sábado, 14 de febrero de 2026

Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo 5, 17-37

 



17. No penséis que Yo he venido a destruir la doctrina de la ley ni de los profetas: no he venido a destruirla, sino a darle su cumplimiento.

18. Que con toda verdad os digo que antes faltarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse perfectamente cuanto contiene la ley, hasta una sola jota o ápice de ella.

19. Y así, el que violare uno de estos mandamientos, por mínimos que parezcan, y enseñare a los hombres a hacer lo mismo, será tenido por el más pequeño, esto es, por nulo, en el reino de los cielos; pero el que los guardare y enseñare, ése será tenido por grande en el reino de los cielos.




20. Porque Yo os digo que si vuestra justicia no es más llena y mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

21. Habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No matarás; y que quien matare será condenado a muerte en juicio.




22. Yo os digo más: quien quiera que tome ojeriza con su hermano, merecerá que el juez le condene. Y el que le llamare raca, merecerá que le condene el concilio. Mas quien le llamare fatuo, será reo del fuego del infierno.

23. Por tanto, si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas que tu hermano tiene alguna queja contra ti.

24. Deja allí mismo tu ofrenda delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después volverás a presentar tu ofrenda.

25. Componte luego con tu contrario, mientras estás con él todavía en el camino; no sea que te ponga en manos del juez, y el juez te entregue en las del alguacil, y te metan en la cárcel.

26. Asegúrote de cierto que de allí no saldrás hasta que pagues el último maravedí.

27. Habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No cometerás adulterio.







28. Yo os digo más: Cualquiera que mirare a una mujer con mal deseo hacia ella, ya adulteró en su corazón.

29. Que si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecar, sácale y arrójale fuera de ti; pues mejor te está el perder uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.




30. Y si es tu mano derecha la que te sirve de escándalo o incita a pecar, córtala y tírala lejos de ti; pues mejor te está que perezca uno de tus miembros, que no el que vaya todo tu cuerpo al infierno.

31. Hase dicho: Cualquiera que despidiere a su mujer, déle libelo de repudio.

32. Pero Yo os digo, que cualquiera que despidiere a su mujer, si no es por causa de adulterio, la expone a ser adúltera; y el que se casare con la repudiada, es así mismo adúltero.




33. También habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No jurarás en falso, antes bien cumplirás los juramentos hechos al Señor.




34. Yo os digo más: Que de ningún modo juréis, sin justo motivo, ni por el cielo, pues es el trono de Dios.

35. Ni por la tierra, pues es la peana de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad o corte del gran rey.

36. Ni tampoco juraréis por vuestra cabeza, pues no está en vuestra mano el hacer blanco o negro un solo cabello.

37. Sea, pues, vuestro modo de hablar, sí, sí; o no, no: que lo que pasa de esto, de mal principio proviene.


Palabra de Dios,
Gloria a Ti, Señor Jesús

San Claudio de la Colombière - Fiesta Febrero 15

     



En la Iglesia Católica hay 12 santos que se llaman Claudio, y éste es el más moderno. Tiene el honor de haber sido el director espiritual de la propagadora de la Devoción al Sagrado Corazón de JesúsSanta Margarita María Alacoque.

Nació cerca de Lyon, en Francia, en 1641. De familia muy piadosa y acomodada, al principio sentía mucho temor a entrar a una comunidad religiosa. Pero llevado a estudiar a un colegio de los Padres Jesuitas, adquirió un enorme entusiasmo por esta Comunidad y pidió ser admitido como religioso jesuita. Fue admitido y en la ciudad de Avignon hizo su noviciado y en esa misma ciudad dio clases por bastantes años. El año en que fue declarado santo San Francisco de Sales (1665), los superiores encomendaron a Claudio de la Colombière que hiciera el sermón del nuevo santo ante las religiosas Salesas o de la Visitación. Y en aquella ocasión brillaron impresionantemente las cualidades de orador de este joven jesuita, y las religiosas quedaron muy entusiasmadas por seguir escuchando sus palabras.

El Padre Claudio preparaba con mucho esmero cada uno de sus sermones, y los escribía antes de pronunciarlos. No los leía al público, porque la lectura de un sermón le quita muchísima de su vitalidad, pero antes de proclamarlos se esmeraba por ponerlos por escrito. En Avignon, en Inglaterra, y en París impresionó muy provechosamente a los que lo escuchaban predicar. Uno de los más provechosos descubrimientos de su vida fue el de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús, tomado de las revelaciones que recibió Santa Margarita. Cuando Claudio cumplió los 33 años (edad en que murió Cristo) se propuso, después de hacer un mes de Retiros Espirituales, morir al mundo y a sus vanidades y dedicarse totalmente a la oración, a la vida interior, a la predicación y a la enseñanza del catecismo, y a dirigir cuantas más almas pudiera, por el camino de la santificación.




En 1675 el Padre Claudio fue nombrado Superior del Colegio de los Jesuitas en Paray Le Monial, la ciudad donde vivía Santa Margarita. Esta santa se encontraba en un mar de dudas, y no hallaba un director espiritual que lograra comprenderla. Le había contado a un sacerdote las revelaciones y apariciones que le había hecho el Sagrado Corazón de Jesús, pero aquel sacerdote, que sabía poco de mística, le dijo que todo eso eran engaños del demonio. Entonces ella se dedicó a pedirle a Nuestro Señor que le enviara un santo y sabio sacerdote que la comprendiera, y su oración fue escuchada.

Escribe así Santa Margarita:


"El Padre Claudio vino a predicarnos un sermón, y mientras él hablaba oí en mi corazón que Jesucristo me decía:


"He aquí al sacerdote que te he enviado"

Después del sermón fui a confesarme con él, y me trató como si ya estuviera enterado e informado de lo que me estaba sucediendo. En la segunda confesión que hice con él le informé que yo sentía una gran aversión y repugnancia a confesarme, y me dijo que me felicitaba por esto, pues con vencer la tal aversión podía cumplir aquel mandato de Jesús que dice:




"El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo"

 

Este piadoso sacerdote me fue guiando con gran sabiduría, y demostrando un gran respeto por mi alma, me fue diciendo todo lo bueno y lo malo que había en mi corazón, y con sus consejos me consoló muchísimo. Me insistía continuamente que aceptara cada día el que se cumpliera en mí todo lo que la Santa Voluntad de Dios permitiera que me sucediera, y me enseñó a apreciar los dones de Dios y a recibir las comunicaciones divinas con fe y humildad"


 


Claudio no sólo dirigió espiritualmente a la santa que el Sagrado Corazón escogió para hacerle sus revelaciones, sino que dedicó toda su vida restante y sus muchas energías en propagar por todas partes la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Fue enviado el santo sacerdote a Inglaterra, y allí, como predicador de los altos empleados del gobierno, logró muchas conversiones de protestantes hacia el catolicismo. Su tema favorito era la Devoción al Sagrado Corazón.


 


Pero los protestantes, que eran muy poderosos en aquel país, le inventaron toda clase de calumnias y obtuvieron que fuera puesto preso y condenado a muerte. Sólo la intervención del rey Luis XIV de Francia logró que no lo mataran. Pero los meses pasados en la prisión le destruyeron casi por completo su salud. Fue expulsado de Inglaterra a Paray Le Monial, la ciudad desde donde se propagó a todo el mundo la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Santa Margarita le anunció que él moriría en aquella ciudad, y así sucedió el 15 de febrero del año 1682. Santa Margarita recibió una revelación en la cual se le decía que el Padre Claudio estaba ya en el cielo. El Papa Juan Pablo II lo declaró santo en 1992.


Fuente - Texto tomado de EWTN:
https://www.ewtn.com/es/catolicismo/santos/claudio-de-la-colombiere-14818

Estrategia satánica: Que los católicos blasfemen contra Dios y la Virgen María - ¡Nunca lo hagamos!

   


El demonio asecha y persigue insistentemente a la humanidad para que reniegue de Dios y de la Virgen María.




¡Jamás renegaré de mi Padre
ni de mi Madre!


Refieren el Belovacense y Cesáreo que un joven noble, por sus vicios, se vio reducido de rico como lo había dejado su padre, a tanta pobreza que necesitaba mendigar para comer.

Se fue a vivir lejos, donde no fuese conocido para no pasar tanta vergüenza. Por el camino se encontró con un viejo criado de su padre, quien al verlo tan afligido por la pobreza en que había caído le dijo que no perdiese el ánimo, porque él podía ponerlo en relación con un príncipe que lo proveería de todo.

El antiguo sirviente se había convertido en un impío hechicero. Un día tomó consigo al infeliz joven y lo llevó a través de un bosque a la orilla de un lago, donde comenzó a hablar con una persona invisible.




El joven le preguntó con quién hablaba. Le respondió que con el demonio; y al ver el espanto del joven trató de animarlo para que no tuviera miedo. Y continuó hablando con el demonio:


"Señor (le dijo), este joven está reducido a extrema miseria y quiere volver a su antigua posición"

"Cuando quiera obedecerme (respondió el enemigo) le haré más rico que antes, pero en primer lugar tiene que renegar de Dios"




Ante esta propuesta se horrorizó el joven, pero instigado por el maldito brujo lo hizo y renegó de Dios.




"Pero esto no basta (replicó el demonio), es necesario también que reniegue de María, porque Ella es la que nos causa más pérdidas. ¡A cuántos nos los arranca de las manos y los lleva a Dios para salvarlos!"

"¿Que yo reniegue de mi madre? ¡Eso sí que no! (gritó el joven)

"¡Ella es toda mi esperanza! ¡Prefiero andar mendigando toda mi vida!"


Y el joven se alejó apresuradamente de aquel lugar.




A la vuelta acertó a pasar por una iglesia de María. Entró el desconsolado joven y, postrándose ante su imagen, comenzó a llorar amargamente y a pedir a la Santísima Virgen que le obtuviera el perdón de sus pecados.




Y he aquí que María, desde su imagen, se puso a rogar a su Hijo a favor de aquel infeliz.

Jesús le dijo:


"Pero si es un ingrato, Madre mía; ha renegado de Mí"


Mas como María no dejaba de suplicarle, al fin le dijo:




"Madre mía, jamás te he negado nada; sea perdonado ya que Tú me lo pides"


Todo esto lo estaba observando providencialmente el señor que había comprado la hacienda del joven. Y viendo la piedad de María con aquel pecador, y como tenía una hija única se la dio por esposa, haciéndolo heredero de todos sus bienes.

Y así aquel joven recuperó, gracias a María, la gracia de Dios y hasta los bienes temporales.


MI NOTA PERSONAL


Sería una lástima y una vergüenza que todos los católicos que cometemos pecados, pensemos que si ofendemos a Dios... ¿no pasa nada? ... lo mismo ocurre con su Madre, la Virgen María... la ofendemos y... ¿no pasa nada?


¡NO ROTUNDO!


Al contrario, si ofendemos a Dios y a la Virgen María cuando cometemos pecados... podría suceder que no tengamos el TIEMPO suficiente para arrepentirnos, pedir perdón y ser absueltos por Dios... porque podría darse la situación de morir de repente y condenarnos (sin recibir el sacramento de la reconciliación ni la Santa Comunión).

Los católicos NUNCA blasfemamos contra Dios ni contra la Virgen María. Preferimos perder las cosas vanas y pasajeras del mundo entero (así desatemos la furia del demonio, con todas sus huestes infernales), con tal de ganar y salvar nuestras almas, para llegar al Reino del Cielo, y así disfrutar de la compañía en el Paraíso, con nuestro Padre Celestial Dios y todos sus ángeles y santos.


Fuente - Texto tomado del Libro Las Glorias de María - San Alfonso María de Ligorio

3 condiciones de la amistad... los que tienen un amigo de verdad lo saben muy bien

 



Por: Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net 


Aristóteles hablaba, hace ya muchos siglos, de tres condiciones para que exista la amistad.


La primera condición:


Querer el bien del otro, apreciarle por lo que es en sí mismo y desear que sea feliz, que triunfe, que se realice plenamente.

Esto parece algo sencillo, pero no resulta tan fácil. El mismo Aristóteles ponía el ejemplo del vino: un aficionado a los buenos vinos puede “amar” una botella, cuidarla, guardarla en el mejor lugar de la casa. Pero, en el fondo, todo su cariño queda explicado por la sencilla razón de que un día esa botella le podrá dar un gran placer. Ha amado la botella por lo que esperaba a conseguir de ella, no porque ella fuese digna de un amor desinteresado.

En otras palabras, no hay verdadero amor de amistad si éste se funda en el interés (“me puedes ayudar”) o sólo en la búsqueda de una satisfacción egoísta (“me haces sentir cosquillas en la barriga...”).


La segunda condición:


Que el otro quiera mi bien, me ame a mí como yo le amo a él.

Aquí las cosas se ponen más difíciles, pues es posible que yo ame a otro, pero el otro no tenga prácticamente el menor interés por mí. Es algo que ocurre muchas veces en el mundo de los enamorados: Francisco ama apasionadamente a Isabel, pero Isabel se siente como ante un poste de luz cada vez que encuentra o mira a Francisco. La amistad verdadera no puede ser unidireccional: tiene que ir de un lado a otro, y viceversa.


La tercera condición:


Puede parecer banal que haya conocimiento del mutuo afecto, que se sepa por las dos partes que hay amor.

Porque pasa, no sólo en novelas o películas, que un chico ame a una chica, que esa chica ame también al chico, y, sin embargo, por mucho tiempo no se dicen una palabra: les falta el valor para dar el primer paso que permite construir el puente sobre el que pueda pasar la corriente del amor descubierto y correspondido.

Son tres condiciones sencillas, que pueden llevar a preguntarnos: ¿tenemos muchos amigos verdaderos, profundos, incondicionales?

Volvamos a escuchar a Aristóteles. Para él, no es verdadera la amistad basada en el placer, como tampoco lo es la que se construye sobre la utilidad.

Porque, y no hay que ser filósofos para darnos cuenta de ello, el placer cambia como cambia el viento: hoy me produce placer una persona y mañana otra. Por eso fracasan tantos matrimonios y tantas amistades de artificio.

Tampoco hay verdadera amistad en las alianzas que buscan un beneficio mutuo. En este caso sólo habría unión de esfuerzos en tanto en cuanto sirven para los intereses mutuos. Lograda la meta, se rompe el motivo de la aparente amistad, que no era sino una alianza de egoísmos. Luego, cada quien sigue su camino, a no ser que se haya descubierto en la otra parte (en el “socio”) algo nuevo: no sólo me puede ayudar en un trabajo o negocio, sino que es bueno, que vale la pena amarlo por sí mismo.

Lo propio del amor verdadero consiste, por lo tanto, en ir a fondo, al centro del otro. Tiene que saber respetarlo con sus defectos y sus cualidades, apreciarlo por lo que es, aunque los años hayan cambiado el pelo, la piel o la silueta del esposo o de la esposa...

El camino para lograr la verdadera amistad que todos desearíamos es difícil y arduo. Inicia cuando uno deja de ser el centro de su vida y empieza a girar en torno al otro. Cuando uno, como repetía Aristóteles, llega a ser “virtuoso”, bueno, desinteresado, capaz de dejar egoísmos o avaricias para ganar y ser más gracias al amor.

El programa es difícil, pero vale la pena. Los que tienen un amigo de verdad lo saben muy bien. Quizá no son muchos, pero pueden serlo muchos más de los que imaginamos. Basta con que cada día dejemos de pensar en el propio bienestar, en los intereses coyunturales, para empezar a darnos, para amar y dejarse amar. El resto depende del tiempo y de la fidelidad, que es la corona del amor.


Fuente - Texto tomado de ES.CATHOLIC.NET:
http://es.catholic.net/op/articulos/8131/tres-condiciones-de-la-amistad#