La Salette no es desesperanzador. No está formulado para paralizar, sino para advertir. Señala dónde está el riesgo real y, por tanto, dónde debe situarse la vigilancia. Desde ese marco se entiende que la denuncia del mal en la Iglesia no sea un ejercicio de fatalismo, sino una llamada a tomarse en serio lo que está verdaderamente en juego.

En los últimos años de su vida, casi en el umbral de la muerte, san Juan María Vianney rectificó y pasó a afirmar y refrendar públicamente las apariciones y el mensaje de La Salette. Durante mucho tiempo había mantenido una desconfianza seria, convencido por momentos de que podía tratarse de una invención. Sin embargo, al final, su posición cambió.

En un sacerdote como Vianney, cuya vida estuvo marcada por una relación intensa con lo sobrenatural, no tiene sentido interpretar ese paso final como un simple ajuste intelectual. Es más coherente leerlo como el resultado de una mirada más afinada, más limpia, capaz de reconocer sin escándalo lo que antes le había generado dudas.


En la cruda batalla por el bien de la Iglesia, no hay derrumbe ni contradicción insalvable. Hay asedio, hay corrupción, hay oscuridad real. Pero nada de eso invalida a la Iglesia ni interrumpe la acción de la gracia. Si el combate se juega en las almas y en los sacramentos, no hay margen para teorías alternativas. Se combate ahí. En lo concreto. En la fidelidad sin atajos: vida de gracia, entrega al prójimo, confesión, liturgia, oración y esperanza.


Fuente - Texto tomado de INFOVATICANA.COM:

Santa Misa - Quinto Domingo de Cuaresma - Marzo 22 de 2026

 



Me permito compartir con ustedes el video de la Santa Misa, que corresponde al Quinto Domingo de Cuaresma - Marzo 22 de 2026.



































Igualmente, ofrezcamos el rezo del Santo Rosario La Coronilla de la Divina Misericordia y el Santo VíaCrucis a Dios, por intercesión de la Virgen María, por el fin de los fenómenos naturales y terribles acontecimientos a nivel mundial. También por las intenciones de todos y cada uno de ustedes:















Unámonos todos como Iglesia Militante y Peregrina, y asistamos virtualmente a la Santa Misa, junto a Jesús en su Calvario, con profunda fe y recogimiento.


Elevemos a Dios nuestras oraciones y peticiones personales, también por las de nuestros familiares, amigos y el mundo entero.


Igualmente, pidamos perdón por nuestros pecados, procuremos la conversión de nuestras vidas, busquemos a Dios a través del Sacramento de la Reconciliación "Penitencia o Confesión", y recibamos la gracia de su perdón y su amoroso abrazo de Padre, que recibe a sus hijos pródigos que regresan a Él, ÚNICO PADRE que sí nos ama verdaderamente.


Recordemos lo más sublime: recibir en estado de gracia al Señor Dios en su Presencia Real, en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía (Hostia Consagrada), en la totalidad de su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, en el santísimo sacrificio incongruento, como memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.









Dios nos colme de abundantes bendiciones a todos, la Santísima Virgen María interceda por nosotros, y San José, protector de la Iglesia Católica Universal, defienda a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas del demonio y de todos sus enemigos, además de toda adversidad.


Muchas gracias a todos ustedes por su gentil atención.

 

Fuente - Texto de la Comunión Espiritual tomada de ACIPRENSA.COM:
https://www.aciprensa.com/recursos/comunion-espiritual-682